El Clásico del FUTVE se jugó en la cancha pero se sufrió en las gradas del estadio Olímpico

 

Víctor Sánchez Valdivieso @vesanchezv – El primer “Clásico del Fútbol Venezolano” que el Caracas Fútbol Club y el Deportivo Táchira jugaban en la Capital de la República tras la llegada de la pandemia que cambió al mundo y sus habitantes, no era un simple juego entre dos equipos que dilucidaban su liderato e invicto en la UCV, representó también un reto para quienes hacen posible la puesta en escena de un espectáculo de envergadura que involucró a organizadores, clubes, representantes de logística, seguridad y a la fanaticada que regresaba a las gradas del Olímpico, luego de varios meses de soledad, ausencia y distanciamiento.

 

Cualquier adversario de la primera división que le toque enfrentar de visitante a los Rojos del Ávila, siempre encontrará una hinchada compenetrada con sus colores, pero cuando ese rival es el Carrusel Amarillo, toda la pasión se magnifica a la enésima potencia: La energía, los canticos, los gritos, los brincos, los brindis, cualquier efervescencia del fanático caraqueño toman cada rincón de la plaza que une al Estadio Universitario con el Estadio Olímpico que abría sus principales puertas con varias horas de anticipación

 

La hinchada avileña, esa que tiene al león en su escudo de armas, no tiene distingos de raza, clase, ideología, sector o de edad. En el mismo espacio pueden coincidir habitantes de Caricuao como El Paraíso, de Antimano como de San Bernandino, todos coincidían bajo el mismo color sin importar que tan dulce o que tan ardiente era el agua que tomaban, muchos con mascarillas, otros a la intemperie, pero todos confiados en entrar y salir del estadio con la pasión más viva que nunca. Era lo mismo el adolescente con mujer e hijo de meses que daba calor al momento, que el hombre tatuado con el logo del conjunto con más títulos en el fútbol venezolano.

 

 

Contrario a la proporción de representantes del orden público presentes en los partidos de La Vinotinto en la capital, funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana escuchaban silentes las prosas de la fanaticada caraqueña, mientras que un grupo reducido de ellos verificaban con rigor el boleto de acceso, vacunación y los implementos que traían espectadores, representantes y periodistas. Cerca de la entrada, algunos buhoneros esperaban comprar algún boleto disponible y vendible para entrar al primer clásico del futve en 2021, el primero con público desde 2019.

 

Ya dentro del estadio, el bullicio se hizo dueño de la tribuna principal y las gradas celebrando un reencuentro que había tardado casi dos años en repetirse. La tranquilidad se fue dispersando con la algarabía de los fanáticos y el sonido potente de algunos petardos que se escuchaban en los alrededores. La pasión subió de intensidad con las noticias que circulaban sobre la retención de fanáticos aurinegros (Avalancha Sur) que venían a ver al equipo de sus sueños en la capital, situación que motivó que una barra local apareciera y estuviera unos minutos en los espacios físicos reservados para los aficionados esperados que nunca llegaron.

 

Cuando los jugadores del Deportivo Táchira entraron al terreno de juego ucevista para realizar el calentamiento pre-partido, algunos radicales que lamentablemente nunca faltan en estos clásicos lanzaron expresiones altisonantes hacia la plantilla atigrada que no pasaron desapercibidos ni para quienes regresaban al estadio ni para aquellos que asistían por primera vez a un partido del futbol profesional venezolano, ávidos de conocer en carne propia lo que significaba ver en vivo la rivalidad entre avileños y andinos, Todo volvió a la calma con el arribo de los rojos a la cancha capitalina.

 

 

La solemnidad de los actos protocolares del partido más visto del fútbol venezolano – ahora con mayor repercusión ahora en cableras internacionales – tomó otro rumbo al debido cuando el vocalista del grupo musical invitado, Novanout, comenzó a cantar el Himno Nacional perdiéndose en la primera estrofa atribuida a Vicente Salías, esa que se aprende los lunes en la mañana en el colegio, en las actividades públicas y cuando llega un nuevo año al país con la familia. Entre el balbuceo, el silencio y el reintento de entonar las notas, la burla fue sonora entre los fanáticos locales que no pudieron entonar con brío ese estribillo que destaca el “Seguid el ejemplo que Caracas dio”, presente en sus partidos.

 

Desde este domingo, Lio Zamora forma parte del salón de la fama de célebres intérpretes que han protagonizado “blooper” para el recuerdo mediático venezolano cuando se entona mal el solemne “Gloria al Bravo Pueblo”, “Esto no pasaría en San Cristóbal” – dijeron entre la sorpresa y el desagrado muchas voces en la tribuna principal, mientras que el cantante se excusaba del difícil y mediático momento producto por los nervios, mientras interpretaba los temas de su agrupación en el entretiempo del Clásico.

 

Ya con el partido en acción, la hinchada capitalina desplegó sus mejores pancartas, sus mejores voces, sus expresiones de ver jugar y ganar “al más grande” de Venezuela. Sin embargo, la emotividad bajaba de decibeles cuando el Carrusel Amarillo llegaba con peligro en sus contadas ocasiones de ataque o su defensa solventaba con mucho de exigencia las escapadas providenciales de los jugadores del rojo como Samson Akinyoola, Richard Celis u Osei Bonsu. Bajo ese sube y baja de emociones pasaron más setenta y cinco minutos en el engramado ucevista.

 

 

La efusividad de los hinchas avileños alcanzó su mayor rango posible a quince minutos del final del compromiso. Esos petardos que al principio eran distantes, escasos y timoratos al principio del choque, ahora era una expresión multicolor, sonora e intimidante que envolvió todos los espacios del Olímpico. La noche se iluminó con las bengalas que salieron desde todos los accesos de las gradas central e izquierda – la más llena de fanáticos – y el grito de guerra en busca del triunfo era total, una señal de que era el momento de tumbar el férreo muro de contención que habían montado exitosamente los atigrados en ochenta minutos de juego.

 

El contraataque capitalizado por Eduardo Fereira al 81’ con el primer gol del Caracas aumentó aún más los decibeles de la algarabía avileña que veía posible el triunfo ante su acérrimo rival que empero no perdió el orden defensivo que les había dado rédito hasta ese momento del compromiso. El penal cobrado siete minutos después por Richard Celis (88’) si hizo bajar los brazos a los aurinegros que volvían a salir de la capital con una derrota a cuesta, tal como sucedió en la final del Clausura 2019. Los Rojos del Ávila seguían haciendo del Olímpico el fortín indoblegable.

 

Triste epílogo del Clásico

 

Toda la alegría que pudo proporcionar el Clásico, en el triunfo o en la derrota, tanto para los amantes del Futve como a los parciales del Rojo se vio opacado al final del compromiso por la violencia que existió hacia dos hinchas del Deportivo Táchira que fueron agredidos por una turba de desadaptados o el fallecimiento de un fanático que estaba en los alrededores del estadio, ponen en riesgo el espectáculo, la seguridad y la decisión de los potenciales espectadores que se decantan por ir a un partido del futbol en vez de hacerlo para un juego de beisbol o basket profesional.