Los monstruos alados

 

Que en un solo día uno se tropiece con Andrés Jiménez, Gilberto Angelucci, Alexis Toro y Renny Vega, me invita a saldar una vieja deuda. Primero, con esos personajes que han sabido cubrir la posición más difícil del fútbol, la de porteros. Segundo, con el amigo Oscar Patiño, un hombre de empresas que alguna vez soñó con ser el cuidador de la cabaña de Mineros y con quién, por el puro placer, algunas veces he compartido un micrófono.

Un domingo de estos en Caracas, mientras apoyaba convencido el proyecto del reluciente Deportivo La Guaira, me topé con esos monstruos alados que han dejado una huella indeleble a su paso por las canchas. A Oscar se le ocurrió ponerme en calzas prietas cuando me arrinconó con la pregunta de quién había sido el mejor portero de Venezuela y qué opinaba de Renny Vega.

 

Comienzo por reconocer, como seguramente la mayoría de ustedes, que no existe oficio más ingrato que el de portero. Nada es tan evidente como el error y el declive de un jugador convertido en el último escollo del equipo rival. Pero por alguna razón desconocida, no siempre por no saber jugar con los pies, a estos tipos les encanta estar en el epicentro de las miradas y las maldiciones. Una especie de masoquismo y reto a los prejuicios. Un malintencionado llegó a afirmar que los porteros o eran maricos o eran locos.

De los que he hecho referencia nunca tuve constancia de que fueran una cosa u otra. Los he admirado siempre en el terreno profesional y personal. Eso me basta para respetarlos y rendirles tributo. Igualmente, es importante saber diferenciarlos en su estilo y personalidad.

El “paragua” Jiménez era un tipo sobrio, en el corte de esos porteros guaraníes que hacían la justa. Angelucci, un gigante cuando se crecía más de lo que era. Alexis Toro, sereno y aplicado, militó en un Marítimo en el que vivió un poco a la sombra de otro grande, Daniel Nikolac. Renny Vega, osado y equilibrista, rompió  los moldes, es la antítesis de lo que fue su padre Vicente Vega, el portero más bravo y difícil de encarar por cualquier atacante que jamás vi en el fútbol nacional.

Lo que si lamento por estos días, es que los porteros hayan perdido esa preeminencia que tuvieron antes. Los equipos se armaban desde atrás y nada mejor prenda de garantía que unas buenas tenazas y un águila que saltaba a la cancha de primero con unas revoluciones que contagiaba a sus compañeros y a la tribuna. Tipos mediáticos que de haber vivido este tiempo de redes sociales, habrían tenido millares de seguidores. No digo Daniel Francovig, Rafael Dudamel, Eustorgio Sánchez, Cheo “El Agrandao” Gómez, Fasano y pare de contar.

Vi tantos y tan buenos porteros en Venezuela, cuando además eran los héroes de las selecciones criollas y nuestros equipos en la escena internacional. Perdíamos por cinco o seis pero sacaban 10 goles cantados. Recuerdos aquellos largos invictos con vallas invulnerables durante 8, 10 o más partidos. De todos los colores, de todos los tamaños.

Y a riesgo de dejar por fuera a alguno, vaya el recuerdo eterno para quienes me dejaron sin aliento con sus voladas imposibles, sus atrapadas fantásticas, sus loqueras y sus errores perdonables: Kimba Brito, El “Pulpo” Colmenares, Andrés Arizaleta, Franco Fasciana, César Baena, Santiago Romero, Tony Carrasco, Felix Golindano, Sergio Silano, Luis Carrillo…y, si usted me ayuda, seguimos…

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