Las goleadas previas a Barranquilla

Desde que inició la cuarentena salgo muy poco, a veces exagero. Pero prefiero pecar por exceso, que luego lamentarlo. Es un deber que tengo con mis padres, personas en edad de riesgo y con todos los indicadores de peligro, para que el virus enrede el papagayo. Supermercado y farmacia, no mucho más. Pero a veces hay que hacer otras diligencias, como sondear el apartamento de un tío que se quedó varado en el norte por la pandemia. En esas salidas te das cuenta como en el país el reloj corre para atrás.
En su edificio, que hace muchos años era un sitio muy acomodado del norte de Valencia, solo queda el recuerdo. El estacionamiento es un cementerio de carros y la pintura se cae a pedazos. Todo en la calle parece que tuviera un filtro vintage, todo suspendido en el tiempo. “Venezuela tiene un atraso tan grande, que ver fotos del pasado, parecen el futuro que quisiéramos”, leí en un tuit que resumió el sentimiento.
Entre tanta frustración llegó una pandemia, con una curva de contagios negada a bajar y que puso más cuesta arriba la economía. Mientras que el país mantuvo su rutina de polarización, que como es costumbre entre oficialista y opositores se atomizan en más fracciones. Un auténtico arroz con mango. Lo que une esta nación desde hace más de 20 años y llena de orgullo hasta el emigrante más peleado con su terruño es la Vinotinto.
Antes de cada partido de la selección me contagio del virus del optimismo, no me importa en qué condiciones llegamos ni si al frente está el Brasil del 70. La Vinotinto puede ganarle e incluso pintarle la cara, porque la pasión no entiende de argumentos ni de razones. Pero usualmente la realidad logra asir todos esos sentimientos y los estrella, sin piedad, con el muro de la realidad. La verdad es que la Vinotinto llegaba con varias goleadas, antes de la que recibió en Barranquilla y que no fue amplia porque son colombianos, pero bajo una mentalidad alemana daba para un resultado más propio del béisbol que el del balompié.
La crisis en la Federación Venezolana de Fútbol dejó el saldo de un presidente que falleció bajo la custodia del Estado, con graves acusaciones de corrupción. Ante la imposibilidad de encontrar una solución para llegar a buen puerto a las elecciones del año que viene, tuvo que venir una Junta Normalizadora de la FIFA para poner orden. En lo institucional la goleada estaba consumada, porque los terremotos en las oficinas tienen sus réplicas en la cancha.
Las arcas de la FVF se encuentran golpeadas por la situación país y la incomprensible decisión de no tener un departamento de marketing, que le saque punta a un producto premium como lo es la selección. Los patrocinantes del ente que rige el balompié criollo son todos del sector público o son primos muy cercanos del sector privado. La época en donde aparecían en las tarjetas de teléfono, en el fondo de los helados, en las vallas y en los calendarios es parte del pasado, o mejor dicho del futuro que queremos. Una goleada al bolsillo.
La salida de Rafael Dudamel, que alegó en una entrevista al diario El Espectador dejar un castillo armado con la selección, no fue la más acertada. Si la situación era insostenible entre parte de la directiva y el yaracuyano, el divorcio debió ser antes. Pero lo más sensato era apostar por su continuidad, por más que había quebrado su vínculo con Josef Martínez, una cuota de goles que no es razonable prescindir, el grupo parecía que cerró filas con él; a pesar de que en su despedida pocos los despidieron por RRSS, hecho que puede parecer baladí, pero el silencio también es mensaje público. Todo parecía que su sucesor iba a ser Jorge Sampaoli, que tomó el testigo de Dudamel en Atlético Mineiro y tiene al equipo volando. Pero de la nada apareció José Peseiro. Sin conocer el medio, cayó en un entorno complicado. Una goleada en la dirección deportiva, y no por el portugués que su CV lo avala como un DT muy capacitado, sino por el contexto donde se tiene que desenvolver.
Con su discurso y el rosario de entrevista que otorgó se ganó la confianza. Incluso zanjó rápido el tema de Josef Martínez y parece que ya le tendió un puente al goleador del Atlanta United. Si bien en marzo iba a tener muy poco tiempo para preparar el partido, la pandemia le otorgó muchas horas de video. Pero una hora en cancha vale más que un año en Zoom. Si le sumamos las goleadas en lo institucional no era de extrañarse que la logística tuviese más de un lunar. Éramos mucho y parió la abuela con las decisiones de China y la MLS.
Si a tantas goleadas juntas le sumas una propuesta protagonista sin casi estructura ofensiva ante una Colombia muy bien parida, que Carlos Quieroz ha sabido darle forma con el artesano de selecciones que es (inferiores y absoluta en Portugal, además de su paso por Irán). El resultado fue ese constante quiero y no puedo Vinotinto. Una confusión generalizada, ante una Colombia piadosa. Educadamente Luis Muriel definió la actuación de Venezuela como “un gran partido”, un derroche de decoro. Un triunfo hubiese escrito un capítulo más en las historias inesperadas del fútbol. Pero la lógica, que no siempre se hace presente en esta disciplina y por eso es tan apasionante, dijo presente.
En el horizonte se encuentra un partido contra Paraguay, donde los tres puntos servirán de analgésico y ayudarán a olvidar los problemas de fondo. Un resultado adverso apuntara los fusiles al pobre José Peseiro, que negó a Ghana y se le relacionó con Flamengo, pero está hipnotizado con la idea de hacer historia en la tierra de Bolívar y su mejor generación de jugadores. Sin hacer mucho ruido, en menos de una semana iniciará un nuevo torneo de la Liga Futve, que tiene el riesgo de ser más anónimo que nunca y solo la televisión lo podrá sacar de las sombras a donde parece condenado.
Pero es que en ese torneo relámpago, forzado por la Conmebol para no perder los cupos a Sudamericana y Libertadores, ya se cocina la siguiente goleada. La Asociación Única de Jugadores Profesionales hizo público un comunicado donde mostraba su inconformidad por varios acuerdos que no se han cumplido: la solvencia en los pagos, garantizar una póliza de salud a los jugadores, permitir que los jugadores libres puedan fichar y que reactive la Cámara de Resolución de Disputas. Pero cuando leo esos llamados de la AUFP, siento que son como las cartas de las embajadas cuando ciertos países autoritarios coletean cualquier tipo de atisbo democrático. Pero ¿qué más pueden hacer? Si los jugadores no se unen como gremio, serán como ciertos países que no se unen como población para luchar contra las injusticias.
Las goleadas seguirán llegando en el país donde el retrovisor señala el futuro que todos quisiéramos. De igual forma no hay vacuna contra el virus del optimismo, que me volverá a contagiar el martes y me hará fantasear con las tres G (golear, ganar y gustar) ante Paraguay, porque sarna con gusto no pica y si pica no mortifica. Si hay que sufrir por algo, yo escojo por mi Vinotinto, la que une el país y en varios momentos nos ha llenado de júbilo.
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