Primero mujeres y niños

El naufragio del Titanic, aquel barco que parecía imposible que se hundiera, popularizó la frase: “Primero mujeres y niños”, en caso de emergencia marítimas. El mundo que conocemos chocó hace unos meses con un iceberg llamado la COVID-19, que le dio al botón de pausa a la vida de todos. El deporte no escapó de esta dinámica, por más que usualmente vive en una burbuja. En el caso del fútbol formativo y femenino fueron los primeros (junto al sala y playa) en ser suspendidos, el pasado 17 abril, de forma definitiva y a nivel nacional. En un comunicado de la Federación Venezolana, donde también se prohibió a las Asociaciones de estados en organizar o participar en torneos.
Estas medidas se suspenderían solo si el Ejecutivo lo permite. Un hecho lógico entendiendo que el gobierno nacional prohibió las actividades deportivas y fue ratificado por el Ministerio del Deporte, todo en gaceta oficial. En estos tiempos de pandemia la salud tiene que ir por delante de todo, el deporte no es la excepción. Tan sencillo y crudo como que sin vida y sin salud no se puede jugar a la pelota. Si bien las cifras oficiales criollas son benévolas con respecto a la tragedia que viven países vecinos. Pero hay que recordar que la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (ACFIMAN) proyecto un repunte de la pandemia en Venezuela a partir de junio. Dios nos libre.
Por eso no debe haber prisas ni premuras en que vuelva a rodar el balón. El tema de esta columna es que el fútbol formativo y femenino no ha estado en palestra, como es habitual. El inconveniente es que en todo el mundo del deporte aficionado ha quedado muy golpeado, como las incipientes iniciativas de profesionalizar el balompié para las mujeres. Hay grupos de privilegio como son ese selecto y pequeño número de jugadores que son parte de nuestra selección nacional. Tanto femenina como masculina han sido monitoreados diariamente, con trabajos específicos.
Hay que recordar que la Sub-20 femenina clasificó al cuadrangular final del Sudamericano, cuando la pandemia paró en seco el torneo. Mientras que la Sub-17 femenina estaba prendiendo motores para afrontar su Sudamericano. En el caso del masculino, tanto Sub-17 como Sub-20, tenían preparados viajes para Europa, donde disputarían partidos amistosos. En el caso de la Vinotinto absoluta femenina no afecta tanto, porque es una selección casi en su totalidad de legionarias.
A los jóvenes vinotinto también los monitorean sus clubes, tanto de primera como segunda división. Una ventaja de estar en la Serie Élite. Unos mejores que otros (la brecha puede ser abismal). Pero hablamos de que el país no tiene definido un seleccionador nacional sub-15, por lo cual no hay un grupo preseleccionado. Por la pandemia también se vio afectado el Campamento P.A.N, que es una iniciativa de Empresas Polar que suele aglutinar la base de las selecciones sub-15 y que este año se iban a enfrentar a la academia del Atlético de Madrid en Panamá.
Sin contar que esto afecta al plan que anunció Charles López, director de selecciones nacionales juveniles, a Balonazos sobre lanzar una categoría sub-13 (Serie Élite) a nivel nacional y dividir al país por sectores con esos talentos, para nutrir esa sub-15. Un golpe durísimo para una categoría que significa ese primer paso vinotinto y donde se empiezan a perfilar los jugadores de selección nacional. Tomás Rincón y Yangel Herrera son algunos de los que han hecho su ciclo de sub-15 hasta la absoluta. Como en su momento dijo César Farías: “La selección es de hábitos”.
Es un golpe para todos esos niños y adolescentes que son el futuro del balompié nacional. Pero insistimos, si hay un grupo selecto que son los vinotinto, hay otro, un poco más amplio, de los 40 equipos que forman parte de la Serie Élite. En teoría son jugadores que reciben un seguimiento. Pero ¿las academias y escuelitas de barrio que juega torneos estadales o municipales tienen esa posibilidad? En ese infra fútbol es donde nacen todos los jugadores. Esa etapa con menos brillo y cero prensas es el semillero de donde muchos clubes de primera y segunda pescan sus jóvenes talentos.
Gracias a Dios hay iniciativas como “Ayudemos al profe” para echarle una mano económica a todos esos formadores, que su gran labor pocas veces es bien remunerada. Pero ¿esas academias aguantarán los embates de la crisis económica posterior a la pandemia? ¿Cómo se reestructurarán esos torneos? ¿En qué condición regresaran los niños a la actividad? Son algunas de las interrogantes que surgen. Y es que en ese fútbol base no solo se buscan formar el próximo Yeferson Soteldo, sino también ciudadanos de bien. Educar gente de fútbol que el día de mañana capaz no juegue en primera división, pero este en los despachos de un club como abogado o administrador.
El fútbol no solo educa, sino que nos iguala. Despeja nuestros prejuicios. Ese un mérito que ha tenido el balompié femenino, que nos ha deslastrado de un machismo atávico y nos ha brindado grandes alegrías. Es casi nula la presencia de academias para la formación de las niñas en fútbol, eso es un sueño que solo es real en Estados Unidos. La Liga Nacional y la Superliga son sus plataformas para presentarse. Mucho se habló de una fusión de ambas ligas y de la creación de la Superliga Nacional. La pandemia llegó antes de concretarse algo.
De esos torneos surgieron las: Gabriela García, Lourdes Moreno, Oriana Altuve, Paola Villamizar, entre otras. Recientemente acaba de fichar Yerliane Moreno por el UDG Tenerife, otro producto hecho en FutVe. ¿Quién vigila si las jugadoras que hacen vida en Venezuela están entrenando? ¿Cuál será el formato del torneo y qué equipos participarán? ¿Cuánto afectará la crisis económica para que las chicas tengan sueldos más dignos? Otra vez, las interrogantes se multiplican como el número de contagiados por la COVID-19: de forma incómoda y numerosa.
Si esto le sumamos que Venezuela fue el único país de Conmebol que no pudo realizar la fase nacional del Torneo Evolución, por lo cual no se tuvo representante en la última edición de la Fiesta Sudamericana de la Juventud en masculino (sub-13) y femenino (sub-14 y sub-16). Un torneo que la Confederación Sudamericana de Fútbol lo concibe como una de sus herramientas para potenciar las categorías inferiores y acortar brechas con Europa. Otra oportunidad perdida de una parte fundamental en la formación: el roce internacional.
Sería interesante que la gente del fútbol elaborara un plan para jugadores y padres, en los que dieran aspectos básicos, según la edad, del mantenimiento físico de los niños. De ejercicios para mejorar su técnica en casa. Incluso herramientas para lidiar con la ansiedad de no poder hacer el deporte que tanto les apasiona. Y otras actividades para que todos esos niños y adolescentes que se encuentren fuera de una Serie Élite no queden tan marginados.
Mismo caso para las mujeres, porque hablamos de un país candidato a ir al Mundial 2023 y con el primer Centro Nacional de Alto Rendimiento exclusivo para chicas. No nos podemos dar el lujo de dilapidar el talento de las féminas criollas. El negocio está en la Liga FutVe, pero hay que incluir en el debate a los más vulnerables. Hay que pensar primero en las mujeres y niños.
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