Cuando juegan mal…
El fubolista es, sin duda alguna ni capacidad de discutirlo, el gran protagonista de todo el tramado de la fauna balompédica. Amo y Señor de ese tinglado donde hacemos vida común directivos, entrenadores, preparadores físicos, médicos, kinesiólogos, nutricionistas, sicólogos, utileros, transportistas, árbitros, delegados, periodistas, fotógrafos, periodistas, narradores y comentaristas. Eso sin incluir a todos los que trabajan en los estadios en funciones de logística, seguridad, mantenimiento hasta llegar al vendedor de chucherías. Toda una verdadera fauna variopinta y multicolor que se da cita semana tras semana en toda la geografía nacional para ver a los futbolistas correr tras un balón y darle patadas al mismo.
Algunas veces a uno que otro colega también. Todos, absolutamente todos, estamos expuestos a la crítica y a la desaprobación por parte de algún ente, medio o persona natural y jurídica. Nuestras acciones están sometidas a juicio de valores según la actividad que desempeñemos en el circo futbolístico.
En ese reglón, árbitros y directivos se disputan los primeros lugares, con menciones especiales a sus progenitoras que son recordadas constantemente, y en muchos casos, nuestros errores o equivocaciones pueden generar severas amonestaciones y hasta despido inmediato de nuestros cargos. No estoy exagerando. Evalúen y verán que es rigurosamente cierto.
Pero de todo ese listado mencionado en el primer párrafo, ningún actor de esta película tiene la epidermis mas sensible que el protagonista. Contrariamente a lo que sucede en la industria cinematográfica donde es precisamente quien protagoniza el que carga con las críticas primarias, en el fútbol, el futbolista pareciera ser intocable y, válgame Dios, si alguien se atreve a decir que no está haciendo bien su trabajo o que, como mínimo, no le están saliendo las cosas bien.
Inmediatamente se genera una reacción en cadena sobre quienes, precisamente, se nos contrata y se nos paga para evaluar sus acciones en el rectángulo. Se nos demoniza e increpa alegando no tener derecho para cuestionar el mal andar o la poca fortuna de quienes cobran de las mismas, fortunas quiero decir, por jugar. Enrostran a nuestras opiniones el hecho de no haber jugado profesionalmente ese deporte. Yo no se hacer empanadas pero si se cuando están sabrosas.
Por labores profesionales hago seguimiento constante a la prensa internacional, sobre todo a la de países de inmenso arraigo futbolístico, y veo, sin asombrarme ni ruborizarme, como fustigan sin piedad ni distinciones a sus jugadores. Nunca recuerdo haberlos visto reaccionar a las mismas y pareciera que tienen una coraza en su piel. Claros en sus roles donde a unos les pagan por jugar y a otros por analizar y evaluar ese juego. Lo mas reciente fue como vapulearon a Messi, léase bien: A MESSI, por su accionar en la Copa América.
Escribo todo esto con el afán de hacer un llamado a la cordura. En un espectáculo incipiente como el nuestro necesitamos de la suma de valores, intenciones y esfuerzos para tirar este pesado carruaje para la misma dirección. No permitir que el casquillo, la insidia y el oportunismo de quienes disfrutan con las rencillas y enfrentamientos hagan que dos gremios, históricamente aliados, generen fisuras y malos entendidos.
Creánme mis pana futbolistas. Aquí nos acostumbramos a tratarlos con guantes de seda y en ninguna parte de este continente se trata a su gremio con el respeto y consideración que lo hacemos aquí. Ah. Eso si. Cuando jueguen mal, o no les salgan las cosas bien, no pretendan un silencio cómplice. A nosotros nos leen y nos escuchan en todo el país y los lectores y escuchas esperan de nosotros juicios y opiniones profundas y no blandengues. Es una cadena, nosotros un eslabón. Somos simples actores de reparto en una película donde ustedes son protagonistas.
Así pues, a tratar de jugar bien que nosotros nos encargaremos, como es habitual, de magnificar y sobrevalorar todo lo medianamente bueno que hagan en las canchas. Y por favor… Una jugadita linda por el amor de Dios!!!







