La Selección Vinotinto y un mal que se hace Centenario

Luis Vílchez / @lvilchez8.- “No hay mal que dure cien años. Ni cuerpo que lo resista”, dice la canción, pero las actuaciones de la Vinotinto en los dos últimos premundiales hacen que la eliminatoria a Brasil parezca que sucedió hace un siglo. Si el camino a Rusia fue vaga por una tundra, la ruta a Catar ha sido peregrinar por el desierto. En el Centenario se escribió otro capítulo más de una historia para el olvido al caer 4-1 ante Uruguay, pero más allá del resultado el inconveniente fueron las formas. Si Venezuela no regalaba una presentación tan gustosa como la del 4-1 a Bolivia, del viernes pasado, desde 2016 (cuando goleó 5-0 a la Verde), tampoco dejaba una actuación tan precaria desde octubre de 2020 contra Colombia, cuando resbaló 3-0. En Barranquilla el partido también duró un tiempo.
La Celeste fue superior de entrada en intensidad, en ritmo, en mentalidad y en fútbol. Antes del minuto ganaba con un gol de Rodrigo Bentancur, que pescó un despeje al medio de Jhon Chancellor a un centro de Edinson Cavani, por la banda izquierda. Tomás Rincón no aparece en la foto y José Martínez llega tarde a la zona de rebote. En el segundo Diego Godín rompió líneas en conducción, se la dejó a Federico Valverde, para atacar el espacio, mientras que “Pajarito” abrió de primera con Facundo Pellistri. El joven ficha del Manchester United y novedad de Diego Alonso, hizo una diagonal que dejó en el camino a: Rincón, Oscar González y Nahuel Ferraresi. Cuando le sale Chancellor, se la cede a Giorgian de Arrascaeta y gol.
Si los dos primeros denotaron pasividad defensiva. El tercero fue la cúspide del letargo. De Arrascaeta recibe en banda (con el control de pecho desactiva a Ronald Hernández), hace la diagonal hacia adentro y conecta con Edinson Cavani, no controla bien y le queda a Luis Suárez. El remate del “Pistolero” rebota en la defensa y le cae a De Arrascaeta, que ante la salida de Wuilker Faríñez logra conectar el balón y le queda globeado a Cavani. El “Matador” con una chilena y en el área chica vacunó. Game over. Todo en 45 minutos.
Más allá de destellos de la combinación entre en González y Soteldo, que en esta ocasión el capitán de Monagas sufrió el partido en exceso, en su actuación más gris en el Premundial, y sin la ayuda de Soteldo en los retrocesos y las ayudas del capitán no llegaron a tiempo. Pérdidas en salida peligrosas del “Brujo” que manchan toda su capacidad física de abarcar mucho campo, con esos defectos en la recepción y/o el pase. Otero brilló en Barinas y en Montevideo también, pero por su ausencia. El equipo no se encontró en la primera parte.

En el complemento la pesadilla siguió con un Pellistri, que no ha podido brillar en Alavés y no pudo salir en el mercado rumbo al Rayo Vallecano, se inventó otro desborde, que terminó en una falta de Ferraresi, que en el VAR se confirmó como penal. Faríñez detuvo muy bien el remate de Suárez, pero por invasión se repitió y en el segundo intentó no falló el delantero del Atlético de Madrid. En la segunda parte con el cambio del 4-2-3-1 al 4-2-2 con Salomón Rondón y Josef Martínez en punta, por las bandas Soteldo y Jhon Murillo. Los sacrificados Otero y Darwin Machís.
El gol llegó con un despeje de cabeza de Ferraresi, en propio campo, luego la peinó Rondón y Martínez le ganó muy bien la posición a José María Giménez para batir la valla uruguaya. El “Gladiador” repitió la fórmula, pero en esta ocasión Jhon Murillo no pudo darle dirección de arco. Al final pudo ser una “manita”, pero Faríñez le detuvo un riflazo a Suárez y luego a quema ropa un chute cruzado a Darwin Núñez en la misma jugada. Una velada dolorosa para los criollos culminó con un show de luces a todo pulmón y “Cielo de un solo color” de NTVG a todo pulmón. Los fantasmas del mote de “Cenicienta” campearon en el campo donde se había enterrado en lo profundo.
Serenidad en el caos
De esta involución en los últimos años son culpables entrenadores, jugadores y directivos, todos con cuotas diferentes de responsabilidad. El más inocente es José Néstor Pékerman que tomó el timón de barco en pleno naufragio. Ni ante Bolivia era para lanzar más cohetes que en un fin de año, más allá de un cambio de mentalidad y la comunión en el camerino. Ni la derrota ante Uruguay era para salir con antorchas y un clásico que nació en la Argentina del corralito: “Que se vayan todos”. Se esperaba que se compitiera en Montevideo y no fue el caso. Es un golpe bajo a la autoestima, pero en el contexto de pensar en 2026 sería una imprudencia encender alguna alarma. Vale la pena leer las declaraciones del argentino recogidas por The Backhand Sports (tbhasports_)
“Las situaciones tan rápidamente son complicadas. Prácticamente el primer remate al arco fue gol y siempre eso deja un poco de nerviosismo, de querer solucionar rápidamente (…) Apenas estamos conociendo a los jugadores. Hay que tener paciencia”, argumentó el DT. También soltó frases como “nos faltó orden y lo pagamos claro” y “hay que construir, hay que trabajar y tener paciencia”. Cuando se apuntó a la figura del lateral izquierdo aseveró: “Me pareció que no era prudente hacer un cambio (Óscar González) porque no siempre lo último que pasa tiene que ver con la jugada”. Con su experiencia, otras palabras para la reflexión: “A veces uno defiende con 10 jugadores en la línea del área, saca un empate y se va contento, pero el futuro no es bueno”.

En otras frases, en esta ocasión recogidas por el periodista Alfredo Coronis, se lee: “Necesitamos mantener el primer equipo y nunca dudamos que teníamos que enfrentar a Uruguay para saber la similitud que podíamos tener con el primer partido. Se habla solo de ganar, cuando en realidad estamos mirando mucho más adelante”. Pékerman concluyó: “Es muy temprano para sacar conclusiones. Los partidos son diferentes. Hay que hacer un análisis cuidadoso y prudente. Para el trabajo futuro van a ser positivas esas conclusiones”.
¿Uruguay hizo el trabajo con un portero casi debutante? Sí, pero Sergio Rochet cumplió. ¿Uruguay hizo el trabajo con una de las mejores duplas de centrales de Sudamérica? Sí, Godín y Giménez con más de 200 partidos de selecciones. ¿Uruguay hizo el trabajo con un central de lateral derecho y otro casi debutante por izquierda? Sí, Ronald Araújo es lo mejor de un Barcelona que intenta levantarse y Mathías Olivera pedía a gritos su llamado. ¿Uruguay hizo el trabajo con el joven Pellistri? Sí, brilló en Peñarol y lo captó el Manchester United (ese club al que sueña ir Soteldo). ¿Vale pena explicar que De Arrascaeta es de los mejores “10” en el continente con Flamengo? ¿Hay que presentar quiénes son Federico Valverde o Rodrigo Bentancur? ¿Ratificar que a Cavani y a Suárez aún le quedan goles?
Las eliminatorias no son solo de apellidos pomposos o de los clubes dónde están esos jugadores, sino Ecuador no fuese tercero y Perú no tendría chances de ir al repechaje. Pero sí pesa, por algo Brasil y Argentina están descolgados. El proyecto Pékerman es rumbo a 2026, por eso el mensaje del argentino es de paciencia. Montevideo confirmó que ese edificio solo está en los planos y falta mucho para levantarlo. ¿Lo positivo? Hay tiempo. En un fútbol venezolano que se ha dado más tiros en el pie, que disparos hay en una película de Rambo, el colmo del auto-saboteo sería no darle chance al argentino. Podrá funcionar o no, pero sino se espera que la semilla germine, este ouroboros de lamentos durará hasta el fin de los tiempos.







