¡Explotó la bóveda!

El ruido que venía de la bóveda era una bomba de tiempo. Se dijo que algo olía mal en Dinamarca, en este caso entre Sabana Grande y el CNAR de Margarita, el pasado 13 de diciembre. Las salidas de Daniel Brizuela y Damián Ayude ya indicaban que algo venía mal en la bóveda. Pero en las últimas semanas se escuchó un tic-tac cada vez más estruendoso, hasta que la onda expansiva llegó del diario Olé y se diseminó por las redes sociales. Hasta que se oficializó en un comunicado de la FVF.
¿Qué era la bóveda? Las selecciones nacionales de fútbol campo masculinas bajo el mando de Pascual Lezcano, que inicio una era de hermetismo nunca visto. Pero aún así, nuestro carácter novelesco encontró su cauce como un rio. El país de Kassandra no aguantó hasta el final de las eliminatorias para armar otra novelas, de esas tan habituales desde 2015. Todo lo que podía salir mal, sucedió.
De un lado se alega el incumplimiento de una Federación que dejó ir a Peseiro por deudas. Que la puntualidad en los pagos no es su mayor característica. Eso en lo monetario, porque en lo deportivo se cumplieron los deseos de Pekerman como se pudo. Un torneo reserva y unas categorías menores que se hicieron con prisas y dificultades. Lo lógico en la actual situación país. Una carga que no iban a aguantar los clubes. A los golpes, pero lo pedido por Don José se hizo. Seguramente no de la manera satisfactoria para el DT mundialista.
Por otra parte de se habla de irregularidades administrativa del señor Pascual Lezcano. De gran amigo de Jorge Giménez pasó a ser el enemigo público. No hay ninguna sorpresa en su comportamiento, se sabía toda la caravana de polémicas que lo arrastraban de su ciclo en Colombia. Aquí se parafraseó la pegajosa canción de Encanto de Bruno, con este ex periodista de Olé y agente: “Aquí no se habla de Lezcano, no, no, no”. La Federación con fama de incumplir sus deberes fue señalada de eso y el señor con antecedentes de estar en malas prácticas se le acusó de eso. Todo predecible desde el día uno. Todo filtrado por la prensa, ninguna denuncia formal. Ambos cuidan las formas.
Cuando parecía que se había disipado la neblina de guerra y vendrían tiempos de paz. Aplica de nuevo el refrán africano: “Cuando dos elefantes se pelean quien más sufre es la hierba que pisan”. El fútbol siempre será la hierba. La hoja de ruta estaba clara, aquí no valen golpes de pecho y yo no sabía. Se le entregó las llaves de la casa a Pascual Lezcano, se señaló desde el 10 de enero de 2022. Las sorpresas serían para los muy inocentes o cínicos. La pregunta es, ¿De dónde venimos? Quedamos de últimos en los pasados Premundiales. No tenemos un Juan Arango y las tres Rs (Roberto Rosales, Tomás Rincón y Salomón Rondón) van de salida. El efecto efervescente de los subcampeones del mundo sub-20 se diluyó con malas decisiones de sus jugadores y/o lesiones. Sinceramente no estaba el escenario para tener un Pekerman, por más que el CNAR es un predio que tiene poco que envidiarle a muchos en CONMEBOL, para no ir más lejos, superior a Pinto Durán en Chile.
La manera de traer a Pekerman era por Pascual Lezcano, ya eso era venderle un poco el alma al diablo. Pero más allá de la cifra económica que iba a recibir por su salario, otro aspecto para convencer en una negociación desigual fue darle poderes plenipotenciarios. Era la manera de acortar la brecha entre una selección a la deriva y un entrenador de tales pergaminos. A las polémicas de Colombia se iban a blanquear dándole el cargo de Manager de Selecciones, que se anunció con bombos y platillos en la presentación de Don José, hace menos de dos años. Hay que recordar que las quejas en Colombia es que mandaba mucho y no aparecía en el organigrama, aquí se le dio un cargo. Ni así funcionó la relación, con un señor que puso a su hermano en el cuerpo técnico de la Vintotinto sub-20.
Las formas de obrar de estos cuerpos técnicos argentinos agotaron la paciencia de muchos futboleros y sin muchos complejos aceptaron su salida. Más allá de su hermetismo cáustico y sin sentido, que levanta las mayores asperezas en la prensa, en lo personal soñaba que culminaran su ciclo. Que dejaran un legado, incluso más allá del resultado. Era complicado analizar su ciclo en tanto silencia, mas se intentó con honestidad, coherencia y la paciencia solicitada en la primera rueda de prensa. Pero lo peor es que mi wishful thinking se chocó con la pared de la realidad. Otra vez se fue optimista con una utopía y nos volvimos millonarios en desilusiones.
No sé si King George I estará de duelo, ante la salida de las caras de su gran proyecto, la bandera de su gestión, o aliviado, porque la situación era insostenible. Pero, aquí, y me disculpa lo autorreferencial, pero el 28 agosto se escribió que los argentinos eran los dragones de Giménez, en esta símil con la Casa del Dragón. Aún le queda la carta de conservar a uno de los dragones más interesantes: Fernando “Bocha” Batista. No solo sería un Targaryen, sino que la pelota de los incumplimientos sería de la vereda de al frente. Todo un Lannister, porque ellos “siempre pagan sus deudas”.
Mientras tanto el fanático, famélico de información, son como los Greyjoy: “Lo que está muerto no puede morir”. Acostumbrado ser pobre en un “país rico”, su eterna paradoja, que le ha llevado a tener un cuero en la piel, que hace que las malas noticias resbalen más de lo que hieren. Lo cierto es que aquí tampoco hay que ser naif con análisis maniqueos. No hay buenos ni malos. Si bien todo lo que podía salir mal, sucedió y no sorprende. Hubo fallo de los dos. Eso es innegable. No es un que al pobre señor Pekerman lo timaron y no le cumplieron nada. Pero tampoco que unos jóvenes directivos idealistas y probos descubrieron el Mr Hyde, dentro del doctor Jekyll Lezcano. Con esto quiero decir que si no se dejan las normas claras, se puede repetir esta misma situación, independientemente de si los protagonistas se llamen Giménez o Pekerman.
En un futuro no muy lejano Pekerman dirigirá otra selección –donde tengan el estómago para mirar a otro lado con Pascual Lezcano- o decidirá retirarse tras una carrera laureada, para Lionel Scaloni es “Dios”. Casi nada. Jorge Giménez continuará su gestión hasta 2025, si cumple lo que dijo en la entrevista con Gladys Rodríguez de no reelegirse, sino tiene todo para poder seguir en el cargo. No es una elección popular, sino de las Asociaciones y la mayoría lo apoyan. Capaz un clasificación al Mundial de fútbol playa de Dubai sirva para calmar un poco las aguas.
Lo cierto es que perdió el fútbol. Con otro proyecto que se fue al garete, ni el aumento de cupos en CONMEBOL generan ni frio ni calor. Hace falta “una selección de la gente”, como dijo César Luis Menotti previo al nacimiento de la Scaloneta. Aquí ese vínculo afectivo, que se perdió en 2013 y que solo ha tenido ciertos latidos, casos como la Copa América 2021, solo revivirá con resultados. Como todo, el mejor maquillaje es si la pelotita entra. La magia de este deporte es que se puede hacer todo mal y aún así ganar. Pregúntenle Claudio “Chiqui” Tapia y Noël Le Graët, ambos con varios muertos en el armario y sus selecciones las últimas campeonas del mundo.
En el continente del Realismo Mágico, parece que necesitamos una fantasía para cumplir esa obsesión que nos lacera: ir a un Mundial. O sencillamente esperar que otros cuatro lo hagan peor, que no es tan descabellado en el vecindario CONMEBOL. Toca seguir tarareando a Héctor Lavoe y Willie Colón en “El día de mi suerte”. Algún día le llegara a la Vinotinto.
PD: Igual como buenos expertos en el olvido de nuestra calamidad y alérgicos a la historia, no solo en fútbol sino como nación, en un par de semanas se hablará del Clásico Mundial de Baseball. No habrá pasado nada en el país de lo posible –para lo bueno y lo malo.







