La Selección Vinotinto encontró una flor en el pantano de la derrota ante Brasil

Luis Vílchez @lvilchez8.- Bajo la lupa de la actualidad, la situación de la selección nacional es dramática. Seis encuentros consecutivos sin conseguir victorias en Premundial, 10 en total si se suman los cuatro de la Copa América, de los cuales ocho fueron derrotas. Lejos queda el triunfo ante Chile, del 17 de noviembre de 2020. El terreno perdido no se iba a retomar contra una Brasil que cada duelo de eliminatoria ha sumado de a tres. Pero si se entiende que es una necedad forzar el juego de la calculadora y se piensa de lleno en el proceso rumbo a 2026, hay una flor que rescatar en el pantano de la desazón, en un cotejo donde el elenco patrio casi tumba a Goliat y se desmoronó los últimos 20 minutos.
La alineación fue una declaración de intenciones de Leo González de apostar por la juventud. En la zaga había tres subcampeones del mundo sub-20: Ronald Hernández, Josua Mejías (debut en la mayor) y Nahuel Ferraresi. Por izquierda estuvo Oscar González, que hizo olvidar que hace dos meses el dilema existencial de la selección era encontrar un lateral izquierdo de garantías, cuando siempre estuvo a la mano. En el arco optó por Joel Graterol, escudero de Wuilker Faríñez en todo el proceso sub-20 y que tuvo acción en los partidos de junio. En el mediocampo el temple de la experiencia lo colocaba Rincón, que tenía más partidos de selección que todos sus compañeros juntos, y a su lado un voluntarioso José “Brujo” Martínez, que mientras pudo se comió la cancha.
En el frente de ataque estuvieron los que “Flinchy”: Adalberto Peñaranda, por izquierda, y Yeferson Soteldo, por el centro y con libertad plena; otros dos héroes de Corea del Sur 2017. Ellos acompañados por Darwin Machis por derecha. En punta Eric Ramírez. Al frente de un Brasil que apostó por jugadores más armadores con un mediocampo conformado por: Lucas Paquetá, Everton Ribeiro, Gerson y, como eje, Fabinho. Arriba en punta los Gabriel (Jesus y Barbosa, mejor conocido como Gabigol). Una dupla de centrales de jerarquía mundial como Thiago Silva y Marquinhos. Los laterales fueron Danilo, por derecha, y Guilherme Arana (campeón olímpico y debutante). En el arco un candado como Alisson.
El discurso de presionar arriba e ir a morder no fue solo un deseo. En los primeros minutos Darwin Marchis robó un balón y conectó con Soteldo para enfilar un ataque. Luego Gerson erró un pase no forzado y hubo otra intentona vinotinto. Todo en medio de triangulaciones, cambios de frente y buenas combinaciones del elenco patrio. Una cara diametralmente opuesta a lo visto en Asunción, aunque a diferencia de Paraguay, Brasil no salió a asfixiar en la presión. Tampoco hubo ese error que dejara al equipo con 10 en los primeros minutos. Aunque el primer remate de la Canarinha fue obra de Gabigol, luego de un pase de Nahuel Ferraresi, que “Brujo” controla mal e inicia un juego asociado del visitante.

Con criterio con la pelota, el gol criollo nace de una apertura por banda de Rincón con Hernández, este habilita a Soteldo en el costado, que con un movimiento se deshizo de la marca de Paquetá y pinchó un centro para Eric Ramírez. El delantero del Dinamo de Kiev aprovechó el resbalón de Fabinho y Marquinhos, para cabecear, sin necesidad de saltar, y batir a Alisson. El segundo tanto Vinotinto en jugada de lo que va de Premundial, desde el que le anotó Salomón Rondón a Chile, en otro centro de Soteldo por la banda derecha. La confianza estaba en la cima del Ávila y la Diosa Fortuna le hacía guiños a la selección. Primero con el de doble resbalón. Luego al 21, cuando Paqueta filtró un pase exquisito a Everton Ribeiro que enfiló solo al área. El remate del hombre del Flamengo fue desviado por Ferraresi, pegó en el poste y el rebote le volvió a caer al central para despejarlo.
El momento de éxtasis fue al minuto 40 cuando Venezuela debió tener la posesión más larga de todo el Premundial, donde el balón pasó por casi todos los efectivos y fue de banda a banda. El tramo final de esa acción fue un centro de Soteldo por derecha, un cabezazo incomodó de Ramírez y un remate sin mucha potencia de Peñaranda. El recorte de video de esa jugada es para repetirlo y tatuarse un: “Sí se puede”. Antes la pelota era cuadrada para la selección, la mejor opción era el pelotazo, que muchas veces terminaba en una posesión rival. Pero ante un Brasil, que en honor a la verdad no tuvo como plan de juego una presión abrasante, el equipo tuvo criterio con el balón. Pero también sin él esférico estuvo correcta, con cortes de Oscar González a Danilo, al 27’; Ferraresi a Gabigol, al 44’; y en el agregado de la primera parte Mejías una barrida a Arana que, lamentablemente, terminó en su lesión.
En el complemento cambió la dinámica. Con Jhon Chancellor se buscaba más salida en largo y no se podía presionar tan arriba, como con Mejías que en conducción rompió línea de presión. Un ejemplo al 34’, cuando traslada casi a la mitad de la cancha y filtra un pase a Peñaranda, que es desviado y termina en córner. Lo que sí daba el central del Brescia era juego aéreo. Al minuto 50 estuvo cerca de marcar de cabeza en un saque de esquina, lo que sería su tercer tanto en este Premundial. Pero los brasileños avisaron que la pelota quieta iba a ser un peligro y al 55’, Rincón tuvo que sacar una in extremis.
También el partido se modificó con los cambios. Los de Venezuela muchos por lesión: Chancellor por Mejías, Edson Castillo por “Brujo” y Junior Moreno por Tomás Rincón. Por decisión técnica los de Sergio Córdova por Darwin Machís y Eduard Bello por Peñaranda. Muchos salieron ostensiblemente molestos, por lo que la gestión de camerino será crucial para levantar cabeza ante Ecuador. Mientras que las modificaciones por Brasil fueron para mover el árbol: Raphina por Everton Ribeiro, que dio dos asistencias; Vinicus Junior por Lucas Paqueta y Antony por Gabriel Jesús. De los armadores al vértigo. Luego retocó la defensa dando entrada en los laterales a Emerson Royal y Alex Sandro, por Danilo y Arana.

Aunque Tite se quitó el saco y se vio molesto como hablaba con su asistente, Cleber Xavier, en ningún momento Venezuela peloteó a Alisson y muchos de los remates eran cómodos para el portero del Liverpool. El tema eran jugadas individuales como las pisadas de balón y algunos tacos, personificados en varias ocasiones por Ronald Hernández. El barinés fue el mejor lateral del encuentro ante un país que tiene como sello de fábrica haber parido a Carlos Alberto, Cafu, Marcelo, Dani Alves, Roberto Carlos, etc. Aunque tampoco Graterol fue sumamente exigido. Aunque en la segunda parte, los pentacampeones del mundo vivieron más en campo rival.
En un córner, al 71, Marquinhos se le escapó a Eric Ramírez, Ferraresi estaba lejos, y Hernández no tuvo nada que hacer cuando el zaguero del PSG le llegó como un tren a cabecear. En su celebración mostró la sonrisa de un tipo que ha jugado decenas de partidos en la Champions y que sabe que en 20 minutos su selección puede hacer uno o más goles. Luego en una contra y una mala basculación, recibe Vinicius solo dentro del área, engancha y desenfundó un remate centrado. Graterol dio rebote (antes de pensar en el Wuilker Faríñez, hay que recordar que su virtud no es blocar), lo cazó Gabigol y González fue al piso, lo que generó un penal. Un González que como capítulo aparte siempre traza el desmarque en ataque parece tener la capa de invisibilidad de Harry Potter, porque nunca lo activan. La pena máxima la canjeó por gol el mismo Gabigol. El tercer tanto fue un festival de toques, que solo tuvo que empujar Antony.
Problemas de concentraciones, modificaciones en el esquema que, por lo menos, no colaboraron, para no decir perjudicaron. La famosa “venezolanada”. Desazón por estar cerca de ganarse el premio gordo y luego quedarse con las manos vacías. De salir a una cita con la reina del baile, a comer pizza recalentada en la casa. Y demás analogías de la emoción absoluta a la caída. Antes los ojos del hoy se dirá “jugamos como nunca y perdimos como siempre”. Pero sin la miopía del resultado de este Premundial, Venezuela, junto a Ecuador-si se saca a los tres campeones del mundo (Brasil, Argentina y Uruguay), son las selecciones con mejor proyección. Pero el futuro para que se transforme en hechos se tiene que trabajar. El árbol puede dar los mejores frutos, pero si no se riega lo único que se comerá será la manzana de la discordia.







