Las Vinotintos olvidadas

“Tu pueblo te pide ahora / Madre mía, le ayudéis / Y que fortuna le deis / Con mucho amor te lo implora”, reza la Grey Zuliana. Como hijo de un zuliano, la gaita se escucha desde agosto en la casa. Muchas de las oraciones son peticiones a la Chinita, que su milagros ha cumplido a seres queridos y mi familia le ha pagado promesas en la tierra del sol amado. Dependiendo de cuando lea esto y de sus creencias, le estará pidiendo a la divinidad un buen resultado de la Vinotinto contra Brasil o Chile. Pero hay otras selecciones venezolanas que también necesitan de una ayuda celestial.
La situación económica de la Federación Venezolana de Fútbol es delicada, no solo por ser intervenida por la FIFA y ser regida por una Junta Normalizadora, que es bastante grave, dicho sea de paso. Pero más allá de lo institucional, lo económico es la razón principal de sus jaquecas –como la de todos los venezolanos. Casi todos sus sponsor son del Estado en un país quebrado, con una hiperinflación galopante y una contracción del PIB digna de Halloween. ¿Empresa privada? No hay ninguna con la capacidad para sostener el ritmo de gastos. Ni siquiera un retorno de Polar pudiese servir de salvavidas.
Hoy por hoy somos un país pobre en lo que respecta a lo estrictamente económico, porque Venezuela tiene aún muchos recursos para explotar y una calidad humana envidiable (hay que verle la cara, tanto a los de adentro como los de afuera, a las ganas que le ponen a la vida para salir adelante). Si no me cree, lo invito a revisar la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) 2020. El “Ta’ barato dame dos” que nos caracterizó en los 70’ y se replicó en la primera década de este milenio con el boom petrolero y Cadivi son cosas del pasado. Ya no nos reciben con las puertas abiertas en otros países, solo basta con ver las reiteradas declaraciones de la alcaldesa de Bogotá, Claudia López Hernández, llenas de irresponsabilidad y xenofobia.
Esa es una dura realidad amarga y difícil de digerir, pero necesaria de asimilar para comprender lo que luego pase en la cacha. Los terremotos en las oficinas de la FVF, aún generan réplicas en la absoluta. Pero son las otras Vinotintos, las menos visibles cuando no compiten, las que se ven más perjudicadas por estas políticas de austeridad.
Este mes iba iniciar el cuadrangular sub-20 del Sudamericano femenino, donde Venezuela se iba a jugar un cupo al Mundial de Costa Rica. En diciembre iba a iniciar el Sudamericano sub-17 femenino en Uruguay, que en un principio iba a ser en la tierra de Bolívar, pero la crisis lo ahuyentó. Ambos se postergaron por la Conmebol y las chicas siguen ascuas. Pero, ¿y si se jugaba? ¿Iban a tener, por lo menos, un módulo antes? ¿Había capacidad de traer a las legionarias? ¿En qué condiciones se iban a dar esos traslados? Hablamos de categorías que han ganado dos Sudamericanos (ambos sub-17) y han ido a cuatro mundiales (uno sub-20 y tres sub-17, en dos ocasiones llegaron a semifinales). Los éxitos las respaldan, pero los administradores las ignoran.
En esas categorías es donde se nutre el talento de la Vinotinto femenina absoluta, esa donde juega Deynas Castellanos y Oriana Altuve. La que poco se habla, pero que en 2022 todos voltearán a ver si Pamela Conti es capaz de clasificar al Mundial de Australia y Nueva Zelanda. Pero le están boicoteando el semillero de talento, mientras que no le dan módulos a la italiana para preparar un torneo donde se juega todo en un mes: clasificación a Copa del Mundo, boletos a Juegos Olímpicos de París 2014 y Juegos Panamericanos de Santiago 2023.
Cada vez se ha ganado un mayor espacio en los medios, pero aún las categorías femeninas entran en esas vinotintos olvidadas cuando no están en competencia. Pero a esa grupo de olvidados se le incluyeron un nuevo lote: las categorías menores de la masculina en fútbol campo. José Hernández y Frank Tamanaco Piedrahita pasaron de tener la posibilidad de tener roce internacional en Europa a no tener módulos, con un Sudamericano que está a la vuelta de la esquina. Ciertamente existe la posibilidad de que los reprogramen esos torneos por la pandemia. Pero, ¿dónde está el apoyo a la categoría subcampeona del mundo? Esa que es tan mentada.
La primera selección venezolana en ir a un Mundial fue la sub-20 en Egipto 2009. Con una gran inversión en la preparación, tanto de módulos como de partidos internacionales, Rafael Dudamel guió un equipo a una final de un Mundial sub-20 en 2017. El actual DT de la Universidad de Chile había logrado quedar subcampeón del Sudamericano sub-17 de 2013 e ir al primer, y por los momentos único, Mundial sub-17 para el país. Como los cuerpos técnicos femeninos, Piedrahita y Hernández tienen que conformarse con el teletrabajo. Con José Peseiro se vio reflejado que 100 horas de charlas por Zoom no sustituyen 30 minutos de cancha. Pero peor está la sub-15 que ni tiene un entrenador seleccionado.
Sí, como usted lee, no hay un entrenador para la sub-15. Entiendo que sea la selección menos mediática y donde el resultado es lo menos importante, pero su influencia en la formación es clave. Ese DT sería el encargado de recorrer el país, para luego cumplir la complicada labor de escoger correctamente los jugadores aptos para dar ese primer paso en la Vinotinto. Como en su momento hicieron Tomás Rincón o Yangel Herrera. Si se le suma que este año, sin mucha explicación y tampoco se hicieron muchas preguntas, no se realizó la fase final del torneo nacional del Conmebol Evolution, así que Venezuela no tuvo representante en las categorías masculina sub-13 y femeninas sub-14 y sub-17 de la Fiesta Sudamericana de la Juventud. A esto le sumamos un año sin Serie Élite y sin torneos estadales en la Asociaciones. El futuro no augura positividad.
Tampoco se sabe mucho de la preparación de la selección absoluta masculina de futsal que clasificó al Mundial de Lituania. El temor es que sea flor de un día, como el Mundial de fútbol playa de Rávena, Italia, de 2011, que no se supo más y no se sabe más de esa disciplina. “Maracaibo ha dado tanto /Que debiera de tener /Carreteras a granel /Con morocotas de canto”, cantaba Ricardo Aguirre. Todas esas Vinotintos olvidadas han dado tanto y hoy les devuelven tan poco. El ejemplo de lo que puede suceder cuando la preparación no es la idónea se vivió en Preolímpico sub-23 de Colombia. No se libera de responsabilidad a Amleto Bonaccorso, pero las condiciones para afrontar el certamen fueron muy cuesta arriba.
En una doble fecha donde no es descabellado que la Vinotinto cierre con cero puntos en su camino a Catar 2022. Gran parte del país afilará la hojilla y colocará la cesta cerca de la guillotina, para pedir la cabeza de más de uno. Pero, recuerde todas esas dificultades antes mencionadas, que afectan a: Hernández, Piedrahita, Conti, Carmelia Rojas, Leonardo Lara y Freddy Miguel González, antes mandarlos al paredón en sus respectivas competiciones. Si Venezuela ha tenido éxitos deportivos, a pesar de la brecha en infraestructuras y cultural futbolística que tiene con el resto del vecindario Conmebol, es gracias a la preparación, que ha sabido pulir un talento que siempre estuvo. Por Zoom no se clasifican a los Mundiales.
Se entiende la crisis económica y los estragos que ha hecho la pandemia de la COVID-19, pero la excusa de las deudas de los patrocinantes y la escasez del dinero suena como un disco rayado. Mientras que los encargados de bajar los recursos solo lo hagan con la selección adulta masculina, y a duras penas, para que el fútbol nos traiga otra alegría dependeremos de la divinidad. Muchos pedirán a los cielos ir a Catar. Por acá suscribimos esa oración pero le añadimos que ocurra el milagro de que las Vinotintos olvidadas vuelvan a trabajar. Pero en la petición que coincidiremos todos es que la Grey Zuliana algún día sea solo una gaita histórica y no una canción protesta social que luego de 60 años suena tan actual. Te lo pedimos Chinita.
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