Ese siglito de ventaja

 

1jaime ricardo primLas simpatiquísimas y talentosas jugadoras mundialistas de nuestra Selección Sub 17 han despertado innumerables sensaciones, casi todas enmarcadas en la admiración y el reconocimiento, más que merecidas por cierto. Han sido catalogadas de heroínas nacionales disparando los niveles de análisis a registros nunca vistos e insospechados, convirtiendo, de paso, en expertos analistas a millones de aficionados de a pie.
Allí no han faltado las comparaciones, odiosas, para caer en el lugar común, pero que desatan diatribas y discusiones de todo calibre que no pueden ser ajenas para ninguno ni pasar inadvertidas para el colectivo futbolístico. Es usual por estos días montar en la misma balanza los logros de nuestros representantes masculinos y femeninos para que, de manera inevitable, nuestros varones salgan acribillados ante la evidente y clara consecución de logros por parte de nuestras victoriosas damiselas. Craso error.
Por mas que la FIFA se empeñe en dar a todas las versiones del fútbol su espacio y reconocimiento, bien sean de playa, sala o femenino; es evidente e inocultable que la versión masculina sigue siendo la vedette del organismo federativo internacional, en especial su categoría de mayores. Todas las demás siguen adjuntando el calificativo de “emergentes” a la hora de ser tomadas en consideración. En muchos países recién comienzan a practicar esas disciplinas mientras que el balompié masculino está rondando un siglo de práctica organizada.
Todavía sentimos el eco aturdidor de la eliminación al Mundial hace unos meses. Estuvimos mas cerca que nunca pero se nos escapó por detalles puntuales. Por estos mismos días nuestros equipos quedaron fuera de la Copa Libertadores mostrando, en el caso del Zamora, estar a la par de sus rivales, por esos mismos detalles puntuales.
Detalles puntuales que tuvieron nuestras adolescentes mundialistas a la hora de llegar a Semifinales en el recién finalizado mundial. Difíciles de describir pero palpables a la hora de definir partidos. Tiene mucho que ver con la mentalidad ganadora, el registro de triunfador, el ADN competitivo. A ver. Repasemos los años de fundación de los grandes equipos de Suramérica y veremos que existen desde los albores del siglo anterior acumulando partidos, campeonatos, sedes propias, estadios propios. Los nuestros son recién fundados, sin recorrido internacional, sin sede y entrenando en donde pueden. Detalles puntuales pues, que aunque se enfrenten once contra once con similitudes de calidad y trabajo, aparecen para definir la paridad.
Las jugadoras femeninas no arrastran ese pesado yunque pues ese siglo de ventaja que le sacaron a nuestros varones no existe en esa versión. En el resto del continente, y del mundo, el fútbol de mujeres está tan recién fundado como aquí y en algunos casos apenas han arrancado. En Argentina, por ejemplo, reciben críticas y descalificativos constantemente pues lo consideran, en algunos casos, mas un pasatiempo que un deporte. Diego Maradona, el rey del exabrupto pero rey en el Olimpo de los dioses argentinos, al ser preguntado acerca del fútbol femenino sentenció lapidario: “Ni es fútbol ni es femenino”. Nuestros astros vinotinto en Europa no cesaron de aupar por todas las redes y medios de comunicación a las chicas mundialistas. Detalles puntuales.

Gardel pregonaba en su tango inmortal que veinte años no es nada. Pero se me antoja que un siglo si es mucho. Ese siglito que nos sacaron de ventaja casi todos nuestros rivales de Confederación pesa y cómo. Que nuestras mujeres tengan triunfos es un buen indicio para que los muchachos recorten distancias y cada vez sufran menos esos “detalles puntuales”.

 

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