El día que la Vinotinto bajó a los dioses del Olimpo

Los venezolanos, tan acostumbrados como estamos a remar contracorriente y a masticar derrotas amargas en el camino de las Eliminatorias Sudamericanas, no podemos quejarnos todo el tiempo: hay fechas que no se borran jamás de la memoria colectiva. Este pasado domingo se cumplió un nuevo aniversario de aquella gesta imborrable del 11 de octubre de 2011, una noche mágica en el Estadio José Antonio Anzoátegui de Puerto La Cruz, donde la Vinotinto firmó una de las páginas más gloriosas de su historia: vencer 1-0 a la todopoderosa Argentina en un partido oficial.
No era cualquier Argentina. Llegaba a suelo oriental una selección plagada de estrellas de talla mundial y comandada nada menos que por Lionel Messi, quien por aquel entonces transitaba el tope absoluto de su carrera con el FC Barcelona, ganándolo absolutamente todo. Sin embargo, en esa calurosa noche venezolana, la jerarquía no bastó. La fe, la estrategia y el pundonor criollo terminaron doblando el brazo de un gigante del balompié mundial en una actuación inolvidable para todo el país. Y Ahí estuvimos, modestia aparte, como parte del cuerpo técnico de ese equipo que tuvo buenos lances entre 2010 y 2011 (agregando una soberbia Copa América de Argentina con su cuarto lugar).
La repatriación de Amorebieta
El héroe indiscutible de aquella velada fue “El Vasco” Fernando Amorebieta, el espigado defensor central nacido en Cantaura, pero formado futbolísticamente en España con el Athletic Club de Bilbao. Amorebieta encarnaba esa camada de «importados» o futbolistas de la diáspora que el director técnico César Farías tuvo la visión de rastrear, convencer y repatriar para vestir la camiseta nacional. Transcurría el minuto 61 cuando vino la jugada decisiva. Un tiro de esquina magistralmente cobrado al primer palo por Juan Arango encontró el frentazo certero del «Grillo», imponiéndose por los aires para mandar a guardar la esférica al fondo de la red. El estallido en las tribunas del Puerto La Cruz se escuchó en cada rincón de Venezuela. Farías había planteado un partido de ajedrez perfecto, cerrando espacios, asfixiando la salida del rival y aprovechando al máximo la pelota parada, una de las armas letales de esa Vinotinto.

La batuta inigualable de Arango
Si algo hizo monumental esta victoria fue la capacidad de neutralizar a un Lionel Messi que parecía imbatible en el planeta fútbol. La defensa criolla, en un despliegue de concentración soberbio, logró anular por completo al astro rosarino, dejándolo sin vías de escape ni margen para sus gambetas endiabladas. Messi fue absorbido por la marca escalonada y la intensidad física de un equipo venezolano que jugó con el corazón en la mano durante los 90 minutos. En el medio campo, la batuta y la templanza las puso el gran capitán de siempre: Juan Arango. Con el brazalete bien puesto y esa zurda prodigiosa que deleitó al continente durante años, Arango no solo manejó los tiempos del partido cuando el balón quemaba, sino que contagió la serenidad necesaria para aguantar la embestida albiceleste. Fue el líder indiscutible de una generación que enseñó al país a dejar de lado los complejos y a competir de tú a tú contra los grandes de la Conmebol.
La ilusión renovada rumbo al Mundial
En un país donde los éxitos en el balompié mundial han sido contados y muy sudados, traer a la memoria esta hazaña no es mero ejercicio de nostalgia, sino un recordatorio de lo que somos capaces de lograr cuando hay convicción y trabajo. Aquella victoria nos demostró que la camiseta vinotinto pesa y que los milagros futbolísticos se construyen con táctica, garra y pundonor. Hoy, la historia continúa su curso.
Con Oswaldo Vizcarrondo -otro baluarte defensivo de aquella era gloriosa, y, de esa batalla en particular- sumando su experiencia en los banquillos. y el recambio generacional en marcha, la Selección de Venezuela mantiene intacto el sueño de meterse por primera vez en su historia en una Copa Mundial de la FIFA de mayores. Recordar el frentazo de Amorebieta y la hidalguía de Arango debe servir como la mecha que mantenga encendida la fe de todo un país que sigue esperando ver a su equipo en la máxima cita del fútbol planetario. Aquel 11 de octubre nos demostró que no hay imposible de cara al futuro. ! ¡Veremos!.







