La transformación del Monagas SC bajo el mandato de Nicolás Fernández de Caleya

 

Luis Vílchez @lvilchez8.-El regreso del Monagas SC a la primera división parecía efímero tras un Torneo Apertura 2016 con 10 derrotas, cinco empates y cuatro derrotas. Los fantasmas del infierno de la categoría de plata campeaban por Maturín y el resto del estado. Pero en un entorno de inyección de capitales, el capitalino Nicolás Fernández de Caleya apostó por los azulgranas. Los directivos suelen ser la cabeza de turco del balompié nacional, pero hay gestiones de gestiones. En menos de una década, los Guerreros de Guarapiche pasaron a ser el gigante Oriente. Eso se labró en las oficinas.

 

En el balompié criollo son muy manoseados los términos “renacer” y “nueva era”, pero en el caso de Monagas sí tuvo asidero. Pero para construir los cimientos de esta novedosa etapa necesitaban un “arquitecto”. Ahí estuvo el primer acierto de Fernández al contratar a Jhonny Ferreira, curtido en el Caracas FC y con un buen antecedente en Carabobo. El estratega logró salvar la categoría y luego escribió su nombre con letras doradas en Maturín.

 

Lo primero que resalta es el Apertura y la estrella en 2017. De ahí se construyó una base sólida de un equipo que con o sin Ferreira ha logrado tres clasificaciones a Copa Libertadores (2018, 2022 y 2023) y una a Copa Sudamericana (2019). Aparte de un subcampeonato en 2019. El Monagas dejó de ser un equipo con problemas económicos y que no entraba en las quinielas por los títulos, a uno que suele competir en lo más alto.

 

 

Pero, a diferencia de otros directivos, Fernández tuvo una visión más integral y fortaleció las raíces del club. Trabajaron en la captación de talentos para las categorías menores, crearon una nueva Casa Club y también apostaron por un plantel profesional femenino. Hoy las divisiones menores de los azulgranas son un sello de calidad. Nombres como Andrés Romero o David Martínez son muestras de esa aseveración. Otro caso icónico fue en 2019 cuando todas las categorías menores clasificaron a las fases decisivas de la Serie Élite.

 

En medio de la tormenta que fue el COVID-19, tanto en el parón de categorías menores como los embates económicos, el directivo no escatimó en gastos para seguir adelante. ¿El premio? Alzaron de forma consecutiva la Copa Pipo Rossi, en la capital. Con el gasto logístico que significa concentrarse en Caracas, cuando se viene de Maturín. Las bases siguen sólidas, porque en las seis categorías de la Liga Futve Junior están embaladas a la clasificación a la segunda ronda. El gigante de oriente en primera división y en etapas formativas.

 

En un balompié nacional muy presidencialista y guiado por los estados anímicos, Fernández mantuvo la calma tras el fracaso de 2020 y la desazón de perder el boleto a la fase de grupos en 2021, contra un Deportivo La Guaira con muchos juveniles.

 

 

Sensatez en tiempos difíciles 

 

Tras un final de campaña agridulce en 2021, perdiendo el último partido frente a La Guaira y quedándose fuera de la Gran Final, Nicolás Fernández y el cuerpo técnico oriental, trabajaron arduamente para reforzar las bases del plantel con la Fase de Grupos de la Libertadores 2023 entre ceja y ceja. ¿El premió? Amarrar otra clasificación internacional y la posibilidad de luchar por otra estrella en el G4.

 

Solvencia administrativa, ofertas internacionales por futbolistas forjados en las canteras, una estructura que se ve fortalecida con los años, comodidades tanto dentro como fuera del campo, son parte de las bondades que trajo el cambio de mando. Con una visión de un “proyecto monumental” y una inversión consecuente, Fernández es de esos “locos por el fútbol” que deciden apostar por el balompié nacional y transitar un camino de espina para volverlo rentable. En su caso ha tenido y tiene recompensa.