El arte de convencer y un legado en entredicho

 

Las siguientes líneas están impregnadas de dudas y de desconocimiento, propias de un proceso caracterizado por el hermetismo. Una columna con más opinión que nunca y barnizada de empirismo. La idea es hablar del ciclo de José Néstor Pekerman y todo lo que representa para Venezuela a nivel de metodología de trabajo, pero, sobre todo, el legado a largo plazo de gestión.

Como el Flautista de Hamelin, todo el mundo del fútbol venezolano está detrás de sus pasos sin chistar. Su currículo embelesaría a cualquiera. Todas las mañanas me pellizco para saber que no es un sueño que Pekerman está acá y luego me meto en Twitter a ver si no lo hemos hartado. Generalizar no es lo correcto, pero la gran mayoría se ha montado en la ola del “Efecto Pekerman”, como parte del pensamiento mágico-religioso que como país nos lleva a buscar un líder mesiánico que resuelva nuestros problemas. En este caso la labor es clasificar al Mundial.

La materia prima ofrecida son pocos jugadores establecidos en las cinco grandes ligas de Europa –ninguno en un club elite–, muchos seducidos por la MLS y una camada subcampeona sub-20 que no ha llenado las excesivas expectativas que se le pusieron. En el caso de la liga de los Estados Unidos la considero un gran plataforma de desarrollo, como ejemplo el caso de Yangel Herrera, pero le falta ese “ojo del tigre que brindan otros torneos”, como escribió Juan Pablo Varsky en Bola VIP. Hasta hace no mucho el elenco con más mundialistas sub-20 era UCV FC, el colista de la Liga FutVe. Yeferson Soteldo y Adalberto Peñaranda no terminan de despegar sus carreras en un destino del Viejo Continente o candidatos de Libertadores, cuando sus rivales más acérrimos en esa Copa del Mundo, Uruguay, tiene tipos como Federico Valverde (Real Madrid) o Nicolás de la Cruz (River Plate, el club americano más europeo).

Luego de largas guerras intestinas que desembocaron en una Junta Normalizadora de la FIFA y dos últimos lugares en Premundiales (Rusia 2018 y Catar 2022), era poco lo que había que ofrecerle a nivel deportivo a Pekerman, por eso lo llamativo de su llegada. Más allá del factor económico, una de las condiciones debió ser plena libertad en sus decisiones. Darle la llave del carro, en eso entra la figura de Pascual Lezcano como manager de las selecciones Venezuela. Un personaje que generó mucha polémica en Colombia, como reseñó Jovan Pulgarin en El Estímulo. Pero por los momentos como la familia Madrigal: “Aquí no se habla de Lezcano, no, no, no”.

Tanto margen de maniobra te permite imponer criterios, que, posiblemente, terminen dando réditos positivos para el país. Su presencia ya convence. Ese saber que en condiciones normales debería estar en una selección de más peso o proyecto con bases más sólidas. Esa necesidad de que sea el Oráculo de Delfos del balompié criollo. La Federación al contratarlo fue la primera en darle aceptar a ese contrato de términos y condiciones, como los que nos aparecen cuando nos afiliamos a una red social. Luego los jugadores entienden que pueden crecer de la mano de su experiencia. Para muchos es el DT de mayor jerarquía que han tenido en sus carreras. La afición ve un sueño cumplido y la prensa saca tajada del boom mediático del argentino.

Pero, ¿y el entrenador venezolano? Esa figura siempre tan vilipendiada. No me refiero a la presencia de venezolanos en los cuerpos técnicos de la Vinotinto. Nada que reprochar a Pekerman, Fernando Batista (en teoría sub-23, aparte de AT de la absoluta), Fabricio Coloccini (sub-20), Damián Ayude (sub-17) o Diego Colotto (coordinador de categorías menores de Venezuela). Es un equipo de trabajo de Don José y tiene que tener a personas de su confianza. Igualmente, mi breve experiencia en el departamento de prensa del Carabobo FC me permitió cubrir Liga FutVe Junior en la capital. Ahí vi a los argentinos y su seguimiento de los partidos, pero también de venezolanos. Criollos de la talla de Pedro Acosta, que preguntaban sobre los esquemas tácticos y otras informaciones de los equipos, con su uniforme institucional de la federación. Sí hay talento humano de la tierra de Bolívar, solo que no está a la vista en redes sociales.

El tema es: ¿cuándo se le consulta al entrenador venezolano? Peseiro tuvo su reunión con los DTs criollos. Tarde, pero la tuvo. Gustavo Alfaro hizo lo propio en Ecuador y en noviembre jugará el Mundial con Ecuador. Aquí se suspendió la norma del juvenil, de la misma forma que llegó: como una imposición. Algo de debate hubo en el país, pero en medio de las crisis de medios de comunicación poco ruido hizo y ya es un tópico en el baúl de los recuerdos, cuando antes de la bandera de los éxitos mundialistas.

Más o menos el mensaje fue: Prefiero trabajar los juveniles en el CNAR (en corto plazo dio resultados en el Maurice Revello) y para generar incordios al quitar jugadores que por norma tienes que poner, erradicó esa obligación, así no desnaturalizo el torneo si te privo de un activo que estabas forzado a colocar en tu once inicial. Para que haya más desarrollo se opta por la Liga FutVe Promesas, que ya hubo una edición de reserva en 2019. Para culminar una Liga FutVe Junior anual, una idea que manejaba José María Morr y se la escuche en una charla para Balonazos. Muy probablemente esta fórmula sirva para que Venezuela retorne a los Mundiales sub-20 y sub-17, aparte de cumplir con lo más importante que es una buena formación. Sin embargo, no se lo explicó a nadie. No hubo la necesidad de convencer a ningún entrenador venezolano, que seguramente con una buena argumentación hubiesen sido los primeros en colaborar.

Los seleccionadores nacionales no cambian el fútbol de los países, sino los equipos que dirigen. Se fue Pekerman de Colombia y no se encontraron. Se fue Marcelo Bielsa y Jorge Sampaoli de Chile, ahora la Roja transita por el desierto. Un poco más de lo mismo con Gerardo Martino en Paraguay y posiblemente en Perú luego de Ricardo Gareca. Si me preguntan estoy montando en el autobús de Pekerman 2026 y “Bocha” 2030. Veo a la vinotinto en esos dos mundiales. Pero, ¿luego qué? La universidad del fútbol prometida por el presidente de la federación es un proyecto costoso y que lleva tiempo. No solo construir la estructura física y digital (para que no todo se centre en Caracas), sino en preparar a los profesores de profesores.

Si ese conocimiento de Pekerman estuviese un poco más abierto a sus pares venezolanos, a esa Liga FutVe que es el gran semillero junto con los hijos de la migración, todos crecerían de la mano. El argentino y su sapiencia tienen todas las herramientas para ser un maestro en el arte de convencer. El entrenador criollo, ávido de información, lo recibirá con las manos abiertas. Esa es la única manera que veo que haya una verdadera transformación en el balompié criollo. Si no será solo una revolución ruidosa, que dejará una borrachera de alegría mundialista, pero que en una década nos sumergirá en la nostalgia. El legado puede ser eterno o como el de Bolivia 1994. La pelota está en el tejado del argentino. En caso que el hijo pródigo de Argentinos Juniors acepte ser un libro abierto, el reto será de los venezolanos de estar a su altura y tener la mejor disposición.