Mi Tribuna Vinotinto

Luego de un año de oscurantismo y dudas sobre la selección nacional, finalmente en el pasado septiembre las piezas se reunieron y empezaron a disputar partidos amistosos. Una derrota ante Colombia y una victoria ante Panamá, ambas mundialistas, dejaron un agridulce sabor de boca en cuanto a los convocados, algo que se asentó con el nuevo llamado para los partidos de octubre.
La selección vasca y Emiratos Árabes Unidos serán los rivales y son muchísimas las novedades en la lista. Algunas bajas son lógicas por lesiones (Rondón), otras por asuntos personales (Soteldo) y otras poco entendibles (Bello). Entre los llamados, destaca el regreso bien merecido -y requerido- de Roberto Rosales, mientras aparecen las dudas sobre Peñaranda, a quien se le busca dar confianza en medio de su inactividad.
En esa mezcla común de juventud y experiencia que exigen las selecciones nacionales, hace bien Dudamel en centrarse en la generación subcampeona del Mundial Sub20 de 2017, y ampliar el universo hacia talentos emergentes. Al final, el fútbol es de momentos y la larga eliminatoria suramericana requiere aprovechar esas rachas de jugadores, aunque no todos lleguen a la meta final.
Objetivo de “todos”
Ese pegajoso slogan que le aplicaron a la selección para sumar a todos los fanáticos en sentimiento nacional está bien para ellos, los fanáticos. A quienes nos corresponde analizar -en lo bueno y en lo malo-, nos da la impresión de que nos quieren meter a todos en el mismo saco para evitar las críticas o las controversias.
No quiere decir que nosotros, los periodistas, no sintamos al país o no apoyemos a la selección, pero al momento de hacer nuestro trabajo, no podemos hacerlo con la camiseta puesta. Lo mismo para el deporte como para cualquier otra área. Es por ello que los miembros de la selección, empezando por el a veces susceptible Dudamel, deben entender que la prensa no está para aplaudir, sino para elogiar o criticar, según sea el caso. Las distancias son necesarias en el triunfo y en la derrota.
Cuestión de marketing y de país
Las marcas conocidas y poderosas de la moda usualmente “se casan” con modelos u otras marcas de prestigio para sacar rédito mutuo. Así fue como llegó Adidas a vestir a la selección nacional por más de una década, en la que, en medio de triunfos y caídas, había espacio para mantenerse.
Desafortunadamente, la caída deportiva de la Vinotinto se unió a la debacle social del país, haciendo una mezcla poco atractiva para Adidas o cualquier otra multinacional que se atreviera a apostar por ese “casamiento”. La marca alemana rompió relaciones con la FVF y tocó empezar a buscar empresas más pequeñas, cónsonas con el rendimiento del producto Vinotinto, y apareció Givova.
La empresa italiana, que viste al Chievo Verona y otras selecciones humildes de Europa, apostó por la Vinotinto en un negocio más necesario para ambas marcas. No en todos los casos las bodas son por amor, algunas son por evidentes intereses. Hasta la próxima.
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