El laberinto naranja difuminó a Táchira y bordó una estrella en su escudo

Luis Vílchez / @lvilchez8.- El Deportivo Táchira inició el encuentro con dos llegadas a balón parado, un córner y una falta, ambas antes de los primeros cinco minutos. Los atigrados arrancaron con todo y tomaron la iniciativa con fuerza. Fueron al frente, pero sin saber que se adentraba a un laberinto naranja, que armó Daniel Farías a lo largo del Torneo Normalización de la Liga Futve. Con el ADN andino que caracteriza a los equipos de Juan Domingo Tolisano y que la historia del aurinegro impone, los de San Cristóbal tocaban la pelota, pero los que generaron más peligro fueron del Deportivo La Guaira. ¿El resultado? Un 2-0 claro para los litoralenses.
Desde el arco José Contreras salió con la pelota dominada, pocas veces buscó el juego directo. Táchira elaboró juego con cierta facilidad, hasta que llegó al último tercio de la cancha, donde no le supo conseguir las costuras a una línea de cinco bien planteada. Tampoco le ocasionó problemas a un portero joven, y sujeto de críticas en el pasado, como Carlos Olses, quien tuvo su revancha particular de aquella amarga tarde contra Deportivo Lara en el Clausura 2018.
En el primer tiempo gran parte del juego lo aglutinó Edgar Pérez Greco, un faro en medio de una marea de piernas del Deportivo La Guaira. Pero la lucidez del “Flaco” como la de todo el equipo se apagó con el pasar de los minutos. Charlis Ortiz era una daga que cortaba la respiración de la feligresía aurinegra cada vez que enfilaba al arco rival. El “Tigre” forzó la primera de tres grandes atajadas de Contreras, el mejor de Táchira. Luego casi empuja un centro de Yohan Cumana para abrir el marcador.
Los atigrados recostaron su juego por la derecha e intentaron sacarles provecho a los centros de Pablo Camacho, pero Dulgar Angarita no tuvo su noche más efectiva. Aunque, el delantero tampoco pudo cabecear con comodidad a lo largo del encuentro, por el trabajo de los centrales. En la transmisión televisiva poncharon a Tolisano y se escuchó como pidió encarecidamente que no jugaran en la misma línea sus volantes, ya que cuando la perdía le hacían daño, todo esto acompañado de un gesto con el brazo que marcaba las diagonales de La Guaira en las transiciones. Los naranjas no amasaban mucho la pelota, sino que como un tiburón, olieron sangre en cada recuperación.

En una entrevista al diario español El País, el técnico alemán Ralf Rangnick comentó que más del 30% por ciento de los goles en el fútbol provienen del balón parado. La frase se citó en el podcast de la Cadena Ser, Playfútbol, un día antes de la final. El Mundial de Rusia 2018 se recuerda como la Copa del Mundo de la pelota quieta. Las jugadas ABP (a balón parado) siempre son una buena herramienta para conseguir un gol y en los tiempos que corren son vitales en Europa y aquí. Lo aplicó muchas veces César Farías con la Vinotinto y su hermano (Daniel), pavimentó el camino a su segunda estrella de esa manera.
En un córner botado por Ángelo Peña, el argentino Martín García supo desmarcarse: empezó un poco más adelante, dio unos pasos hacia atrás y luego en el pique desactivó a Pablo Camacho. El sureño conectó el balón en una suerte de palomita dentro del área chica, al minuto 38. Contreras no pudo hacer nada. Solo cuatro minutos el guardameta Guasdualito hizo una de las mejores atajadas del campeonato ante un buen remate de Peña fuera del área. Táchira aún estaba en el partido.
A pocos minutos del final de la primera parte, David Zalzman, de un gran torneo pero que no brilló en la final, dejó mano a mano a Angarita. El atacante tuvo la más clara de Táchira, al tener tiempo de trasladar y escoger dónde definir, pero su remate fue muy ajustado y se topó con el poste izquierdo de Olses. Lo que era un gol de camerino, quedó en un hecho anecdótico. En la segunda parte subió la marea naranja y las ideas aurinegras deambularon sin llegar a buen puerto.
No se le puede reprochar a Tolisano de no buscar el partido, porque agitó la pizarra varias veces. Primero buscó más desequilibrio con la entrada de Jacobo Kouffati por Zalzman y que encarara un Jon Aramburu amonestado, pero a los pocos minutos Farías respondió con el ingreso de José Velásquez. Luego el estratega tachirense pasó a jugar con una línea de tres con la entrada de Juan García por Naicol Contreras. El último intento de inclinar la balanza fue el ingreso del panameño Miguel Carmago, que tenía más de un mes sin jugar (6 de noviembre), tras lesionarse en el clásico moderno ante Caracas.

El estratega oriental respondió con más ladrillos en defensa, pero sin dejar de refrescar el ataque, porque aparte de Velásquez ingresó otro defensor como Jean Fuentes; Williams Lugo, volante mixto; los delanteros Jovanny Bolívar y José Balza. Los litoralenses cada vez más flemáticos buscaron el momento de dar la estocada final, mientras las acciones en el Deportivo Táchira cada vez eran más apresuradas, con pases que llevaban las prisas de los que tienen el reloj como adversario. En ese momento el laberinto se hizo más grande y confuso.
Un zapatazo de Lugo pudo poner punto final al encuentro, pero Contreras mantuvo, una vez más, a los andinos con chances. Pero tanto fue el cántaro a la fuente que al final se rompió. Un pase largo de Bolívar le permitió a Ortiz tener un mano frente a Contreras. El delantero hizo gala de su técnica con el control de pecho y luego la conducción, para definir con la calma que otorgan los almanaques encima. En una segunda parte de mínimos, donde La Guaira se encargó de que no pasaran muchas cosas, lograron bajar una estrella en cielo valenciano y conseguir el ansiado título desde su fundación en 2013.
Los refranes dicen que nadie es profeta en su tierra, por lo cual Táchira seguirá en la búsqueda de una estrella con un entrenador y una directiva de la casa. Los supersticiosos apuntarán a que Carlos Cemeño tocó la copa antes de entrar. La calma debe reinar en San Cristóbal, porque si bien es otra final perdida para Tolisano, significa otra experiencia más en un DT joven que ha mostrado buenas maneras en sus equipos. Pero también deben entender que al frente se encontraba un Daniel Farías, que cada vez hace más méritos para que en un futuro vuelva a vestir de Vinotinto, pero como entrenador principal. Cinco títulos (dos torneos cortos, dos estrellas y una Copa Venezuela) lo avalan como un arquitecto de laberintos, donde el rival es corneado por el Minotauro y los suyos se quedan con el tesoro.







