La Vinotinto no potenció el buen presente de sus piezas

Luis Vílchez / @lvilchez8.- El pasado trae recuerdo y el futuro es una promesa, pero dentro de un campo de fútbol lo que importa es el presente. El balompié es de momentos y la actualidad de muchas de sus piezas es para frotarse las manos. Cuando se ven sus actuaciones en sus respectivos clubes y se le da rienda suelta a la imaginación para pensar –ilusionarse– con que repitan ese mismo desempeño juntos y vestidos de vinotinto, blanco en su defecto. Pero eso no pasó ante Colombia, sino todo lo contrario. En fútbol no siempre dos más dos da igual cuatro.
En el caso Jan Carlos Hurtado la diferencia con Boca Juniors y la Vinotinto no fue mucha, porque el delantero no se ha asentado y el esquema lo obliga a estar casi siempre de espaldas al arco. Se le piden goles, pero serán de taco, porque son contadas las ocasiones que pisa área o que el meta rival le ve el rostro. El detalle es que en la selección encontrara la calma que no ha tenido en Buenos Aires, pero por la dinámica del partido más bien la ansiedad por marcar es del tamaño de la Bombonera.
Hurtado era uno de los pocos casos que buscaban reencontrarse en la selección y no que él le diera forma a la selección. Esa labor caía en la espalda de los Yeferson Soteldo, Jhon Murillo, Juan Pablo Añor, Darwin Machís, Rómulo Otero, Yangel Herrera, Junior Moreno o Jefferson Savarino. Tanto talento auguraba un buen trato del balón, pero en pocas ocasiones el combinado nacional logró sostener el balón en campo rival.
En el primer tiempo el 4-3-3 fue una camisa de fuerza que borró a piezas como Murillo o Añor. El extremo viene de generar tres penales con Tondela y ser uno de los futbolistas con mejor arranque en Portugal. Por su parte, el caraqueño es de los jugadores más destacados de Málaga, donde ha estrellado esféricos al poste y también generado penas máximas. Ambos anónimos en el partido.
Ni Moreno ni Herrera pudieron hacer su fútbol, uno como pieza indiscutible en DC United (Estados Unidos) y el otro abriéndose paso en Granada (España). Ni en el quite ni en salida se vieron cómodos. Incluso Herrera llegó a errar pases impropios de su precisión. Las entradas de Machís, Otero y Savarino dieron otra vitalidad, pero ya la Vinotinto jugaba 4-2-3-1, lo que le permitió sacudirse el dominio cafetero.
El más rebelde fue Yeferson Soteldo, que como extremo por izquierdo o como “10” fue el más incisivo. No era de extrañar, puesto que es un ídolo en Santos (segundo del Brasileirao) y de la mano de Jorge Sampaoli ha crecido en su juego. Sus regates son obras de inspiración para el community mannager del cuadro de Sao Paulo, al momento de hacer vídeos, gift o memes. Pero su aporte no fue ni de casualidad el esperado.
¿Exceso de expectativa? No. Los legionarios son importantes en sus clubes. La cascada de elogios a Machís de periodistas españoles no es de gratis, ni las pasiones que despierta Otero en Belo Horizonte con su pegada. Todo se resume a la idea de juego, más allá de un 4-4-2, 4-3-3, 4-2-3-1 o cualquier otro numerito de teléfono. Incluso, el estratega Rafael Dudamel ha asomado que piensa usar una línea de tres en el fondo. La variedad de esquemas es positiva, pero no sirve de nada cambiar de guarismo sin la ecuación viene dando lo mismo.
Se habla de que el jugador venezolano es vertical y se busca más sostenimiento. Por naturaleza le gusta tenerla, pero el esquema es una invitación descarada a las transiciones rápidas. Más allá de los gustos. Ni se sostiene el balón ni se sale con “efecto ballesta” para pisar el arco rival. En sus clubes tienen la hoja de ruta clara, pero en la selección el mapa está extraviado.
En medio del laberinto solo uno que otro arresto de individualidad los salva de ser embestidos por ese Minotauro llamado incertidumbre. El tiempo dejó ser un aliado y conspira en contra. El Premundial inicia en marzo y solo quedarán, a lo sumo, cuatro amistosos para corregir. La Eliminatoria Sudamericana de por sí es un laberinto lleno de Minotauros, si se trae uno propio el sueño mundialista se vuelve un reto hercúleo.







