¿Qué te hicieron balón de oro? por Jean-Claude Meléndez

El lunes 26 de octubre se celebrará la gala del Balón de Oro, la primera en Londres y sin ánimos de escribir una carta a la nostalgia o una condena al fútbol moderno, es necesario y casi urgente reconocer que: Un premio que convierte a todos en jueces, expertos e incluso deportistas con un grado superior de experiencia; el Balón de Oro parece ser de todo menos un galardón al talento futbolístico.
Lejos quedaron los momentos protagonizados por jugadores como Sammer, el central alemán que, en 1996, por tan solo 3 votos, le quitó el premio a Ronaldo Nazario. En la actualidad parecerá descabellado y se etiquetará de “anti fútbol” darle el premio a un central por encima de un atacante.
Vivimos tiempos de favoritismos fervorosos y acartonados, pero favoritismos al fin; que dejan sin espacio a sorpresas como las de Ígor Belánov, el jugador ucraniano que, en 1986, bajo la sombra de Maradona, Lineker y Butragueño, se apoderó del balón de oro de manera inesperada. En el fútbol de hoy no existirán sorpresas y mucho menos habrá espacio para los ganadores inesperados.

En el fútbol de hoy, ya no se coleccionan cromos del balón de oro. Mucho menos se espera al día siguiente para correr al quiosco de la esquina. A comprar el diario que tenga al ganador del premio en la portada para pegarla en el cuarto. Ahora solo se generan teorías conspiranoicas en espacios digitales, se discute sobre el merecimiento, la injusticia y los criterios del premio. Todo desde los ya mencionados favoritismo fervorosos y acartonados que en estas instancias ya se dejan ver como una mera inconformidad.
El Balón de Oro parece dejar más descontentos que alegrías alrededor de un deporte hermoso. Estoy convencido de que el fútbol no es culpable de este statu quo de inconformidad. Los intereses económicos, el poco compromiso de los votantes y las protestas de algunos jugadores y clubes. Disidiendo no asistir a la gala han masacrado un premio que, por mucho tiempo, significó una fiesta para los futboleros.







