¿Para qué está Venezuela en la Copa América?

La pregunta que se hacen muchos venezolanos es que esperar de la Vinotinto en la próxima Copa América de Colombia 2022. En medio de una selección que en la última década se abre paso al anonimato y los hinchas manejan más nombres que los habituales de Deyna Castellanos y Verónica Herrera. Esto combinado con un profundo desconocimiento de los rivales, justificado en la falta de difusión de fútbol femenino y lo difícil que se hace seguir a las selecciones del vecindario Conmebol. Por eso estás líneas son una visión extremadamente personal de expectativas y posibilidades de la tropa de Pamela Conti.
Sin atribuirme el rol de experto en fútbol femenino, esa etiqueta se la dejo a Carlos Celis, Franjolys Borges, Álvaro Navas u Omar Rodríguez, personas que han recorrido kilómetros de carretera con la selección nacional, en la Liga Nacional y casi que padre fundadores de la Superliga. Con esa otra aclaración empezamos la tarea de diseccionar las metas realistas de una selección que tiene ilusionado al país.
Si ponemos en una balanza los procesos y la calidad individual de las plantillas, Brasil, sin lugar a dudas, es la gran favorita con varios peldaños por encima del resto, aunque esté viviendo un proceso de renovación. Luego le sigue Colombia, que el factor local exalta la calidad de un elenco que puede aspirar a ver a los ojos a las amazónicas. Luego la tercera plaza de Conmebol, bajo esos criterios, la pugna es muy cerrada entre Chile, Argentina y Venezuela. El sexto lugar una Uruguay en conjunto con Paraguay. Luego siguen Ecuador, Perú y Bolivia.
Para esta edición de la Copa América aumentaron los cupos y cambió el formato. En el pasado solo eran dos cupos a la Copa del Mundo y uno al repechaje. En esta ocasión son tres boletos directos al Mundial y dos a la repesca. En Chile 2018, bajo el mando de José Catoya, se hizo la mejor actuación de la historia de Venezuela: un sexto lugar. Se venció 1-0 a Ecuador, se goleó 8-0 a Bolivia, se cayó 4-0 ante Brasil y luego se falló 2-0 ante Argentina, ambas dianas de penal. Cabe destacar que no hubo partido por el quinto lugar y la posición se determinó por los puntos y en el otro grupo Paraguay hizo siete.
En esta edición es prácticamente un calco del pasado: debut contra Uruguay, jornada de descanso, medirse a Perú, aguantar a Brasil y cerrar ante Argentina. El partido del estreno será ante un gallo tapado y un duelo crucial. La Celeste es una alcabala a las grandes alegrías o las grandes tristezas, del Centenariazo al gol de Edinson Cavani en Cachamay. Las incas llegan con mucha turbulencia y deberían ser colistas de grupo. No hay nada que hacer ante las amazónicas y ante la Albiceleste debe ser una final. La revancha de 2018 o reeditar la pesadilla.
Venezuela acumula varias generaciones mundialistas: De los sub-17 de: Trinidad y Tobago 2010, Costa Rica 2014 y Jordania 2016. Del sub-20: Papúa Nueva Guinea 2016. Chicas que se colgaron la medalla de plata de los Juegos Olímpicos de la Juventud en Nankín 2014 u otras que fueron finalistas de Copa Libertadores con Caracas (2014) o Estudiantes de Guárico (2016). Si bien son jóvenes, muchas van a disputar su tercera Copa América, un dato nada desdeñable de un torneo que se suele jugar cada cuatro años. A esta generación dorada hay que sumarle la mejor preparación de la historia del país. Antes de la pandemia con módulos en Europa y luego del primer gran confinamiento –la pandemia sigue y hay que cuidarse de la cuarta ola que está empezando– con varios amistosos: Argentina, País Vasco, Yaracuyanos, Ecuador, Chile, India, Brasil, Ucrania, Letonia, Uzbekistán y Colombia. Esto sumado a la posibilidad de usar los dos CNAR del país, el de Margarita y el de Yaracuy, exclusivo del femenino y único en Conmebol, donde Pamela Conti hizo su debut.
El hándicap puede ser la inexperiencia del cuerpo técnico en estas lides, porque no solo es su primera Copa América, sino el primer gran reto oficial, aparte del Sudamericano sub-20. En las categorías menores poco que achacarle a Conti, por eso se escribió hace meses CONTIgo más allá de resultado. Pero ahora los marcadores sí son relevantes, por todo lo antes expuesto. Un plus que ha tenido la italiana es el manejo de camerino. Un grupo que se conoce desde adolescente, pero con egos pesados, los ha sabido agrupar y hacer que todas digan en coro que nunca habían sido tan felices en la selección. Detalle no menor en una plantilla que tiene casi 10 años de vinotinto en diferentes etapas. También el apoyo irrestricto ante las denuncias contra Kenneth Zseremeta y William Pino, que luego la FVF condenó como culpables. Una situación que explica porque antes el ambiente no era tan sano en el entorno del combinado patrio.
Desde los amistosos en el País Vasco hasta los duelos recientes en Chile, la selección ha mostrado una evolución. Un orden táctico, que le permite presionar y ser equilibrado, resguardar su arco y luego aprovechar su gran poder de fuego. No será el juego más estético, pero sí es eficiente. Por no es descabellado pensar en un triunfo ante Uruguay, que nos hará sudar sangre, y ante Perú. La derrota en el presupuesto ante Brasil. Luego viene una final contra la Argentina de Estefanía Banini, Florencia Bonsegundo, Soledad Jaimes y compañía. En caso de pasar ya sería histórico, se amarra cupo a repechaje y la primera clasificación de Panamericanos.
Si no se puede ante Argentina, tocará luchar por el quinto lugar contra Paraguay o Ecuador, ya que es complicado que en el otro sector no pase Colombia primero y luego Chile a semifinales. Es una obligación ganar ese quinto lugar, con o sin Deyna Castellanos que viene lidiando con una lesión, para amarrar el cupo a repechaje. El cupo al Panamericano es relativo, porque si Chile queda entre la tercera y la quinta casilla, muy factible al pasar de segundo y chocar en semis con Brasil, hasta el sexto clasificado va a la cita en Santiago 2023. Por eso la opción realista y casi que una exigencia es el quinto lugar. Otro resultado, a menos que haya una plaga de lesiones o un contagio masivo de COVID-19 invitaría a una profunda reflexión y sería una desilusión.
Si se es optimista y se logra pasar de segundo, que para eso hasta con un empate y mejor diferencia de gol se puede superar a Argentina. En semifinales debe esperar Colombia y por más que los clásicos se viven de forma diferente es muy complicado meterle mano y soñar con una final. Lo más positivo que se puede ser es soñar con la tercera plaza, que da cupo directo al Mundial, en donde seguramente espere Chile, luego de que pase segunda en el grupo B y caiga ante Brasil. Les puedo asegurar que no será la Roja de Curicó y Rancagua, será un rival muy, pero muy complicado.
Con todo este paseo con un toque de fútbol ficción, sacando cuentas antes de tiempo, la mesa queda servida: Venezuela está para hacer historia con respecto a su pasado, que no es nada halagüeño en la categoría adulta. El aumento de cupo y el nivel del vecindario Conmebol permiten que haya ilusión en optar por un Mundial absoluto, como ya lo logró el fútbol playa en Ravena 2011 o futsal en Lituania 2021. También hay que destacar que Europa, Concacaf o, hasta Asia, sería muy complicado que la Vinotinto pudiese clasificar. Pero esa no es la realidad que nos toca, sino una Sudamérica en la que solo Brasil puede competir en las Copas del Mundo y el resto muchas veces va solo a participar y retorna en la fase de grupos.
Twitter @lvilchez8







