Hagamos fútbol, no la guerra

 

“You may say I’m a dreamer. But I’m not the only one. I hope someday you’ll join us. And the world will be as one (Puedes decir que soy un soñador, pero no soy el único. Espero que algún día te nos unas y el mundo será uno solo)”, así cierra Imagine de John Lennon. Para seguir una onda hippie en esta columna, se titula parafraseando ese lema “haz el amor, no la guerra”, que se hizo tan famoso en medios de la protesta en contra del conflicto bélico en Vietnam. Para nosotros los enamorados del fútbol, en especial el nuestro, solo pedimos paz y diálogo. En la convocatoria para este partido clave no hay espacio para el egoísmo.

 

Seguramente mientras escribo este texto o usted, estimado lector, le echa un ojo debe haber un comunicado rondando por las redes sociales, una captura de un chat, un vídeo, un audio, un documento, cualquier cosa. De un bando o de otro. Un palo más para el fútbol que tiene que aprender a ser anti frágil. Un término que no conseguirá en la RAE y que le escuche en una conferencia sobre la economía venezolana, ofrecida por Prodavinci, a Ángel Alayón.

 

El término quiere decir que, si lo frágil se destruye con facilidad, lo robusto aguanta los golpes, bueno lo anti frágil no solo soporta las agresiones, sino que se hace más fuertes después de ellos. Esto deriva de un libro titulado Anti frágil, escrito por Nassim Nicholas Taleb, un filósofo y matemático de origen libanés. El concepto me pareció tan interesante que me gustaría invertir en adquirir ese libro. Pero me pareció vital para nuestro querido y malogrado Futve, que hace parecer a Rocky Balboa un niño de pecho, en comparación con la constante paliza que recibe por la lucha de ambos bandos. Alguien tiene que levantar la bandera blanca entre la Federación Venezolana de Fútbol y los clubes.

 

“No son nada bonitas ni nada chévere (…) Son batallas campantes y sonantes”, declaró Akram Almatni, presidente de la Liga Futve al programa de radio Conexión Goleadora, en donde habló sobre lo “desgastantes” y “hostiles” que han sido las mesas de trabajos. El fútbol no necesita conflictos, sino soluciones. Los jugadores necesitan cobrar y retornar a sus actividades. Hemos visto por redes sociales como la periodista María Márquez (@Mariamqz98) ha ofrecido sus servicios de diseño para ayudar a los jugadores a promover sus emprendimientos. Un bonito gesto, que habla de la actualidad de los futbolistas. Ante la ausencia de respuestas han tenido que reinventarse y esperemos que no consideren colgar las botas de forma prematura.

 

La realidad económica la vivimos y con solo ver las cifras de la última encuesta de la Encuesta de Condiciones de Vida (ENCOVI) 2019-2020. Números que te desgarran el alma como venezolano y que son previos al inicio de la cuarentena. El desempleo que ha generado la pandemia del COVID-19 es un problema mundial y los emprendimientos han aflorado (en este país desde hace varios años por la precarización del empleo formal). Pero ver a tipos con un don que le dio Dios (si es agnóstico o ateo atribúyaselo a la naturaleza), el cual tuvieron que trabajar desde muy jóvenes y con muchos sacrificios para llegar a jugar fútbol profesional no lo puedan ejercer, duele. Hay que ver si es difícil jugar con las manos algún deporte, figúrese con los pies. Un oficio tan efímero, que después de los 30 años ya los periodistas preguntamos: ¿Qué piensa hacer después del retiro? Ver el talento desperdiciarse no puede generar más que impotencia.

 

Pero aquí no hablamos solo de los jugadores de primera o segunda división. Hay que nombrar a todas esas jugadoras que luchan por una igualdad de condiciones y que algún día puedan vivir de esto, como los hombres, pero ven que a pesar de todos los logros con la selección nacional su voz no se escucha. Ni hablar de los salistas, que lograron darnos la mayor alegría pre-confinamiento con ese Mundial de Lituania, pero tienen casi dos años sin liga. El mejor recurso que puede tener cualquier empresa es el capital humano. Desde hace rato la realidad país ha empujado a muchos a cruzar sus fronteras. Ahora hay que ver cómo se les pueden unir jugadores o jugadoras que nada les asegura seguir con su pasión.

 

Ser futbolista no es algo que se apostilla y se lleva en la maleta. Esta guerra lo que puede generar es una migración forzosa de atletas de alto rendimiento a buscar la manera de llevar el pan a la mesa de sus familias. Que un día salgan en NT24, Canal 13, RPP TV o la BBC en un reportaje sobre la vida de exjugador profesional de fútbol que hoy se gana la vida con _____ (rellene el espacio vacío con el oficio que se le venga a la mente). La juventud es un divino tesoro que no vuelve. Solo los acuerdos lograran que no se cometa el pecado de dilapidar todo ese talento y empezar a conjugar los logros dentro de una cancha en subjuntivo. Esto también aplica para los entrenadores, que sin jugadores a que entrenar ni partidos que dirigir, posan su mirada en Maiquetía, lo privilegiados, y el resto en el Puente Simón Bolívar.

 

Ambos bandos tienen que poner de su parte. En esta columna no me verán tomar partido de uno o de otro. Ni hacer maniqueísmo de catalogarlos a unos de “malos” y otros de “buenos”. Eso se lo dejo a las películas de Disney, porque ninguno es un “santo” ni tampoco un “diablo”. Es parte de la dualidad del ser humano y para entenderlo mejor no está de sobra echarle un ojo a un clásico de la literatura como lo es “El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde”.

 

¿Fútbol ya? Ni de casualidad. Tienen que darse las condiciones, por eso el diálogo tiene que ser lo más serio posible. De por sí la decisión depende del Estado y su organismo de salud que se permita la actividad. Más adelante en esta columna hablaremos del Gobierno. Hemos visto cómo en Paraguay tuvieron que reprogramar la jornada o como Uruguay se replantea sus fechas de inicio por un rebrote. Hablamos de los países que mejor han controlado el virus de Sudamérica. En la MLS vimos cómo se tuvieron que bajar del barco FC Dallas y Nashville SC, por múltiples casos, y no participan en el MLS Is Back. Si en paz ya es complicado llegar a una solución, en guerra no se llega ni para la esquina.

 

A todo esto, vuelve a rondar el fantasma de la desafiliación por parte de la FIFA por injerencia gubernamentales, que suena cada vez con más fuerza por las redes sociales. No sería un hecho nuevo para la tierra Bolívar, porque ya los sufrimos y en hasta dos ocasiones: 1973 y 1986. La tensión no estaba así desde 2005, episodio en donde se repite un protagonista: Jesús Berardinelli. Dejaron entrar al lobo a Sabana Grande y tiene intenciones de comerse a Caperucita Roja, la abuelita y al cazador.

 

“FIFA actúa con todos los hierros, no van a mediar palabras”, soltó Berardinelli para Conexión Goleadora. También dejó caer esta frase sobre el resto de Conmebol: “Amigos fuera de la cancha, pero dentro enemigos a muerte”. A más de uno de nuestros vecinos le entrará un alivio si no tiene que elaborar logísticas para Venezuela, un destino que se ha vuelto incómodo para muchos por la poca cantidad de vuelos que hay, los problemas de escasez y otros factores que aumentan sus costos operativos.

 

Si ya esta guerra nos tiene al borde de dejar una cicatriz muy marcada en nuestro fútbol, una desafiliación sería una hecatombe. Una bomba atómica que no dejaría a ningún bando ganador y al lobo con panza vacía. Cuando se piensa mucho en la primer pronombre personal y se olvida del resto de los pronombres, ahí empiezan los problemas. Porque lo que empieza afectando a “ustedes” y “ellos”, a la larga afecta al “nosotros”. En resumen, un juego donde todos pierden tarde o temprano que se llama egoísmo.

 

Se dice que en una guerra lo primero que muere es la verdad. Por eso todos los factores que hacemos partes del Futve debemos caminar con cuidado y remar hacia el mismo lado. Solo juntos se puede superar el coronavirus (una ironía de esas que nos regala la vida, por los médicos recomiendan la distancia social). Sin unidad solo habrá el abismo.

 

Las alegrías estarán encadenadas en videos de Youtube y el futuro quedará despojado de esperanzas mundialistas. Por lo antes presentado, sé que no soy el único que sueña con que hagamos fútbol, no la guerra.