El éxito, entre el caos y proyectos

El camino al éxito suele ser azaroso, a veces caprichoso. No hay una fórmula exacta para ganar. No existe un mapa o GPS que indique la ruta exacta para levantar una copa. El ejemplo está en los finalistas del Mundial. Uno de los procesos más largos del fútbol de élite, como la Francia de Didier Deschamps contra un ciclo que empezó como un interinato, de Lionel Scaloni en Argentina.
El éxito de Francia no necesita muchas vueltas. Un país devoto al Rugby, que desde que Ferdinand Sastre, presidente de la Federación Francesa de Fútbol (FFF), se le ocurrió la idea de crear Clairefontaine, por allá en 1976 –año que el Saint-Étienne pierde la final de la Champions ante el Bayern Múnich, recordada por los palos cuadrados. El éxito de los 80, con el ‘Carré Magique’ (Cuadrado Mágico) y la presencia de Michel Platini no los nubló. El centro de tecnificación se inició en 1982 y se inauguró en 1988. Ahí nació una fábrica de jugadores, con exponentes como Thierry Henry o Kylian Mbappé.
Luego podrán esbozar el argumento con tintes racistas que son todos de África, pero eso es parte de un mundo globalizado y el pasado colonialista de Francia. Ahora Marruecos se nutre de los “europeos” formados en las academias del Viejo Continente y que representan a los “Leones del Atlas”. Claro que la diversidad de orígenes, le da una riqueza en la variedad de biotipos al momento de conformar su plantilla. Pero todo nace de Clairefontaine. Aparte la Ligue 1, muchas veces menospreciada con el argumento de “liga de granjeros” es una de las grandes exportadoras de talentos. Pero a su vez es receptora, no de gratis es la quinta gran competición del balompié europeo.
Su talón de Aquiles ha sido el carácter reactivo de sus jugadores. En Sudáfrica vivieron una guerra civil en el camerino entre los problemas de Nicolas Anelka y Raymond Domenech, quien había llevado al equipo a la final en Berlín cuatro años antes. Como pacificador llegó un líder de la generación campeona del Mundo (1998) y de Europa (2000), Laurent Blanc, pero no pudo tener una actuación destacada en la Euro de Polonia y Ucrania. Ahí se da la llega de Deschamps, capitán de esa camada de oro, a finales de los 90. Con los pergaminos de llevar al Mónaco a una final, ascender a la Serie A a la Juventus y ganar títulos con el Olympique de Marsella –como jugador alcanzó la Champions allí-.
Le tuvieron paciencia al ex mediocentro defensivo. Se quedó en cuartos de final de Brasil 2014, ante Alemania, a la postre campeona. Luego perdió la final en casa de la Eurocopa, a manos de Brasil. La FFF no se desesperó y llegó a la gloria en Rusia 2018 y también la segunda edición de la UEFA Nation League. En el pasado torneo continental se dieron un tortazo, luego de caer ante Suiza. Pero nada desestabilizó su proceso, que en Qatar rompió con la maldición del campeón. Llegó a finales consecutivas, que el último hacerlo fue Brasil (1994-1998-2002) y busca un récord de la Canarinha, repetir título (1958-1962), que lo hicieron con Pelé y Mané Garrincha. Casi nada. La lógica tras un proyecto de tiempo.
Argentina es un verso libre. Desde que falleció Julio Grondona, tras 35 años al frente de la AFA. Uno de los grandes caudillos de la Conmebol. De eso sabemos por estos lares, con Rafael Esquivel. Su salida de un vacío de poder que derivó en el papelón de la elección entre Luis Segura y Macerlo Tinelli, que quedó empatar 38 a 38, cuando solo hubo ¡75 asambleístas! El realismo mágico de Sudamérica. Unos años después la FIFA les impuso un Junta Normalizadora con: Armando Pérez como presidente; Javier Medín, vicepresidente; Carolina Cristinziano, secretaria, y Pablo Toviggino, en la tesorería. Sí, Venezuela no fue la única en la última década con una intervención del ente rector del fútbol mundial. Ojo, también hubo una en Uruguay.
Tras la salida de Alejandro Sabella, llegó Gerardo Martino. Al “Tata” lo consumió el entorno y las dos finales perdidas de Copa América. En el caos llegó Edgardo “Patón” Bauza. Más que apagar el incendio, lo avivó y despertó el miedo de una no clasificación, que no sucedía desde México 1970. Con el consenso de todos arribó Jorge Sampaoli. Una actuación sensacional de Messi en Quito evitó que la sangre llegara al río. Pero en Rusia todo voló por los aires con el entrenador de Casilda. Uno de sus colaboradores tomó las riendas, Lionel Scaloni. El “inexperto”.
Ni Marcelo Gallardo, ni Diego Simeone ni Mauricio ni Pochettino tomaron las riendas de ese barco. Lo hizo uno de los «hijos» de José Néstor Pekerman, campeón de en Malasia 1997. Arropado por otros pupilos destacados de Don José: Pablo Aimar, Walter Samuel, Diego Placente, Roberto Ayala y Javier Mascherano (entrenador de la sub-20). Unos de los múltiples títulos sub-20, otros del Mundial de Alemania 2006.
Luego de miles de críticas, por lo que a todas luces era una gestión improvisada de Claudio Fabián Tapia ¡Dio resultado! El tercer lugar en la Copa América de 2019 fue el inicio. El equipo lo encontró en el cierre de la fase de grupos ante Qatar, con el: Leandro Paredes, Giovani Lo Celso y Rodrigo De Paul. La Vinotinto de Rafael Dudamel no pudo dar el golpe en la mesa ante una Scaloneta aún estaba en etapa embrionaria. Luego rompió una sequía de títulos que databa desde 1993, en el mejor marco: contra Brasil y en el Maracaná. Luego la Finalissima ante Italia, en Wembley. Ahora jugarán una final del Mundial ante Francia. Han ganado dos: 1978 y 1986. Pero han perdido tres: 1930, 1990 y 2014.
En Francia siguieron la lógica de un proyecto para el éxito, Argentina aplicó la Eudomar Santos, en Por estas calles, el famoso “como vaya viniendo, vamos viendo”. No hay camino al éxito fijo. Venezuela inicia un proceso largo con José Pekerman para buscar su primera clasificación, con el plus de un aumento de 16 equipos (de 32 en Qatar a 48 en Estados Unidos, Canadá y México). Pero el fútbol no siempre premia los trabajos bien hechos, aunque son los que más te acercan a cumplir los objetivos. ¿La lección? Hay que auditar los triunfos y derrotas, para hacer un análisis correcto. El resultadismo puede ser un espejismo. Más en Venezuela, donde debemos construir bases sólidas por nuestro rezago con respecto al resto del vecindario de Conmebol.







