Los “Corronchos” en la Selección de Colombia

La presencia de los costeños en la selección de fútbol de Colombia siempre será foco de atención. En la lista definitiva a Rusia 2018, quedaron el portero José Cuadrado, el mediocampista Wilmar Barrios y los delanteros Falcao García, Carlos Bacca, Luis Muriel y Miguel Borja.
Curioso y muy dicente, que la cuota gol esté representada mayoritariamente por jugadores del Caribe colombiano. En la línea donde hay que tener más inventiva, perrenque y fibra, para darle sentido y culminación a la propuesta futbolística, están ellos, los costeños.
Detrás de estos embajadores de la alegría y el desparpajo, de la irreverencia y el golpeo en el hablar, detrás de esos “corronchos”, hay un cúmulo de experiencias que se remontan a la prehistoria del fútbol neogranadino.
Efraín «Caimán» Sánchez, el legendario portero, primer gran producto de exportación del futbol colombiano, representa un punto inflexión entre los años 40 del siglo pasado, y la nueva ola que llegó con los estelares jugadores del sur del continente, entre ellos Di Stefano, de aquel Dorado efímero.
Cómo no evocar al olímpico Marcos Coll por su gol directo desde el tiro de esquina al monstruo ruso Lev Yashin, en el 4 x 4 en Chile 1958; Antonio Rada, Arturo Segovia, Hermenegildo Segrera, Eduardo Retat, Oscar Bolaños, Alfredo Arango, Eduardo Vilarete, Alexis Mendoza, Iván René Valenciano, Antony De Avila, Jaime Morón y Arnoldo “Guajiro” Iguarán, entre más de 150 jugadores estelares salidos del trópico norte.
Desde ellos, hasta llegar a la preponderancia de Carlos Valderrama y Falcao García, como el punto más alto de la “corronchería” jerarquíca en el combinado nacional, toca rendir pleitesía a esos pelaos que, hechos de arena y barro, curtidos en la canícula abrasante, y driblando las necesidades apremiantes en el hogar, le han dado y le seguirán dando lustre mundial al tricolor colombiano.
Lo de “corroncho”, un feo pez de los riachuelos, es sólo un adjetivo despectivo, que, contradictoriamente, se endilgaron los mismos costeños para referirse a esos “manes” que desentonan o rompen estereotipos con su forma de vestir, de hablar, caminar y hasta de reír.
Ese “corroncho”, un tipo alegre, dicharachero, bullero, mamador de gallo, que no se guarda nada, es la caracterización de la idiosincrasia del costeño, que aporta un cúmulo de valores culturales, donde se mezclan el aborigen, con el negro y el español. Un personaje solidario y familiar, amigo, colaborador y «bacano» (buena gente), capaz de dar lo que no tiene o lo poco que le queda, en aras de ayudar al prójimo.
COSTEÑOS VS CACHACOS
En la eterna y a veces subrepticia confrontación regional, que subyace entre los costeños y los “cachacos” (andinos), no han sido pocas las veces en que ha podido incidir esa apreciación racista, en detrimento del caribeño. De hecho, no han podido los costeños quebrar –excepto con el ilustre cartagenero Rafael Núñez, que gobernó por cuatro periodos a Colombia entre 1878 y 1894- la hegemonía de los “cachacos” en la presidencia de la República.
Sin embargo, más allá de los estereotipos, el costeño, es el mismo que, “con su alegría ante la vida y su actitud frente a la desgracia”, como lo define el egregio periodista y escritor cordobés Juan Gossaín, ha triunfado tanto en el deporte como en las letras, la música, la medicina y la industria. Es el mismo costeño que volverá a hacer historia con Colombia en el evento orbital que arranca esta semana en Rusia.
El Nobel García Márquez, Alfredo Gutiérrez, Aníbal Velásquez, Pacho Galán, Lucho Bermúdez, Kid Pambelé, Miguel “Happy” Lora, Alejo Durán, Joe Arroyo, David Sánchez Juliao, Carlos Vives, Rafael Escalona, Emiliano Zuleta, Edgar Rentería, Shakira, Sofía Vergara, Silvestre Dangond y pare de contar…tremendos corronchos… ¿Ajá y qué…?
Comentarios a: carlosdicksonperez@gmail.com







