La noche que Caracas FC recibió a Boca Juniors en el Olímpico

 

Luis Vílchez / @lvilchez8. El Caracas FC volvió a una fase de grupos de la Conmebol Copa Libertadores con un empate 1-1 ante Boca Juniors, un club que es una marca global. Esa fue lo noticioso el martes 3 de marzo por la noche. Pero ese encuentro y su marco merece que se cuente todo lo que tuvo a su alrededor. Porque no solo fue un partido, porque por todos los ingredientes que tuvo se puede decir que el fútbol no es solo un juego.

 

Desde el sorteo se despertó la ilusión de muchas personas de ver al segundo equipo con más Copas Libertadores (6) y que venía de ser semifinalista en la edición anterior -finalista hace dos. Sí, ese equipo que amargó un Real Madrid repleto de figuras en Japón. El equipo donde jugaron: Antonio Rattin, Diego Armando Maradona, Juan Román Riquelme, Hugo Gatti, Cláudio Caniggia, Gabriel Batistuta, entre otros. Un rival súper atractivo para el aficionado. Y es que si el equipo argentino fuese un imán, tendría más magnetismo que la selección de Bolivia y Trinidad y Tobago o finales ante Táchira y Estudiantes de Mérida, para atraer espectadores.

 

El interés de la feligresía avileña y de los amantes del fútbol era obvio. Pero el horario del partido era una plancha de esas que rompen la tibia y el peroné: 8:30 de la noche un día de semana. El siguiente golpe fue los precios, la más económica costaba cinco dólares, que en otro países es un vuelto para cualquier trabajador, pero en Venezuela se vive otra realidad. Verlo por televisión era una opción más económica y menos riesgosa. Pronosticar una gran asistencia era una osadía, si acaso un gran lote de sureños, que viven su propia crisis económica, pero en pañales comparada con la criolla. Las proyecciones fallaron rotundamente y fue al revés. Como cuando en los telediarios anuncian un chaparrón de agua y termina siendo un día hermoso.

 

 

Desde que se caminaba desde la boca de la estación Ciudad Universitaria, del Metro de Caracas, las personas hablaban de fútbol y no de precios de productos o lo que habían hecho a lo largo del día. Cuadras antes las personas con camisas del Caracas y la Vinotinto se multiplicaban desde dos horas antes del pitazo inicial. Ni la selección nacional con toda sus figuras había logrado esa atmósfera. La seguridad para ingresar al estadio también anticipada la magnitud del evento. Cada persona tuvo que pasar por cacheos rigurosos. Hay matrimonios que se tocan menos, que las revisiones de los efectivos de seguridad. Bolso y billeteras eran inspeccionadas como una escena del crimen, incluso olfateadas.

 

Dentro del estadio la prolijidad en la asignación de los puestos era notoria, nadie se sentaba donde quisiera, sino donde le asignaron. Suena a tontería, pero en el partido ante Trinidad y Tobago más de una persona de prensa se tuvo que mover de su asiento, porque donde los ubicaron estaban vendidos. Pasaron los minutos y solo llegó un grupo de aficionados de Boca, rodeados por una marea de butacas verdes. Parte de la marca de los porteños se fundamente en su hinchada, la celebérrima «12», la misma que cobra varios dólares q los turista para vivir la experiencia de ser un » barra brava» en la Bombonera. Pero en Caracas llevaron más trapos, que personas.

 

En cambio el resto del olímpico se tiñó entre rojo y vinotinto. Los pocos puntos verdes en la gradas, contrastaban con cardúmenes de personas aglutinadas en los vomitorios. El marco era sensacional. En otras latitudes es común encontrarse con estadios repletos, pero en Venezuela es más fácil encontrar asiento en el metro a la hora pico. Si bien la crisis es una de las razones, las causas de que las butacas vacías goleen a las que que tienen un aficionado en la Liga Futve es multifactorial. De entrada ya ganaba enteros para ser un partido recordado.

 

Con el pitazo inicial Caracas no se amilanó ante el peso del escudo rival. Con sus limitaciones, le planteó un buen partido a Boca Juniors y generó la primera del partido en un remate de Bernardo Añor. El chute tenía poco ángulo y menos opciones de ser gol, a menos que hubiese un error de Esteban Andrada. Eso no importa y fue el primer rugido, de varios, de un estadio que jugó su propio partido.

 

El gol de Boca Juniors no apagó el ambiente efervescente que se vivió esa noche. En un tanto donde Sebatián Villa demostró que no es necesario llegar a línea de fondo para generar peligro y Ramón Abila se presentó como uno de los grandes goleadores de continente. Caracas siguió a lo suyo, ante la mirada de más de 15 mil aficionados, que como en los grandes eventos de la modernidad sacaron sus teléfonos inteligentes para grabar y tomar fotos.

 

Más de un teléfono registró el golazo de tiro libre de Robert Hernández. ¿Palo de potero? Sí, pero fue al ángulo. El grito sagrado se debió escuchar hasta en Plaza Venezuela. El gol fue tan bueno, que tuvo doble celebración. La primera con un guiño a Dragón Ball y la segunda con Richard Celis puliéndole las botas al «10» avileño. Y al igual que la acciones de peligro rojas, se aplaudieron las intervenciones del portero Flores, gran artífice del empate. Si bien no fue un triunfo, fue un partido donde se reinvidicó uno de los efectos más bellos del fútbol: ser un espectáculo para desenchufarse del día a día y disfrutar.

 

Si no fuese un deporte de alto riesgo retornar a casa en esas horas, nadie se hubiese disgustado por disfrutar 45 minutos más de partido. El cierre fue vibrante con un remate de Abila que pasó muy cerca y demostró que los avileños ya exorcizaron los fantasmas de las derrotas en el agregado. Incluso al final lo pudieron ganar. En la salida del estadio, el tópico principal era el fútbol. Incluso la calle que da a la Plaza Las Tres Gracia estaba trancada por efectivos policiales. Como los grandes partidos, no empiezan ni terminan con los pitazos del juez, sino fuera del estadio.

 

Muchos criticaron por redes sociales que para el partido fuesen los que nunca van, se puede ver el vaso medio lleno y ver el estadio lleno mantiene viva la esperanza en fútbol nacional, que navega en la peor tormenta de su historia. Por calles como la de El Valle, caminaban, a paso apurado, pero con la cara de satisfacción de haber una noche refrescante y hermosa. Uno de esos partidos, que el tiempo le dará su valor y más de uno recordará.