Fichar a un Vicente Rodríguez

Uno de los mejores fichajes de la temporada es Vicente Bautista Rodríguez Cedeño (13/11/1994), pero poco ruido ha hecho y hará hasta que no ruede el balón. Es complicado brillar como un volante de primera línea, ya que se encargan del llamado “trabajo sucio”, que los entrenadores valoran, aunque los hinchas y/o prensa se dejen encandilar por los goles, atajadas, gambetas o despejes en el área. Caracas FC amarró por tres años a uno de los mejores mediocampistas de la Liga Futve y de esto van las líneas de esta columna, más corta de los habituales textos de largo aliento.
El oriundo de San Félix, Bolívar, fue una institución en Monagas. Si bien no siempre tuvo el gran nivel ostentado en 2021, pero es lo normal. La madurez de los mediocampistas llega entre los 26-28 años, en ese periodo juegan sus mejores partidos. Si se sacan anomalías como la de Toni Kroos, la tendencia en el mundo es que a esa edad luzcan los futbolistas que hacen vida en la sala de máquinas. Desde el sub-20, pasando por el filial, logró el ascenso a primera división con los azulgranas y llegó a tocar el cielo con las manos al bordar una estrella en el escudo. Más de ocho años con los Guerreros de Guarapiche.
“Como un jugador dinámico, intenso, que roba balones y puede crear jugadas por mi visión de juego. Soy un chamo tranquilo, pero cuando estoy en la cancha si tengo mucho carácter, mucha entrega como quien se juega la vida en cada pelota”, así definió en la nota de prensa de su presentación en el Rojo. Para ahondar más en el análisis de su juego recomiendo este hilo de Javier Semeler (@JavierSemeler00) y las estadísticas de Big Data de Bryant Márquez (@Bryantmt_).
Pero ¿Por qué se habla tan poco del jugador formado en la Escuela Profesor Antonio Mejía? ¿Es solo por su posición, en donde no marca muchos goles? Las razones son multifactoriales. En un país centralista todo lo que esté lejos de la región central es difícil que tenga amplia difusión. En clave fútbol venezolano, como en cualquier país, si no estás en los dos grandes (Deportivo Táchira o Caracas) para que los reflectores se posen en ti dependes de los highlights en redes sociales.
Podemos seguir argumentando razones en las que encajarían muchos perfiles de jugadores, pero en el caso de Vicente tiene una particularidad: sus características son antagónicas a los cánones del marketing. No tienen un nombre diferente ni un apellido de musiú. Apenas mide 1,77 m y no tiene un físico como el de Adama Traoré o Leon Goretzka (del que nace el meme que relaciona al Bayern Munich con jugadores fornidos). Tampoco tienen un apodo imponente, de esos que son especialistas en crear los narradores argentinos. Es que ni tiene un afro como Marouane Fellaini o un mohicano como Arturo Vidal. Fuera de la cancha no se le conoce una vida nocturna activa como los brasileños, no se graba jugando videojuegos como Sergio “Kun” Agüero, ni se le conoce como un fanático de los libros como Esteban Granero.
No tiene nada para vender, más allá que su juego. Los flashes apuntarán a Edson Castillo y Carlos “Mono” Suárez en el mediocampo avileño, ambos con pasado en selección tanto en categorías menores como en la absoluta, además de experiencias en el fútbol extranjero. Pero si Rodríguez se adapta al ritmo de vida frenético de la capital (más allá de sus bondades reflejadas en mejores servicios públicos y bodegones más grandes) y a la presión de vestir una casaca que tiene el peso de 12 estrellas, su nombre sonará más.
En el mundillo del Twitter avileño se le mencionará con frecuencia. Se le verá con asiduidad por el Zona Futve y programas de radios capitalinos. Pero seguramente el que más lo valorará y apreciará sus funciones será Francesco Stifano. Con el pasar de los meses, capaz, se cuele en los módulos de jugadores del patio de José Néstor Pekerman y nadie tendrá ninguna objeción. Si bien la Liga Futve no es un torneo que se base en venta de camisetas o contratos de patrocinios para firmar jugadores, porque aún tiene que quitarse el velo del anonimato como hizo la Vinotinto, la comunidad que lo sigue, sí. Pasa en Venezuela y en Pekín. El marketing suele ser Alfa y Omega. Ante esa realidad, la contratación de Rodríguez acerca a Caracas a competir por la decimotercera estrella, y al jugador le da la oportunidad de no ser valorado en Maturín, sino convertirse en un nombre propio del balompié criollo, con la única herramienta que tiene: jugar bien. Para algunos será poca cosa, pero en mi equipo siempre estaría feliz de fichar a un Vicente Rodríguez.







