Nunca Más…

Pronto cumpliré —por bondad del creador— 70 años de vida. Llevo desde 1977, es decir, casi medio siglo, cerca del fútbol nacional. Aunque desde hace unos años ya no estoy en las transmisiones, siempre sigo pendiente de lo nuestro.
Sin embargo, jamás escuché una situación tan grave como la de este fin de semana. Haber asesinado a un fanático cruza la línea hacia el extremo de la perversidad en nuestro deporte.
Confieso que no estoy enterado de manera toral de cómo se desarrollaron los hechos, pero independientemente de todo, una acción como esta nunca más debe pasar en nuestro fútbol. Estoy totalmente seguro de que este acto es repudiado por propios y extraños.
Recuerdo cuando fui director de relaciones públicas de varios equipos; me tocó vivir de cerca el fanatismo, en especial en la recta final de los torneos. ¿Que hay antecedentes de violencia? Sí, los hay, pero jamás se había llegado a situaciones como esta. Alguna vez hubo ataques a planteles visitantes —llegaron a quemar un autobús y recibieron su sanción—, o recuerdo un juego entre el ULA y el Deportivo Italia donde el final fue muy duro; sin embargo, jugadores del equipo local como «Memín» Sánchez, en su rol de capitán, de inmediato protegieron a la delegación visitante y a unos pocos seguidores.
Ahora, pasar de aquello a un asesinato es una locura. Quisiéramos pensar que es una pesadilla, pero es una cruda realidad. Por amor a Dios, pensemos que esto jamás debió pasar. En nuestro fútbol debe haber alegría, pasión y deleite, pero nunca este nivel de violencia.
Desde acá enviamos nuestras condolencias a los familiares de la víctima. Que Dios les ayude a superar tanto dolor y que algo así jamás se repita. Pensemos por un momento cómo nos sentiríamos si la víctima fuese un familiar nuestro.
Violencia perversa, aléjate no solo de nuestro fútbol, sino de todo el deporte de nuestro país. Que todo el peso de la ley caiga sobre los responsables de esta tragedia.
Que situaciones así nunca más se den en el fútbol nacional. Q. E. P. D. ese fanático que acompañó a su equipo y que jamás se imaginó que sería su última vez. Que Dios lo reciba en la gloria.







