Jorge “Zurdo” Rojas: “Mi siguiente paso será en el banquillo”

Luis Vílchez / @lvilchez8.- En una carta publicada en redes sociales, Jorge Rojas anunció su retiro como jugador. En las mismas redes se abrió el grifo de agradecimientos y elogios. El merideño era el último sobreviviente en las canchas de aquellas cuatro victorias al hilo en 2001, que encendieron la llama del fenómeno social: “Boom Vinotinto”. Su talento no cruzó el charco, pero se paseó por América y dejó huella en Venezuela. El “Zurdo” habló con Balonazos de su carrera y confirmó que su próxima meta es dirigir un equipo.
¿Cómo fue la decisión del retiro? ¿Fue apresurada o tenías bastante tiempo pensándola? Es una decisión que tenía varios meses pensada. La confirmé cuando terminé contrato con Yaracuy FC y sentí que quería cerrar mi carrera para iniciar una nueva etapa. No fue de la noche a la mañana. Estoy satisfecho con mi carrera deportivo de 25 años, que no fueron fáciles y donde viví muchas cosas, tanto en el torneo local como competiciones internacionales. También estuve en la selección nacional. Como todo, hubo derrotas y triunfos.
Pero en el balance hubo más cosas positivas que negativas, por suerte y gracias a Dios pude mantenerme sano. Tengo la satisfacción que me retiro entero, en todos los sentidos. Llegó el momento de cerrar ciclos. Me siento satisfecho de todos los logros que tuve en los equipos que milité y los títulos logrados, que dan tranquilidad.
Se habló muchos de esas segundas juventudes del “Zurdo” Rojas, en especial, en Metropolitanos. ¿Cuál es la clave para tener una carrera tan larga? Son varias, pienso que primero la disciplina. Tantas cosas que tienes que dejar de lado para enfocarte en lo que quieres a nivel profesional en lo deportivo. Luego entregar todo, uno no puede trabajar al 50 por ciento, hay que dar el 100 por ciento en los entrenamientos como si fuese un partido oficial. Eso es lo que aprendí a través de los años y cuando uno lo aplicaba, veía que ese era el camino. Uno lo inculcaba y daba el ejemplo a los compañeros en mis diferentes equipos. Siempre me enfoque en ser el mejor y dar todo para el equipo que defendía.
Ponerle pasión a los entrenamientos y partidos, no me gusta perder. Soy competitivo y se lo transmitía a mis compañeros verbalmente y en la práctica. Ahí pasa la clave de por qué pude perdurar en el tiempo en un alto nivel, que hoy en día es muy exigente. No es fácil ver el futbol mundial y la velocidad que se juega. Hoy el futbol venezolano tiene jugadores muy muy jóvenes.
Cuando comencé era al revés, siempre eran tipos grandes y muy pocos jóvenes en un equipo profesional, pero hoy es totalmente diferente. Hoy la apuesta es por los jóvenes y uno se rodea de todos esos jugadores. Una experiencia que disfrutaba porque confiaban en ti plenamente y creían en las decisiones que tú podías tomar en el juego. Había respeto y te tomaban como ejemplo, eso llena y te da más compromiso para trabajar más fuertes, de demostrarles que tienen que llegar a la edad de uno o superarla.

Muchos jugadores cuando se retiran dicen que quieren ser recordados como un “buen tipo”, más allá de su talento dentro de la cancha. Tú fuiste un gran jugador, pero sembraste mucho cariño en los clubes que pasaste y se ve en los mensajes hacia ti en redes sociales de todos los sectores del fútbol. ¿Qué te genera esa muestra de afecto? Hace que recuerde muchas cosas en los diferentes equipos que estuve. Disfrute esos mensajes, porque es bonito que te recuerden de esa manera. Eso es lo que el jugador siempre necesita, el cariño de su gente y su afición en el equipo que este. Incluso de visitante cuando iba contra un equipo en el que había jugado te demostraban: cariño, respeto y admiración. Uno se lleva ese recuerdo de que se hicieron las cosas bien.
Siempre salí bien de las instituciones, con las puertas abiertas. No fui un tipo problemático, más bien fui de sumar y ser positivo. El fútbol es una rueda y uno tiene que abonar esas actitudes, porque mi vida es el fútbol y seguiré con él hasta donde la vida me dé. Me gustaría que me recuerden como una persona que dio todo en la cancha y los logros están a la vista.
¿Cuándo eras un niño en Mérida soñabas tener una carrera así? Porque en esa época el fútbol venezolano era muy diferente en clubes y en la selección. Fuiste parte de ese cambio de mentalidad… Empecé a los cinco años a jugar cuando mi papá me llevó a una cancha. Uno va creciendo y va visualizándose, en este caso de niño lo primero que quería era estar en la selección del estado Mérida. Entonces trabajé y quise ser el mejor para llegar ahí. Luego de estar ahí, ¿qué quería yo? Estar en la selección nacional, que en esa edad era la sub-15 (…) Luego de estar en la selección, la meta era debutar en el futbol profesional y un año después debuto. Mientras más avanzaba, más me enfocaba en cada objetivo.
Luego vino lo más difícil que es sostenerme en el tiempo. Gracias a la etapa de formación profesional que tuve entrenadores que me apoyaron, que me dejaron jugar y ser creativo. También pude pasar por todas las categorías de selección nacional. Soy el cuarto jugador con más partidos en la Vinotinto. Pude jugar: Libertadores, Copas América, Odesur, Juegos Bolivarianos, Preolímpico y ser medalla de oro en Centroamericanos. Lograr tantas cosas es una satisfacción que le agradezco a Dios y al apoyo de mi familia, que me permitieron tener esa estabilidad como futbolista.
Jorge Valdano dice que la familia es un “cable a tierra” para los futbolistas, ¿consideras que ese fue tu caso y cuánta importancia tuvo en tu carrera? Demasiada, eso es una parte primordial de cualquier deportista. Fue un apoyo incondicional desde niño. De mis padres y abuelos que me llevaban de un lado a otro, que hacían lo imposible por darme un par de zapatos, un pasaje y apoyarme en otras ciudades. Así fue durante formación y el profesional. Luego vino la etapa de mi esposa e hijos que son parte de ese crecimiento. Sumando a todos los componentes de mi familia, me apoyaron donde estuviera jugando y me permitieron poder rendir el máximo.
En retrospectiva, ¿son conscientes de lo que hicieron con el Boom Vinotinto? ¿Lo hablas con excompañeros? Cambiaron la vara de medición, porque fueron ese punto medio entre la cenicienta y en aspirar a jugar un Mundial…Realmente sí, uno madura y se conversa. Cuando uno ve un juego de fútbol se habla del crecimiento de nuestro futbol. Ver que hoy en día un seleccionador de Venezuela pueda escoger un abanico de jugadores que hacen vida a nivel internacional y de paso poder dejar muchos afuera que también están en ese nivel. Hacer una plantilla con puros futbolistas que juegan afuera. Ver todo ese cambio, luego de que nosotros limpiamos todos los obstáculos que nos conseguimos en el camino. Hoy ellos tienen un camino más tranquilo y eso nos da una satisfacción muy grande. Dar ese primer paso nos da una tranquilidad de hacer todo.
¿Qué hicimos? Vivirlo con pasión, con entrega, con pundonor, nos dolía hasta el último minuto lo que hacíamos en el partido y disfrutábamos esas alegrías al máximo. Son cosas que están ahí y que uno quiere que ellos la puedan vivir hoy. Hoy nuestra selección está capacitada para llegar a un Mundial, porque tenemos los jugadores capacitados para eso. Es el camino que vivimos en la era Páez de 2001 a 2007 y previo a Richard el año que estuvo (José) Omar Pastoriza, que en paz descanse. Él fue parte importante de ese inicio, que luego continuo Páez.

Me gusta que nombres a Pastoriza. A veces se desconoce lo hecho por el “Pato” con la Vinotinto. Una figura mediática que ganó Libertadores como entrenador y jugador. Háblanos un poco del aporte del argentino… Sí, él puso la primera piedra en ese año 99-2000 de nuestra selección. Él llegó con un buen verbo, muy sano y muy fresco. Ese fue el inicio, porque hizo que comenzáramos a creer en lo que podías lograr como selección nacional. De competir contra los mejores y quitarnos ese temor o miedos que había, de esa pesadilla que tenía nuestra Vinotinto. Que teniendo muchísimos jugadores buenos e interesantes en cada época no se lograba el objetivo. Él nos hizo entender que teníamos que tener mayor disciplina, que tener mayor entrega por la selección y esa pasión. Ese era el verbo de Pastoriza.
Por su trayectoria y lo que significaba logró que miraran un poco más a Venezuela, que selecciones de otros países jugaran amistosos contra nosotros. Ese cambio de competir contra los mejores más seguido fue el inicio. Muchos jugadores pudimos debutar con él, como un (Juan) Arango, (Alexander) “Pequeño” Rondón, (Miguel) “Miki” Mea Vitali y yo. Debutamos en un mismo partido fue porque él confió en los jóvenes. No pudo terminar como hubiese querido y le dio paso a una nueva etapa con Richard (Páez), que vino con un verbo muy parecido y que tuvo una gran oportunidad que logro incorporar jugadores con más experiencia. Nos entrenó más seguido y fue una de las claves que tuvo Richard, esos módulos que hacíamos muy seguidos mensualmente, que ayudaba a mejorar el funcionamiento y que se creyera más en el proyecto. Así fue como creció la selección para esos logros.
En una entrevista reciente de Fernando Petrocelli a Richard Páez, el estratega comentó que uno de los lunares de su ciclo fue la falta de mesura ante la exposición mediática, hizo mea culpa, habló de jugadores y Federación. Y es que ustedes pasaron prácticamente del anonimato a ser héroes nacionales. ¿Coincides con Páez y cómo vivieron esa etapa? Realmente sí, la fama te llega de repente y a veces hay gente que la puede manejar y otra que no. Coincido con lo que dice Richard (Páez), considero que fue así. Pasamos de un anonimato, porque internamente creíamos en lo que hacíamos, pero a la luz pública nadie creía en nosotros, a ser tan admirados a nivel nacional. Ibas a cualquier sitio y era una locura, ese cariño y admiración. A veces son situaciones que se escapaban y algunas cosas que te desenfocaban, pero como nunca lo habíamos tenido fue difícil. La misma parte de federación se desenfocó en algunas cosas. Tanto fue así que se desenfocó en muchas cosas, porque el “Boom del Vinotinto” nos estaba arropando. Son etapas que la experiencia te enseña a cómo manejarlas. Hoy vemos una selección más estable en ese sentido. Son mediáticos, pero lo saben manejar. Coincido en todo.
Háblanos de tu experiencia en el extranjero, donde estuviste en clubes grandísimos como: Emelec, Atlético Nacional y América de Cali. Estuviste en la MLS, que no es la misma de ahora, pero llegaste con New York Red Bulls. ¿Cuál es tu balance? Te sumo mi paso por Boca Junior a nivel menor, donde tuve la posibilidad de estar en la sub-20 que para ellos es la cuarta división. Esa primera etapa fue muy buena, porque crecí entrenando y jugando en un país como Argentina. Una etapa muy bonita ese año. Mi etapa profesional fue en Emelec, luego de entregar todo y tratar de ser el mejor extranjero del año, estuve cerca de serlo.
De ahí salte a Colombia con Atlético Nacional, que a través de su historia ha sido una institución muy emblemática. Estar en ese equipo es uno de los logros más grande de mi carrera, donde quedé campeón y subcampeón. Luego al América de Cali, otro club emblemático y donde asumí el reto con mucha naturaleza. Luego la MLS que fue bonita, en una liga en crecimiento. Un torneo muy complicado y fuerte. Llegar y a los tres meses estar jugando una final es un logro bonito. Luego disfrute en Venezuela de clubes como Mineros, Caracas, Táchira y Estudiantes, todos emblemáticos. Fue bonito.

¿Sientes que el pasaporte te cerró las puertas de dar el salto a Europa? En esa entrevista que mencioné anteriormente, Páez aseguraba que todos los jugadores de esa camada tenían la capacidad de jugar en el Viejo Continente por lo que habían logrado… Uno coincide en todo lo que dice él. Nosotros teníamos esa etiqueta (negativa) y no era fácil quitársela, más en Sudamérica. Lo pudimos hacer graneadito, pero lo hicimos acá en Sudamérica, donde varios compañeros jugaron en Argentina o Brasil. En Europa, Arango fue uno de nuestros principales representantes. Era una época diferente, pero teníamos el nivel para triunfar allá. No solo hace falta lo deportivo, sino la ayuda de un buen agente y una mejor liga que la que se jugaba en ese momento en Venezuela. Es cuestión de épocas muchos lo lamentan y otros no. De forma graneada pisamos Europa con (Ruberth) Morán, (Miguel Mea Vitali) “Miki” y (Gabriel) Urdaneta.
Estuviste mucho tiempo en el fútbol nacional, ¿cómo viste su evolución y la profesionalización de los clubes? Hoy vemos que hay más jóvenes que gente grande, ahí se ve la evolución de nuestro fútbol. Muchos jugadores jóvenes salen de nuestro país (…) Fuera de la cancha en la parte administrativa felicito a los clubes que lograron su Licencia (de Clubes), como a los que invierten su tiempo en infraestructura, que dará mayor capacidad de crecimiento en la formación del jugador y le da una identidad al jugador, adulto o juvenil. En lo financiero también es una ayuda. De estar en cero pasamos a un porcentaje importante para ser una liga relevante en Sudamérica. Es parte de esta nueva época y que bueno que todos estemos en la misma línea: jugadores, entrenadores y directivos para lograr cosas importantes.
En el final de tu carta de despedida hablas de agradecerle al fútbol desde otra instancia. Vemos a Miguel Mea Vitali y Vicente Suanno como gerentes, mientras otros compañeros ya están dirigiendo. ¿En qué lugar le piensas agradecer al fútbol: desde el banquillo o desde las oficinas? Lo tengo definido. A pesar de que la dos que nombraste las he venido preparando a nivel deportivo como gerencial. Pero hoy va a ser desde el banquillo. Uno como entrenador tiene que tener conocimiento de todos los aspectos de un equipo. Mi siguiente paso será en el banquillo como director técnico, eso es lo que voy a buscar. Espero que se pueda lograr en un futuro cercano.







