La sospecha de La Guaira

 

1areadepeligro 110pxTodo éxito en Venezuela es sospechoso. Un corredor de autos me comentó en una oportunidad, con cierta desazón, que cada vez que ganaba una válida en nuestro país, entraba en el terreno de las suspicacias. Las victorias no suponían exaltar las virtudes del campeón, sino en buscar los indicios negativos, la posible trampa, que había urdido el piloto y sus mecánicos para montarse en el podio.

En contraposición, hablaba de su experiencia en Argentina, dónde la aureola del triunfador generaba de inmediato un sentimiento automático de adhesión y hasta idolatría. Desde sus rivales, los organizadores y, lo más importante, los aficionados, reconocían la gesta épica del corredor y le dispensaban toda serie de elogios. Una admiración reconfortante, un estímulo que compensaba el loable esfuerzo del piloto y su gente.
Somos una sospecha de país en todos los aspectos. En esa pérdida de valores, arreciada en los últimos tiempos, nadie entiende cómo el vecino que se metió a político y que hasta ayer andaba a pie ahora se compró un avión. Igual, el que vendía plátanos en la avenida o era policía, trocó de repente en prestigioso empresario de bienes raíces y se mudó al Country Club. “Qué querés qué te diga?”, ripostaría un pibe.
El fútbol ahora es más sospechoso que nunca y todo lo que viene ocurriendo desde hace unos días en el cenáculo de la FIFA y su poderosa red, bajo el oscuro manto de la corrupción, le puso la piel finita a todo el mundo. Capítulo Venezuela, donde transitamos el camino incierto de nuestros próximos pasos federativos, un equipo con cuatro días en escena se está robando el show.
“Y cómo la hace, cuál es el negocio”, sonea una melodía salsera. Una pregunta que se hace mucha gente en el país futbolístico y quienes desde otras instancias no alcanzan a comprender este fenómeno.
Las orondas campañas del Deportivo La Guaira, un equipo derivación de aquel efímero engendro caraqueño llamado Real Esppor, tienen soporte en la conjunción de un montón de factores dignos de sospecha. Apareció una casta de jóvenes y ambiciosos dirigentes, espíritu de mecenas, al que le adicionaron una visión innovadora y futurista, para atreverse a apostar por el fútbol venezolano.
Sospechoso el riesgo de meter las manos en el fuego, una hoguera en la que se quemaron las buenas intenciones de unos cuantos que se jugaron el pellejo y salieron calcinados. Sospechoso que confronten una realidad en la que entes públicos, gobernaciones y alcaldías, se jacten de tener entre su patrimonio -ese dinero que no le duele a nadie- la propiedad y manutención de equipos de fútbol dizque profesionales.
Sospechoso que se hayan armado con un cuerpo técnico de comprobadas ejecutorias en un equipo de bajo presupuesto como Trujillanos, siempre protagonista y de buen talante táctico. Leonardo González y Pedro Vera sólo estaban esperando esta gran oportunidad para que sus carreras quedaran fuera de toda sospecha.
Sospechoso que en la confección de la nómina de jugadores Deportivo La Guaira conjuntara elementos dispuestos a hacer una verdadera piña, una familia unida, en la que los resultados felices son el producto de esa sinergia que han sabido generar en torno a los objetivos propuestos. Un equipo liviano y sin egos pero con mucho carácter, eso también es digno de sospecha.
Sospechoso que administrativamente se hayan dado pasos certeros para contar con espacios para trabajar de manera metódica y organizada, invirtiendo importantes recursos en el Complejo La Guacamaya, donde su administración, el primer equipo y sus categorías de base cuentan con todos los recursos para hacer fútbol como mandan los cánones.
Sospechoso que hayan apoderado de un nombre, La Guaira, que representa esa franja maravillosa de nuestro país en la que un día deben encontrar el espacio adecuado para desarrollar su proyecto de sede deportiva, que beneficiará al fútbol del litoral en toda su extensión.
Pero lo que no admite ningún tipo de sospecha es haber encontrado en los factores que hacen parte del universo futbolístico venezolano, GENTE BUENA Y SANA para hacer del Deportivo La Guaira, el equipo de moda. Ahí está la clave.

 

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