Rescatemos el pasado

 

Para saber a dónde vamos, hay que saber de dónde venimos. La historia no es un hecho anecdótico, que solo deben saber los ratones de biblioteca o los entendidos de la materia. Ese conocimiento del pasado le da forma al sentimiento de identidad, tan necesario en nuestro fútbol. También permite rescatar lo positivo de generaciones pasadas y no repetir fallos recurrentes. El novelista español Arturo Pérez-Reverte: «La historia no de repite, lo que pasa es que la olvidamos».

 

¿Hay historiadores de nuestro fútbol nacional? Sí, muchos. No me voy a detener a nombrarlos, para no cometer el pecado de dejar a alguno por fuera. También hay bibliografía, podcast, videos y páginas web donde puedes encontrar información sobre tiempos pretéritos de nuestro balompié. Pero, ¿es suficiente? Pienso que no, que debería cultivarse más esos estudios y divulgarse con más frecuencia ese tipo contenido. En la era de la inmediatez, tomarse un respiro para mirar atrás no debe ser un lujo, sino una medida de sensatez.

 

La pandemia de la COVID-19 (creo que al igual que a mí, todos desearíamos que fuese una pesadilla de la cual despertemos y volvamos la normalidad sin el prefijo «nueva») y su cuarentena inherente pararon en seco el fútbol mundial. En el caso de Venezuela parece estar cada vez más cerca de reiniciarse, pero sobre eso hablaremos otro día. Lo cierto es que en estos meses los textos sobre el pasado, ante la falta de presente y la incertidumbre en el futuro, fue lo que más se produjo en la mayoría de los medios relacionados a la fuente deportiva. Entre entrevistas a jugadores y entrenadores (retirados o activos), además de recuerdos de partidos icónicos se paseó el contenido.

 

En la Federación Venezolana de Fútbol tuvo una presencia diaria una sección llamada «Recuerdo Vinotinto», que sirvió para refrescarse o enterarse de hechos, o detalles puntuales y olvidados, de nuestras selecciones nacionales en sus diferentes disciplinas (campo, sala y playa, de ambos géneros). En la página de YouTube de la FIFA se pueden visualizar partidos históricos de la Copa del Mundo, tanto masculinas como femeninas. Algunos clubes de la Liga Futve también apelaron a la memoria para mover sus redes. Pero no fue el común denominador. En el caso de las entrevistas de los medios de comunicación, la gran mayoría estuvieron signadas a la era post Boom Vinotinto. Capaz lo más lejos que se llegó fue a finales de la década de los 80 y varios rasgos de los 90, pero el grueso de esa información se fundamentó en el nuevo milenio.

 

Si bien las derrotas no venden, esas goleadas no hay que olvidarlas. Todas esas tardes de desazón, con jugadores, que, a pesar de todas las dificultades y las carencias, se enfundaban la casaca Vinotinto con un orgullo que merece, por lo menos, recordarse. Esa época que se llevó como una cruz la etiqueta de «Cenicienta» y que los grandes medios le daban su espacio al béisbol y el baloncesto, en detrimento del balompié. Eso hay que estudiarlo, eso hay que ponerle el micrófono y dejar que los protagonistas hablen, antes que la única forma de obtener sus declaraciones sea en una hemeroteca. Eso hará que las nuevas generaciones no ninguneen un triunfo ante Bolivia o Perú. Que hasta el menos fanático sepa que siempre hubo talento, pero faltó el apoyo. Que sí había calidad y fútbol en este país, pero que talento sin herramientas de trabajos no es nada. Una enseñanza que también nos sirve como sociedad.

 

Esto generará cultura futbolística. Del béisbol tenemos bastante y es tanta, que hasta en lenguaje se ha colado. Es habitual escuchar en la calle un «estás ponchado» o un «estoy en tres y dos». Si se divulga más ese pasado, de una forma amena, sin caer en adornos ni faltarle el honor a la verdad, la cultural futbolística podrá crecer. Ahora hay una gran herramienta como el Internet, que cuando se tiene se puede explotar para el conocimiento, más allá de hacer “Tik Toks” o ver memes. Hago énfasis en cuando se tiene, porque tengo una semana sin él y casi un mes sin Directv. La anemia de fútbol, así sea de partidos viejos, me tienen más deprimido que «Día Luna…Día pena» de Manu Chao.

 

Conocernos, saber cuáles han sido nuestros fallos y sentirnos orgullosos de nuestras hazañas, nos dará identidad (no me refiero a un estilo de juego que eso es para hablarlo no en una columna, sino en varias). El que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Por eso reconozco que como periodista no he sido un ejemplo de investigación histórica, pero lo tengo entre mi lista de deberes. No es una iniciativa como las metas de inicio del año de hacer dieta o ir al gimnasio, porque mi zona abdominal no me deja mentirle a nadie. Pero prometo corregir esa forma de laborar y espero tener un sinfín de competencia a la hora de desarrollar estos contenidos.

 

Espero que mi principal competidor sean los clubes y la Liga Futve. Entiendo la crisis económica y la emigración de millones de venezolanos, para justificar las gradas vacías. Pero veo otros espacios de la industria del espectáculo y del ocio, de donde el fútbol es parte, repletos como las playas o los cines -todo previo a la pandemia. Más allá de la organización, la calidad de los jugadores y el mercadeo, también falta una identidad. No basta con los barristas. Los estadios de fútbol lo llenan las familias, no con los apasionados que llevan trapos y el escudo del club tatuado. Eso es así aquí y en Europa. Tienen que venderle al aficionado quién es su club, de dónde vienen, quiénes fueron sus ídolos, cuáles han sido sus días más amargos y cuáles los más dulces. Si desconozco, no puedo sentirme parte de algo. Si me siento parte de esa estructura, apoyaré en las buenas y en las malas.

 

Si el dueño del club ve el fútbol como un negocio, que lo es, se llenarán los bolsillos con los productos que comprarán estos fanáticos comprometidos. Si es directivo por pasión, ampliará el número de feligreses que comparten amor por los mismos colores. Si es empresario por plata y pasión, doble ganancia. La historia está ahí, no hay que comprarla. Solo dedicarle una buena cantidad de tiempo para recabar: estadísticas, videos, fotos, declaraciones y otros datos. «Sacar belleza de este caos es virtud», dice «Dèjá Vu» de Gustavo Cerati. En nuestras manos está darle forma a este sentimiento para que sea irreversible. Rescatar la historia también es parte de la larga lista de ítems para ser mundialista, de verdad, no de casualidad.