La Vinotinto se quedó helada ante la selección de Islandia y mostró todas sus falencias

 

Luis Vílchez @lvilchez8.- Previo al inicio de las eliminatorias sudamericanas la etapa de ensayo y error no traerá grandes consecuencias. Incluso al ser un trabajo de largo plazo (con miras a 2026), el ciclo de José Néstor Pekerman hará probaturas durante el Premundial. El camino señalará lo que se debe profundizar y lo que se debe corregir. La cita contra Islandia es un manual de instrucciones de todo lo que se debe mejorar. En un partido soporífero, la Vinotinto hizo gala de casi todas sus deficiencias. La salud del proceso pasará porque presentaciones así sean más anecdóticas que recurrentes.

 

Ante la lesión de Wuiler Faríñez, en el arco estuvo Joel Graterol que fue poco exigido. La línea de tres defensores se armó de derecha a izquierda con: Josua Mejías, Nahuel Ferraresi y Christian Makoun. Sí, la defensa fue de los subcampeones del mundo sub-20. Los carrileros, por derecha Jhon Murillo y por izquierda Yohan Cumana, que luego salió por lesión y le cedió su lugar Óscar González. El doble cinco fue Tomás Rincón junto Christian Larotonda. Por las alas Jefferson Savarino y Yeferson Soteldo. De punta, Salomón Rondón con la cinta de capitán, a pocas horas del fallecimiento de su padre.

 

En los primeros minutos se vio como Rondón bajaba, incluso como un lateral para defender y Soteldo era el único que quedaba descolgado para un posible contragolpe que nunca se generó. La intención era hacer daño con transiciones rápidas. La presión alta de Venezuela y el poco virtuosismo de la zaga europea permitió las dos ocasiones más claras. La primera a los ocho minutos cuando la jugada pedía pase de Savarino e intentó picarla. La segunda fue un regalo del portero, que el “Gladiador” remató de primera, pero se marchó desviado.

 

Los pelotazos y la velocidad de la selección revelación de la Euro 2016 hacían daño y así llegó la primera amarilla para Josua Mejías. Pero solo el trazo largo hizo que el partido tuviera pulsaciones, porque eran equipos muy estáticos. La función de los carrileros pocos se vio, ya que le costó a Venezuela bascular para hacer el campo ancho. Al 22’, pudieron tocar de izquierda a derecha, para que apareciera Murillo, que filtró a Savarino, lo que derivó en un córner. Ese saque de esquina culminó un remate desviado de Ferraresi en la media luna. Hasta el minuto 36 se tuvo que esperar para ver un cambio de frente de Rincón para dejar con ventaja a Murillo.

 

En un choque donde pasaban pocas cosas, requirió de un Graterol atento al 39’, para corregir un pase atrás como potero-líbero para despejar el peligro. Pero pocas veces el equipo encontró a Soteldo con ventaja, que fue amonestado del partido por reclamar. Rondón pivoteaba, le daba ánimos a Cumana en su lesión y bajaba ayudar en defensa, pero pareció un islote, aislado de todos. El doble cinco muy en la misma línea, poca sorpresa y menos pases filtrados de dos jugadores que cumplieron su función principal de cortar y dar equilibrio, pero acusaron tener que ponerse también el traje de enlace. Los centrales pocas veces rompieron líneas en conducción y en el segundo piso de la cancha, los europeos llevaron la de ganar, cuando el pase iba a un compañero, porque Makoun estuvo muy errático.

 

 

En ese letargo, en el segundo tiempo Salomón Rondón intentó algo diferente con un remate desde la mitad de la cancha. Islandia movió fichas, le dio un leve corrientazo al partido y empezaron a pisar el área. Sin mucha claridad, pero, al 55’, forzaron una barrida salvadora de Makoun. Los remates en la frontal y los desbordes se hicieron frecuentes en los mundialistas, mientras que Venezuela se hundió en las arenas movedizas de un planteamiento que priorizó el orden y control, pero se quedaba cojo al momento de atacar.

 

El factor sorpresa fue José “Brujo” Martínez, que en su dinamismo dio otras variantes. Entró en lugar de Murillo y Venezuela cambió su 3-4-3 (o 5-2-3) por un 4-3-3 con el jugador zuliano como interior por derecha. De lateral derecho quedó Mejías. Primero buscó un pase filtrado de Rondón, al 69’, dentro del área. Luego protagonizó uno de los pocos desbordes de los criollos acompañado por el jugador del Beitar Jerusalén. Luego con el ingreso de Josef Martínez, incluso le filtró un pase que generó el único remate de Venezuela en la caja.

 

Islandia no bajó la guardia y al, 74’, avisó con una opción clara, pero Larotonda llegó puntual para evitar un mano a mano. El ingreso de Erickson Gallardo por su compadre se sintió poco en el encuentro y solo tuvo los reflectores para un infortunio: el extremo de Zamora realizó un penal a cinco de final. Nada que objetar y tampoco poco que hacer para Graterol, experto tapa penales, ante el chute al medio de Ísak Bergmann Jóhannesson.

 

Lo más sencillo es señalar a Gallardo, Savarino, Murillo o Soteldo por su poca incidencia en el juego, pero el equipo nunca los ayudó. Obligados a encarnar a Maradona contra los inglesés, muy difícil que pudieran aportar en un contexto tan hostil para un creativo. El enlace fue Juan Pablo Añor, que entró tarde a un partido donde no pasaba nada y escorado a la izquierda, pero con la libertad de centralizar su posición. La dinámica colectiva y los pocos minutos, sumado a un encuentro friccionado, no permitieron ver casi nada de Juanpi.

 

En el banquillo la toma de la cámara mostraba como Patricio Camps y Fernando “Bocha” Batista se hundían en sus chaquetas de la incomodidad. El gesto de molestia de DT, al lado de ellos, no pasó desapercibido y fue carne de memes: “Pekerman está obstinado”. Más allá del resultado, preocupo la inoperancia de un equipo que afronta su séptimo partido bajo el mando de este cuerpo técnico. ¿Qué faltó rebeldía de los futbolistas? Sí ¿Qué la dinámica del juego demostró que la mayoría no vive su mejor presente? También. Pero desde la dirección de campo no hubo herramientas ni aporte para cambiar la modorra con balón.

 

¿El resultado? En un amistoso pasa a un segundo plano. Lo preocupante, pero tampoco para romper el vidrio y llamar a los bomberos, fue el rendimiento. Un fútbol apático y sin ideas claras. Una neblinosa. Sin salida limpia desde el fondo, más allá de trazos largos sin mecanismo para ganar la segunda pelota, con centrales que no rompieron líneas en conducción. Un mediocentro equilibrado, pero que no se le debe recargar el peso de la creatividad. Carrileros que no se les encontró en amplitud. Extremos sin balones con ventaja para un mano a mano. Un delantero aislado de todos. En resumen, una de las peores presentaciones en la selección en tiempos recientes. Un hecho que no es sencillo, porque Venezuela viene de dos Premundiales que ha quedado colista.

 

Sin lugar a dudas este será el Everest para Pekerman. No solo por clasificar por primera vez a una selección a un Mundial, sino por intentar sembrar en un terreno infértil en el pasado reciente. El argentino no es mago, pero tampoco la materia prima con la que maneja es la de San Marino. Ni tan calvo ni con dos pelucas. Jugadores y cuerpo técnico tendrá que remar bastante, más allá que el vecindario Conmebol vive horas oscuras, cuando se mira más allá de sus campeones del mundo y la ilusionante Ecuador. Detrás de todo una FVF que debe intentar allanar el sendero lo más posible. Esto apenas empieza, pero Venezuela tiene insumos para algo más. El rendimiento helado ante Islandia no solo dolió, sino que peor, aburrió.