Gladiadores, fantasmas y promesas

 

Las redes sociales cada vez se parecen más al Coliseo Romano, un espectáculo dantesco donde la gente escupe insultos desde su teclado. Ya sea para responder un tuit o comentar una foto en Instagram. No de gratis una referencia del periodismo deportivo, español y mundial, como Santiago Segurola definió a la aplicación del pajarito azul como “un bar de borrachos”. Vivimos cada vez en una sociedad más binaria. No hay matices, solo blanco o negro. El más puro maniqueísmo de buenos contra villanos. Lo que no puedo negar es que sea democrático, porque todo el mundo puede opinar de lo que quiera, incluso una persona que ni ha olido una facultad de Medicina puede ningunear a doctores con postgrados y años de experiencia.

 

En ese rio que cada vez se parece más al Guaire hay que saber manejarse. La razón va, por un lado, pero se vive es en la realidad. Los hechos obligan a las personas a entenderse por ahí. En el caso de los venezolanos impulsados por la caída de los medios tradicionales, aunado a la censura y autocensura. Para los comunicadores es una herramienta potente, solo debes armarte de paciencia y saber surfear esas olas, que en muchas ocasiones son de estiércol.

 

Es un submundo disociado de la calle, porque hay que aclarar que Twitterzuela no es el país, es solo el reflejo de las personas que cada uno sigue. En la mayoría cuentas afines a su forma de pensar y con muchas coincidencias en su sistema de valores y de creencias. Más que buscar la pluralidad, se consigue es la reafirmación de conceptos. Capaz por eso, yo que también sucumbo ante la comodidad de leer tuits de mi agrado y no ver la otra cara de la moneda, no conocía un sector particular del fútbol venezolano. Porque esto no solo pasa en la política. No, no, no. El deporte también aflora las pasiones más desenfrenadas del ser humano. Se piensa con el corazón, antes que con el cerebro.

 

Sí había escuchado de este sector, pero me aferraba a esa frase que popularmente le adjudican a Santo Tomás de Aquino: “Ver para creer”. Este grupo me apareció en una réplica a un tuit de un trabajo que compartí y no es otro más que los detractores de Salomón Rondón. Sí, el tipo que logró hacerse un lugar en Inglaterra en un WBA que verlo jugar era como comerse una sopa de piedras. En ese contexto el oriundo de Catia brilló, como supo hacer en España y en Rusia (en Europa League le hizo un doblete al Inter). Mientras que en Newcastle es ídolo, incluso alabado por Alan Shearer, por antonomasia el goleador de la Premier League. Además de ser el goleador histórico de la Vinotinto.

 

El “Gladiador” se fue a China, pero no salió nunca del radar. Carlos Suárez, periodista de Directv, confirmó que estuvo muy cerca de llegar al Manchester United. Sí, al equipo donde estuvieron Sir Bobby Charlton, Eric Cantona, David Beckham o Cristiano Ronaldo. Al final el club de Salo no quería negociar y era lógico, había pagado 20 millones por él al Newcastle y otros 20 millones al gobierno chino, en un impuesto que el Estado aplica en este tipo de transacciones. Y se rascaron el bolsillo, porque fue pedido expreso de Rafa Benítez, todo un campeón de la Champions League. Al final el que se vistió de rojo fue el nigerino Odion Ighalo, que también jugaba en el gigante asiático.

 

Otro jugador que también fue picoteado por el pajarito azul y señalado por la camarita violeta fue Yangel Herrera. Otro que le apodan “Gladiador”, buen epíteto para luchar contra esos fanáticos que le bajan el pulgar desde las gradas. “¿Cómo va a ir a la MLS? Una liga de jubilados”, “¿Por qué escoge un equipo tan malo como el Huesca?”, “¿Granada? Ese equipo no va a llegar a ningún lado”, “Yangel está para mucho más que un equipito como Valencia”. Y así, como un bucle infinito para infravalorar sus decisiones. Un chamo que puede llegar muy lejos porque combina disciplina con talento. Un mediocampista moderno. Aunque tampoco se hagan ilusiones que va a jugar con Kevin De Bruyne y Rodri a las órdenes de Pep Guardiola. Ni tan calvo, ni con dos pelucas.

 

Ese es el día a día en esa batalla campal que es Twitter e Instagram. A la hora de abrir la cuenta (que no es gratuito, porque pagas vendiéndole tus datos y privacidad para luego revendérselas a otras empresas) deberían incluir un Omeprazol o una espumosa, para hacerlo más llevadero. Aunque no todo es malo, porque días como el miércoles 16 de septiembre se inundan, pero no de excremento, sino de buena vibra. De esa alegría que tanto nos hace falta en 2020. Los sendos triunfos de Estudiantes de Mérida y Caracas fueron un vaso de agua en esta travesía en el desierto.

 

La celebérrima “venezolana”, que es como se le conoce cuando un equipo criollo dilapida sus oportunidades y termina claudicando, estuvo de cuarentena. Los fantasmas de su presencia merodearon en el Metropolitano de Mérida, con un triunfo parcial 0-2 de Alianza Lima. Al final los rojiblancos ganaron con un penal sobre la hora para sellar el 3-2, cuando minutos antes zafaron de una pena máxima en su contra. Atípico para lo que estamos acostumbrados a ver. En el caso de los avileños le empataron dos veces, pero igual también ganaron con 2-3, con la dicha de que el DIM hizo un fuera de juego insólito para evitar el 3-3.

 

Muchas veces nos solemos adjudicar muchas cosas, pero la “venezolana” no es exclusiva de la tierra de Bolívar. Guardiola habló en una conferencia de este fenómeno en el caso de México y se refirió a ella como la “mexicanada”. En España le dicen “pechada”. Lo cierto es que en la “venezolana” está de cuarentena y por favor que alguien le esconda el tapa boca, para ver si no sale más y la alegría se extiende a lo largo de la copa. En el caso de usted, estimado lector, por favor evite salir. Si lo tiene que hacer, no se quite el tapabocas: ni con los vecinos ni en la cola de gasolina. El “quédate en casa” está mal entendido. Ese eslogan no quiere decir que el virus no puede entrar a tu edificio o a tu sector. Cuídate tú y cuida a tus llegados.

 

Aclarado este punto. Las estrellas de Twitter fueron los jóvenes: Edson Rivas (18 años) y Anderson Contreras (19 años), que si viviesen en Estados Unidos no tendrían edad para ingerir alcohol.  Parte de las promesas, que cada vez tienen espacio en nuestro fútbol, ya sea por lo bueno o lo malo. Se le puede adjudicar a la fuga de talento o al efecto positivo que tuvo la norma del juvenil para obligar a los clubes a velar por sus canteras. Sin lugar a dudas tiene parte de responsabilidad la crisis económica y el crecimiento de nuestro balompié, que le dio una plataforma de crecimiento a ese talento que siempre estuvo en nuestras tierras.

 

Por esas mismas redes sociales nos enteramos de que el 14 de octubre volverá a rodar el balón aquí, en un acto que hizo relucir, una vez más, la ausencia de mercadeo en nuestro fútbol (tanto en la Liga Futve como la FVF). Otra oportunidad perdida de captar la atención de nuevos fanáticos y de patrocinantes. Lo que sí es cierto es que lo normal será ver equipos repletos de talentos bisoños, con las ganas de comerse el mundo y de salir al fútbol internacional. Más promesas que nos ilusionan. Unas cumplirán y otras no explotarán, pero nadie nos quite la emoción de ver sangre joven en un torneo, que como dice Daniel Chapela, se ha “uruguayizado”, ergo, retiene poco tiempo su talento. Así que no se extrañe si lee comentarios como: “¡Qué liga tan mala!”. Son las RRSS, donde la crítica destructiva es la bandera. Muchos golpes y pocas propuestas.

 

Juanma Lillo, asistente de Guardiola en el Manchester City, se hizo viral por una frase en su etapa en Atlético Nacional: “El derecho a opinar es respetable, pero no todas las opiniones lo son”. Difiero del español y soy más de la línea de Ilie Oleart (@Ilie_Oleart), fundador de la Media Inglesa, que dice que tanto el derecho a opinar como las opiniones son respetables, lo que se debe valorar es el peso de cada opinión. Vuelvo al ejemplo del principio: la opinión sobre COVID-19 de Fulanito Pérez, abogado, o Perensejo Ramírez, contador, no va a tener más peso que la de un internista o epidemiólogo. Antes de criticar a nuestros jugadores escuchemos a los que saben. Ojo y no me refiero a mí, ni de casualidad. Si no a tipos como Ala Shearer, que algunos goles hizo, y que dice que Rondón es bueno, por algo deber. No de gratis el ex delantero de la selección inglesa tiene una estatua a las afueras del estadio St James’ Park.