La Selección vinotinto y su larga despedida a Catar 2022 que inicio en septiembre

 

Luis Vílchez @lvilchez8.- En la fiesta de las eliminatorias Conmebol, Venezuela está en su propia hora loca. Pero en vez de hacer el trencito con júbilo mientras escucha “Música Ligera” de Soda Stereo, está triste. Desorientada, como el niño que se le pierde a la mamá en el mercado. En su propio Triángulo de las Bermudas, donde el respeto que ganó en los ciclos de Richard Páez y César Farías es una postal que se ve solo en Youtube. El “Venezuela ya no es el mismo equipo de antes”, un lugar común de los vecinos sudamericanos para hablar del elenco patrio, ya no es veraz. En septiembre la selección fue la única que no sumó. La última derrota 2-1 ante Paraguay inicia una larga despedida hasta que las matemáticas lo confirmen y caiga el último optimista en pie. Un adiós tan extenso como la salida de Reino Unido de la Unión Europea.

 

Mientras –se intenta– arreglar todo el caos institucional, porque FIFA no interviene una federación por ligerezas, la Vinotinto debe buscar, al igual que Marty McFly, volver al futuro, ya que el desorden en los despachos fue DeLorean que la dejó varada en el siglo XX. Esa selección previa al Boom Vinotinto y donde solo la acompañaban el anonimato y la desazón. Ese equipo que revitalizaba a los rivales. Venezuela fue la “vitamina V” para un Eduardo Berizzo que estaba más fuera que dentro de la Albirroja. Y es que, sin un partido muy brillante, Paraguay se hizo con los tres puntos en Asunción (tras dos victorias criollas en los últimos Premundiales allí). Su segunda victoria en el camino a Catar 2022, ambas ante el elenco nacional.

 

No hay un estudio científico que avale esta premisa, pero la anarquía es un imán para los infortunios. A las molestias de Josef Martínez y Mikel Villanueva, se le sumó la noticia del aislamiento de Ronald Hernández y Eric Ramírez, que iban a partir como titulares en el Defensores del Chaco. Otra vez problemas con la Covid-19, luego de que en un verano que se jugó Eurocopa, Copa América y Copa Oro, solo Venezuela y Curazao sufrieron un contagio masivo. Antes de entonar el himno se encajó un gol.

 

La propuesta de Leo González, el que menos culpa tiene de este marasmo, no fue muy distinta. Línea de cuatro con: Alexander González, Jhon Chancellor, Nahuel Ferraresi y Oscar González. Dos volantes de contención: José Martínez y Junior Morenos. Tres volantes creativos: Yeferson Soteldo, Rómulo Otero y Jefferson Savarino, con mucha movilidad e intercambio de posiciones. Un solo delantero con Jan Carlos Hurtado. “Divertirse con responsabilidad”, con la intención de no empotrarse en área propia, pero tampoco ir de forma desbocada a buscar el rival y dejar latifundios a las espaldas de los defensas.

 

 

Todo muy bonito en el papel y en los 30 minutos con 11 jugadores ante Argentina y Perú. Pero no hubo lucidez a la hora de salir, sabrá Dios cuanto influyó fue el desgaste de los partidos o los viajes, pero la falta de trabajo, entrenamientos y amistosos se hizo notoria. Un festival de pérdidas que daban la sensación de que había un paraguayo más en el campo o que Venezuela jugaba con un balón cuadrado. Ni en largo ni en corto. Tramos anticompetitivos. El primero aviso lo dio Héctor David Martínez por izquierda, cuando recibió solo tras una mala basculación. En menos de cinco minutos se repitió esa jugada y el jugador de River Plate (Argentina) sacó un riflazo, en el que, por la distancia y el ángulo, daba la sensación de que Faríñez pudo hacer más. Pero si la jornada empezaba con Wuilker sin el prefijo de “San”, sino en su versión terrenal, la noche iba a ser larga.

 

Pero es que en el país donde todo dicen ser católicas, pero al mismo tiempo se dice “no creo en brujas, pero de que vuelan, vuelan”, el resultado depende más de la fe que del juego. Y sin una versión celestial desde el portero hasta el delantero, lo coherente es perder. La ilusión vio luz cuando a los 15 minutos se juntaron Jefferson Savarino y Yeferson Soteldo, un chispazo de genialidad, que terminó en un remate donde el esférico no tomó la rosca necesaria por parte del zuliano. Un contraste entre la defensa que hace sentir a los aficionados como un faquir y los habilidosos de tres cuartos en adelante que los levantan del sofá. Pero la calamidad se metió, de nuevo, hasta la cocina y le tocó el hombro a la selección: lesión de Savarino.

 

Con el trascurrir de los minutos, Paraguay quitó el pie del acelerador y Venezuela pudo respirar en salida, amén de los constantes retroceso de Soteldo, que confesó en rueda de prensa que fue una iniciativa propia y desde el cuerpo técnico se le pidió que fuera más paciente en el complemento. Con un poco más de comunión con el balón, se le vieron maneras a Hurtado, que al final del partido hizo amonestar a los centrales de Paraguay, y casi fuerza un error de Anthony Silva en salida. Otra grata noticia fue Eduard Bello, de gran presente en Chile, que estrelló un balón al poste luego de una jugada en la que combinó potencia y calidad técnica. Con el palo del arco de la selección paraguaya que aún temblaba, terminó la primera parte.

 

La esperanza de sostener el desempeño se esfumó rápido. En abrir y cerrar de ojos, Ángel Romero filtró un balón globeado al “Kaku”. Alejandro Romero Gamarra le ganó la espalda a Ferraresi, que calculó mal, y como pudo batió a Faríñez. Lo que le faltaba a un partido para el olvido, una desatención del mejor central. La Albirroja volvió a asfixiar en salida e hizo parecer más efectiva a una escopeta de feria, que a los pases de la Vinotinto.

 

Otra vez bajaron las revoluciones y González respondió con 4-4-2, al darle ingreso Josef Martínez para que acompañara a Hurtado, mientras que sus escoltas eran Soteldo y Bello. Pero hasta el delantero del Atlanta United se le vio en zona 1 para pedir balones y ayudar en la salida, pero tampoco estaba exento de cometer fallos. En este desorden destacaba “Brujo” Martínez que no se le amilanó a Oscar “Tacuara” Cardozo y su despliegue físico era lo suficientemente impactante, para hacer olvidar que la única razón por la que el zuliana trabaja horas extras: no hay funcionamiento. El éxito del ex Zulia fue tapar las vergüenzas de un equipo desnudo. Un mérito individual y que llena de orgullo al aficionado, pero que preocupa en lo colectivo.

 

El colmo del infortunio fue el cabezazo de Hurtado, a centro de Oscar González, que se estrelló en Bello. Hechos que daban para grabar una versión de “Los osos de la mala suerte” de fútbol en Asunción. Más allá del debut de Freddy “Pico” Vargas y un remate a la desesperada de Roberto Rosales, la nota alta de septiembre sacó la cara: Soteldo. El portugueseño por sus irreverencia, talento y capacidad se puede independizar del (o falta de) contexto. Otra noticia que se le mete el bisturí claramente no denota un funcionamiento correcto en lo coral. Pero en su individualismo, justificado por el desconcierto, sacó una falta en el costado, que el mismo cobró. En el segundo piso de la cancha encontró Jhon Chancellor, que la cruzó de buena forma.

 

Solo cinco goles han marcado la selección nacional en el Premundial. Cuatro de ellos derivaron de jugadas ABP. Dos de ellos los anotó Chancellor, un central que no es titular si todas las piezas están disponibles. Así es muy difícil que un equipo gane y vuelva guardar en el baúl del olvido eterno el traje de “Cenicienta”, que ya no solo se le quitó el polvo, sino que está planchado y en un gancho. La apatía en el aficionado es natural, porque sería la segunda eliminatoria consecutiva en la que la Vinotinto culminaría de colista, desde que se cambió el formato rumbo a Francia 1998. Inédito. Más de un hincha entona el: “Despiértame cuando pase el temblor”.