La Vinotinto evidenció lo mucho que hay por mejorar

 

Si el duelo contra Honduras era un banco de pruebas para simular el duelo ante Paraguay en lo que será el inicio de las eliminatorias, el test salió muy mal, y deja una estela de dudas que preocupa. Es muy poco lo que se puede rescatar del cotejo amistoso de la Vinotinto de Noel Sanvicente. Fue el peor partido jugado por Venezuela dentro del proceso que lleva a cabo el seleccionador. El combinado nacional fue de más a menos, con un aceptable mas no brillante primer tiempo, para luego dar paso a una etapa complementaria, donde la Vinotinto quedó en evidencia.

 

El equipo comenzó el desafío exhibiendo algo de lo que mostró en la Copa América, con matices propios de buen manejo, teniendo a Ronald Vargas como el mejor en esa faceta de conducción y generación. Aunque de entrada sorprendió que el capitán Juan Arango comenzara en el banco de suplentes. Fue al menos una selección compacta, que buscó en las sociedades de los que tiene más técnica, la fórmula para llegar al arco de los centroamericanos. Ciertamente el penal fallado por José Salomón Rondón fue un duro golpe, que fue determinante en el desdibujado desempeño del segundo tiempo. El delantero del West Bromwich Albion como luego quedó plasmado, no tuvo su tarde. Fue víctima de esas jornadas, de la que todo atacante pasa y donde nada le sale.

 

Rondón fue parte de un problema que sigue sin solución en la selección, que es la falta de definición. Si bien la Vinotinto no es mezquina en la generación de juego, su efectividad es pobre. Ante los hondureños hubo unas cuantas ocasiones fallidas. El caraqueño tuvo al menos dos ocasiones, aparte del malogrado penal. César González tuvo otra igual de clara y Oswaldo Vizcarrondo un frentazo que no vio puerta. La mala definición sigue siendo un lastre difícil para descifrar. No solo se pierden ocasiones, sino que se siente cuando el rival sí es efectivo. El primer gol de los catrachos fue un duro golpe, por lo inesperado. Y es que el equipo de Jorge Luis Pinto supo dar el zarpazo en el preciso momento. Sin florituras, ni demasiada elaboración, pero sí con orden, Honduras desenmascaró a Venezuela. La dejó en evidencia con una secuela de errores por corregir.

 

La falta de definición y el gol visitante dieron pie al desbarajuste de líneas y a una serie de variantes infectivas. Venezuela nunca encontró la fórmula para enderezar lo que se estaba torciendo. Los cambios no ayudaron en ese propósito. Por el contrario, contribuyeron al caos táctico y al desorden posicional. Quedó claro que Juan Arango no puede jugar como volante de salida. Se pierde lo mejor del mejor de Venezuela. Su puesto es en el frente de ataque, en la generación de juego y no en la contención y salida. No solo se desaprovecha el talento que puede poner en su mejor faceta, sino que se le coloca en una demarcación incómoda para él. No solamente se pierde su aporte ofensivo, sino que se corre el riesgo de provocar fallas ante una función que desconoce.

 

La puesta en escena de tres delanteros fue una respuesta desesperada ante lo que era evidente. Pero ni Venezuela fue más ofensiva ni se jugó mejor con más hombres ofensivos. Por el inverso, se mostró el rostro más irreconocible. No se sabía con claridad a qué se jugaba. Si Miku Fedor era volante o entraba como atacante por el centro. Tampoco qué función posicional cumplía Mario Rondón. El otro Rondón, Salomón, terminó por buscar otros predios, ante la invasión de su propio hábitat. “Maestrico” González contribuyó al desconcierto deambulando por donde sea y como sea, pero sin un criterio de juego. Y eso quizás fue lo peor. Se perdió la noción de lo que se jugaba. No hubo una idea, un concepto de cómo poner en marcha una forma precisa de hacer las cosas. Ni mucho menos automatismos, eso que se logra en entrenamientos con repeticiones y mucho trabajo de balón. Más bien se vio un tumulto y con ello, la anarquía ofensiva. Ese barullo terminó por facilitar la labor para Honduras, que con simpleza táctica, orden y salida rápida, profundizó las carencias venezolanas.

 

Pero el problema no solo fue innegable en el ataque. En la defensa, el equipo manifestó falencias imperdonables, y que en las eliminatorias podrán ser muy costosas. La falta de intensidad propicia a que los elementos sean espectadores de las jugadas y no partícipes. Todos los defensores requieren entrar en la dinámica para defender- No en pocas ocasiones, la entrega fue errónea, lo que tomó fuera de posición al fondo. La timidez inicial de Honduras, la maceró luego ante las ventajas de un mal repliegue y una reacción lenta, como ocurrió en el segundo gol de los centroamericanos. Román Castillo supo anticiparse a Andrés Túñez que no tuvo respuesta ante la prontitud del visitante.

 

Lo visto en Puerto Ordaz, en el penúltimo examen deja ciertamente una enorme preocupación de lo que es hoy la Vinotinto. Queda manifiesto que hay mucho por mejorar en todas las líneas. Lo primero es entender que el ataque es un problema estructural de fondo. Que el equipo no encuentra la forma para encausar las oportunidades en goles. Requiere fórmulas para fomentar asociaciones en el ataque. La generación de los espacios y la intensidad son fundamentales sea cual fuere la idea de juego que se quiera. Encontrar el compañero idóneo para Rondón es una necesidad. La proyección de los laterales es fundamental para ampliar las opciones ofensivas. Si no se suman al ataque, si no se desdoblan, éste luce chato y predecible. Juan Arango debe ser aprovechado en la posición de siempre y que cualquier intento de desubicarlo lejos del arco contrario, es un desperdicio y una afrenta a su talento. Hay que ver qué pueden aportar Jefrén Suárez, Juan Falcón y Cristian Santos. Son alternativas importantes que deben gozar de confianza para ver hasta qué tanto pueden rendir para la causa. También esperar que Rómulo Otero se recupere, puesto que pareciera ser vital para todo lo que viene. Que la defensa no sea tan vulnerable cuando se le aprieta. Debe ser lo suficientemente sólida para que no flaquee cuanto se le presiona. Honduras llegó tres veces y las tres fueron capitalizadas.

 

Muy seguramente ante Panamá, la selección debe mejorar. Está en la obligación de mostrar un rostro distinto, que devuelva certezas y convicción. Que procure entender que es de local donde se va a lograr una potencial clasificación para Rusia 2018. El tiempo de los ensayos acaba y llega el de las definiciones. Llega el momento buscar remedios acertados ante tanto desatino e invento. La causa de la Vinotinto así lo exige.