Receta para no clasificar al Mundial

Estas líneas se escriben pocas horas antes del partido entre Venezuela y Uruguay. El resultado es indiferente. La idea de esta columna es dar una receta infalible para no clasificar a una Copa del Mundo masculina y, como dirían en los infomerciales, en caso de fallos le devolveremos su dinero. En un país obsesionado con ir al Mundial, como si asistir al evento fuese la llegada de un mesías que arregle todos los problemas de un plumazo, la fórmula a continuación puede calmar sus problemas de ansiedad y recuperar ese sueño reparador que pierde cada fecha FIFA.
Para esta receta lo principal son los constantes cambios, no solo de entrenador, sino de estilos. Es imprescindible no consolidar una forma de jugar. Por ende, a pesar de la irreverencia de Richard Páez y el cuchillo entre los dientes de César Farías, dos filosofías de juego disimiles y que ambos cosecharon resultados inéditos para la Vinotinto, no nos desviaron de nuestro objetivo: no clasificar al Mundial. Esto se terminó de cocinar a fuego lento con los ciclos de Noel Sanvicente, Rafael Dudamel y, ahora, de José Peseiro, todos con formas de jugar distintas. Puedes traer a Pep Guardiola, Thomas Tuchel, Antonio Conte o el entrenador de su preferencia, todos son susceptibles a este primer paso.
Los golpes de timón son más efectivos si recortas el tiempo de trabajo y/o cortas en seco proyectos. Por ejemplo: El último partido de César Farías fue el 11 de octubre de 2013 ante Paraguay y el primer amistoso de Noel Sanvicente fue el 5 de septiembre de 2014. Otro caso de éxito fue con Dudamel, que luego de terminar el Premundial rumbo a Rusia con cuatro partidos invictos, el 10 de octubre de 2017, no se le dio otro partido hasta el 13 de noviembre de 2018. Otra jugada maestra fue sacar al ex portero de la selección cuando tenía un equipo consolidado, luego de tres años al frente del cargo. Capaz por las dificultades que tenía su equipo en ofensiva, más allá de los amistosos finales, no era tan peligroso, pero lo más sano era cortar de raíz ese ciclo, a pocos meses de iniciar las eliminatorias de Catar 2022, y así amarrarse otra no clasificación.
Peseiro llegó con el mejor CV a la Vinotinto desde José Omar Pastoriza, pero la pandemia ayudó a darle pocos amistosos. ¿Uzbekistán en marzo? Nada de eso, aquí no queremos clasificar al Mundial. A lo sumo un módulo con los del patio, pero otra cosa sería atentar contra el objetivo y romper con esa racha de no clasificar, que tanto se ha cuidado desde las eliminatorias de Inglaterra 1966. ¿Suena con fuerza el retorno de Dudamel y la salida del lusitano? No se preocupe, estimado lector, que esta fórmula nunca nos ha fallado. Insisto, es irrelevante el nombre del que se siente en el banquillo.
Para que desde lo estructural todo sea más cómodo es preferible no tener un comité técnico, director de selecciones o un departamento de metodología, eso que hacen en Argentina con Javier Mascherano y César Luis Menotti. Esas personas no te la harán a la entrada, pero sí a la salida. Si te descuidas te tienen un equipo con chances de ir al Mundial. Mejor prescindir de todo este tipo de cargos, para no sufrir dolores de cabeza. Por los momentos está Charles López, quien tiene un plan de crear una categoría sub-13, al dividir el país en cuatro zonas y preparar así una próxima categoría sub-15 potente. Pero la pandemia lo frenó en seco. ¿Se imaginan ese plan en marcha? Un peligro para nuestros fines. Aquí queremos jugar solo Premundiales y Copas Américas.
En la receta de la nonna nos recomiendan no dar buenas canchas y aquí somos un pueblo fiel a sus tradiciones. Tomás Rincón nos recordó que vamos por buen camino. A esta falta de estructura física (mejor olvidarse del CNAR de Margarita, ese ingrediente puede dañarte la receta) e institucional, complementada con los volantazos en los estilos y en banquillos, hay que sumarle más aliños. Desde hace rato venimos jugando con fuego en categorías menores, hace nada casi se gana un Mundial sub-20. ¿Cuándo en nuestros tiempos? Ahora le dan recursos a la sub-20 y hasta pidieron el Sudamericano para Carabobo. Ahí estamos fallando. Hay que seguir el camino de la sub-17 de Frank Tamanaco Piedrahita, que tiene más de un año sin acción. O doblar la apuesta, como la sub-15 que no tiene entrenador. Sabemos que es difícil, pero no clasificar a un Mundial no es tan fácil como pelar mandarinas.
Ese tema de la formación es importante. Hay muchos jugadores en Europa, si no se le pone reparo a esa situación, la receta puede fallar en una Eliminatoria. Ustedes saben, se le sale la rueda a la carreta con una generación de oro al estilo de Bolivia 1994. Esperemos que no y que la receta mantenga su efectividad y su sazón. Insistimos, la pandemia ha sido como Airfryer, te permite darle una versatilidad inusitada a la receta. Los tiempos modernos y sus bondades. Un año y medio sin Serie Élite, la mejor fórmula para acabar con esa guachafita de jugadores que se ponen la “10” Pele o la rompen en Europa League / Copa Libertadores. En estos días casi no dormía pensando si llegaban varios de ellos a jugar Champions League con regularidad.
Hubo un cambio en la Federación Venezolana de Fútbol y se juramentaron el lunes 7 de junio. Vienen con esa rebeldía de la juventud a querer cambiar lo que viene funcionando. Que si una universidad del fútbol para preparar entrenadores, otro problema a largo plazo. Eso sin contar que llegan con la bandera de reactivar el fútbol menor. Como en Venezuela el gatopardimos (cambiar todo para que siga todo igual) es religión. Les doy el beneficio de la duda y que no logren ese rupturismo tan peligroso que pregonan, porque si uno se distrae, capaz se cuelan en el Mundial de Estados Unidos, Canadá y México en 2026. Las carencias en formación no llevarán a los tiempos de tranquilidad previas a ese Boom Vinotinto, que tanto daño nos ha hecho.
Esta receta es barata, así que la malograda situación económica de la FVF es un vehículo para llegar a buen puerto. Se habla mucho de un departamento mercadeo y habría que ponerle la lupa a ese foco de problemas. Se tienen tres años sin mercadeo y la no clasificación se ha podido conducir en calma y con pocos recursos. Pero todo lo anterior sabe a poco si usted no le echa un pimiento picante. Una buena pugna dentro de la Federación. Eso de la unidad sabe a poco. Miren como Bolivia y sus peleas intestinas disfrutan de esta receta a cabalidad, a pesar de tener la altura como aliado. Si esta gestión lleva la fiesta en paz hasta 2025, podemos preocuparnos. Porque la sosiega de Rusia 2018 y ahora rumbo a Catar 2022 tuvo su punto en los pleitos en los despachos.
Repasamos la lista: falta de estructuras físicas e institucionales, cambios de estilo y en los banquillos de la selección, torpedear las categorías formativas (tanto jugadores como entrenadores), no dar herramientas de trabajo (módulos, amistosos y canchas en buen estado), nada de cambios estructurales en la FVF y, mucho menos, paz en las oficinas. Con esto, a grosso modo, usted se asegura no ir a un Mundial. ¿Y si alguien quiere lo contrario? Estimado lector, como demócrata, respeto el pensamiento plural y sabré respetar, más no entender si alguna persona quiere ver a la Vinotinto en un Mundial. Mi humilde consejo es que, si eso quiere, haga todo lo contrario a esta receta, pero eso sí, guerra avisada no mata soldado. Después no quiero quejas, porque no solo va a ir a un Mundial, sino a varios.







