Por favor, un atamel para Peseiro

Si le tuviésemos que poner un fondo musical al fútbol venezolano para que el estratega José Peseiro lo entienda sería un fado. No soy un experto en fado, de vez en cuando escucho a Carminho, pero sí sé que es uno de los géneros musicales más representativos de Portugal. Los temas se pasean entre la nostalgia y la frustración. En esas miserias del ser humano, que trata otra expresión artística como la literatura y de donde nacen los grandes clásicos. La decepción nunca pasa de moda y en el balompié nacional es un sentimiento que aflora en sus seguidores últimamente.
Si viviéramos hace un siglo atrás, el cartero que se hubiese encargado de llevar los comunicados de la Liga Futve y los de la Federación Venezolana de Fútbol hubiese optado a ser el “5” de la selección, porque no pararía de correr. La “guerra epistolar”, como le dice el colega Alfredo Coronis a esos intercambios de misivas, tuvo momentos cumbres la semana pasada. Hasta un comunicado directo de FIFA. A esto le sumamos los tuits del periodista Gerardo Blanco, de quien aprendí sobre el oficio en la redacción de Líder, pero que hoy en día es parte de esta batalla. Incluso se “ganó” una respuesta personalizada de la FVF hace unas semanas.
En el programa merideño Tiempo de Fútbol filtraban un chat de Whatsapp de la Liga Futve donde los dirigentes prometían ponerle más leña al fuego, con la intención de presionar a renunciar al ingeniero Jesús Berardinelli, presidente del ente rector del balompié nacional. Todo por la información que dio a conocer el programa de radio argentino Closs Continental, en la cual dijeron que Berardinelli no pasó el examen de idoneidad y solo estuvo como “invitado” en la reunión de la Conmebol para hablar del calendario de la Eliminatorias, Libertadores y Sudamericana.
¿Fuego? Napal de ambos bandos. A falta de que firmen un decreto de Guerra a Muerte, como el Libertador, el fútbol queda de lado. Este martes 14 se reunirán los representantes de los clubes con la FVF para evaluar y escuchar propuestas, luego de que la opción de jugar ente Valencia y Yaracuy quedara sin efecto. Una medida muy bien valorada por el gobierno central y apoyada por el gobernador de Carabobo, Rafael Lacava. Tanto así que la “sugerencia” la dio primero el Ministerio de Deporte, que la FVF. El gobierno (no confundir con el Estado) también se sienta en esta mesa.
Sería interesante poner una cámara oculta en esa reunión y ver cuántas chispas saltan. Como un contenido recreativo que ayudaría a pasar las penas de la cuarentena, pero cuando se reflexiona lo que está en juego, no entretiene, sino que duele. Como dijo en una entrevista Emilio Lovera que le preguntaron la virtud del venezolano y dijo: “Reírse de su tragedia”. Pero cuando le cuestionaron por el defecto de sus compatriotas soltó: “Seguir riéndose, después que se rieron la primera vez”. De esas verdades que duelen más que una fractura.
Mientras los representantes del balompié nacional se pelan los dientes, como una pelea de perros, el fútbol es el único que lleva mordiscos. Cada uno tendrá sus razones y justificaciones, como los jugadores que también son parte de comunicados en los episodios de esta guerra, que parece tener batallas infinitas. ¿Y José Peseiro? El pobre profesor cuando intente desenredar esta maraña de conflictos va a terminar con un dolor de cabeza tremendo. Si supiera que aún faltan para las elecciones de la FVF y que ni eso aseguraría un poco de calma en el ambiente.
No me he metido en las redes sociales de la liga de Ghana o de su Federación, pero dudo que en plena crisis de salud que ha significado la COVID-19 estén en una batalla. Si me equivoco, por favor avísenme a mi Twitter (@lvilchez8). Nombro al país africano, porque era la otra oferta que tenía el estratega lusitano, quien en entrevistas aclaró que hace 20 años no hubiese tomado a la Vinotinto. Vino al país porque sueña con el Mundial que se le escapó cuando dirigió a Arabia Saudita. Tampoco lo motiva el dinero, sino el hambre de hacer historia con un grupo de jugadores que tienen abiertas las puertas de los clubes europeos y que cuentan con subcampeones del mundo sub-20.
Como luso sabe la importancia de los torneos sub-20, porque a finales de los 90 cambiaron la historia de un país que no sabía que era gloria desde tiempos de Eusebio y hoy en día es campeón de Europa (Eurocopa y UEFA Nation League). Con todos estos retos su primera acción fue ponerse manos a la obra para ganarle la lucha al reloj. Primero que todo se metió a los jugadores en el bolsillo con sus conocimientos y charlas, muchas cara a cara. Luego solucionó el caso Josef Martínez, un delantero que la selección no se puede dar el lujo de prescindir por un cruce de palabras.
Lo logró en tiempo récord. Y eso que tenía la sombra de la llegada de Jorge Sampaoli, que menos mal que no vino. Con todos estos inconvenientes hubiese sido una relación explosiva, porque en sus últimos antecedentes ha terminado mal con sus empleadores, demandas de por medio. Y es que el DT argentino te promete un ciclo similar a la serie Game of Thrones: inicio y desarrollo apasionante, pero con un desenlace amargo.
La pandemia llegó y Peseiro no ha podido tener a sus jugadores en campo. Pero mantiene contacto con ellos frecuentemente y le da valor a lo humano. A diferencia de su predecesor, que era muy hermético, a menos que fueses Directv o Win Sports, ahí no importaba si estabas en plena Copa América, el portugués ha dado varias entrevistas a la prensa. Su mensaje en lo futbolístico es claro: “Ser menos especulativos, buscar ser más asociativos y mantener el equilibrio”.
Incluso se atreve a bromear con su “invicto” desde que llegó o comentar que “pandemia ayudó a Queiroz a no perder esos tres puntos”, en referencia al debut contra Colombia del Premundial. Hasta en una entrevista él fue el que le sugirió a los entrevistados que le dieran consejos para conocer más sobre el país. Los jugadores y la opinión pública las manejó de gran manera, en una selección que se ha malacostumbrado a buscar entrenadores que tienen que hacer de pacificadores.
El apoyo de los directivos lo tiene desde su llegada. Ahora tendrá que ser un mediador entre los jugadores y ese entorno del Futve (federativo y clubes) que a veces es tan tóxico. En sus conferencias ha comentado que los jugadores le hablaron de varias quejas y condiciones que se tienen que cumplir como los uniformes –imposible olvidares del episodio en España contra Argentina y Cataluña. Ni una sola letra de fútbol en esta columna, pero como escribió Carlos Domíngues en Idioma Futve, en referencia a una frase de Edgardo Márquez: “Prohibido hablar de fútbol en Venezuela”.
Antes de que Peseiro pueda ver cómo hacer que un equipo reactivo, acostumbrado a atacar con espacios y por las bandas, pueda convertirse en un equipo que dialogue con el balón, tanto para atacar como defender, previo tendrá otras labores. Primero pacificador, luego negociador y de último entrenador. De solo pensarlo me da dolor cabeza, no me quiero imaginar la jaqueca que le dará al profe. Por favor, alguien que le dé un Atamel, antes que se arrepienta de habernos escogido por encima de Ghana.







