Richard Páez: “El último paso que le falta a la Vinotinto es tener mentalidad ganadora”

 

Luis Vílchez / @lvilchez8.- En estos días de cuarentena la mayoría del contenido de los medios ha apelado al pasado, ante la falta notable de actualidad futbolística. La mayoría de la miradas se haN posado en el “Boom Vinotinto” y sus protagonistas. En Balonazos nos comunicamos con el DR. Richard Páez Monzón, seleccionador nacional en aquel ciclo y actual director técnico de Mineros de Guayana, para hablar de fútbol. Conversar de: su paso por la selección desde diferentes ángulos, definir al jugador venezolano, opinar sobre la Vinotinto actual y analizar el presente de la Liga Futve. Una charla extensa y llena de conceptos, con ese verbo que caracteriza al doctor Páez y que presentares a Uds en dos entregas por la larga e interesante.

 

¿Qué ha hecho Richard Páez en esta cuarentena para actualizarse y seguir ligado al fútbol? Las primeras dos semanas estuvimos en contacto con nuestros jugadores iniciando un régimen dietético para cada uno de ellos y un plan de entrenamiento personal, que indudablemente no es para nada similar al trabajo que hacen en una actividad normal. Pero, por lo menos, para desentrenarlos orientadamente y que se mantengan con un básico de ejercicios, en donde lo que uno quiere es que el jugador no pierda la secuencia de la continuidad de trabajo. Nunca va a ser igual a estar en condiciones normales, pero, por lo menos, se mantienen con una condición propia y que les puede servir de base cuando comencemos de nuevo.

 

En el tema personal-profesional hemos participado como ponentes de algunos eventos hechos por estas plataformas, que hay en estos momentos a la disposición. Hemos hecho cuatro ponencias internacionales. A través del grupo que hicimos en la organización, mediante el profesor (Jorge) Durán y Yohani Velásquez, que son los operarios principales de esa idea del cuerpo técnico de Mineros, estamos iniciando la cuarta semana de actividades diarias de martes a sábado, en donde se desarrollan temas siempre relacionados con el fútbol y donde se le ha dado participación directa como expositores a integrantes del cuerpo técnico de Mineros de Guayana. Nos mantenemos en contacto, en actividad y en lo que nos gusta.

 

Su nombre y el de muchos jugadores del Boom Vinotinto han aparecido en varias entrevistas en estos días. ¿Qué le genera que hoy en día se recuerde constantemente y se dimensione esa etapa? El  Boom Vinotinto, como lo llamaron acá, fue realmente un fenómeno social, que desarrolló un cambio estructural y dejó un ejemplo para el fútbol venezolano. Eso fue el antes y el después de lo que significó nuestra selección nacional, que dejó un ejemplo para no solamente nuestros jugadores, sino todo un país. Donde demostró categóricamente que un equipo, que por la lógica no tenía condiciones para lograr resultados, comenzó a hacerlo creyendo en una idea y los jugadores se encargaron de llevarlo al plano práctico en la cancha. Es por eso que siempre queda esa imagen, esa sensación agradable para el fútbol.

 

En la medida que se puede, se recuerda con alegría y como un motivo de seguir creyendo en ese legado. De si se pudo hacer en esos momentos tan difíciles, que no teníamos jugadores en el ámbito internacional como hoy los tenemos, evidentemente, es la demostración más contundente de que: cuando hay trabajo, capacidad y talento por parte de los jugadores; se logra sincronizar un mensaje con un juego de protagonistas en esa intención; se consiguen resultados que parecen imposibles de creer, pero se cumplen. Es la recompensa a un ejemplo que quedó marcado para siempre en el fútbol venezolano y donde todos pueden mirar ahora en el retrovisor, si quieren ver ejemplos de cosas insólitas que se pueden hacer, creyendo en el futbolista venezolano.

 

 

Siente que uno de los grandes efectos de ese fenómeno social, como lo denomina usted, fue crear una figura como la “Vinotinto”, que es un punto de encuentro en un país polarizado. ¿Crear ese símbolo de unidad fue el mayor legado? Indudablemente desbordó el ámbito deportivo el fenómeno social, porque evidentemente la Vinotinto es un ícono. Es una manifestación de un país, donde se conjugan todas las clases sociales y géneros. Ahí no se ven diferencias y ese es el mejor ejemplo retrospectivamente y hacia el futuro de lo que puede hacer un país cuando se suma a un solo objetivo y todo el mundo pone a un lado su ego. Cuando se pone a disposición el talento en beneficio de un objetivo común. Creo que evidentemente la Vinotinto ha sido un ejemplo para un país en anda extraviado buscando un horizonte adecuado y todo el país debe mirar ese ejemplo Vinotinto para resolver las circunstancias, el dilema y la crisis, hasta moral, que tiene hoy Venezuela.

 

¿Cómo logró ese convencimiento para que los jugadores pudieran deslastrarse de las cohibiciones? ¿Cambiar cara de asombro por rostros convencidos en el camerino? Hay una palabra, primero es la fe que uno podía tener en el concepto que uno iba a transmitir. Porque no es fácil querer motivar a tus jugadores mandando un discurso memorable, motivacional, transformador, e incluso inspirador, pero debe llegar el momento del partido. Ese momento clave, donde la motivación se transforma en realidad. Si llegas a ese momento y colocas una línea defensiva bastante atrás, donde los laterales no salgan, que los volantes sea un doble pivote defensivo, que solo este con actitudes defensivas. En donde juegues con un solo volante “10” y un solo delanteros, que los volantes externos estén para marcar a los laterales. Todo el discurso teórico se derrumba por la incoherencia en lo práctico.

 

Mientras que mis jugadores estaban sometidos siempre a una realidad que se las dictaba el técnico, porque yo los desafié a jugar de esa manera. Evidentemente los rete a cada uno de mis futbolistas a jugar como siempre les había visto sus características, para defenderse con talento. Cuando ellos vieron que mi mensaje motivacional se transforma con un equipo echado pa’lante con: laterales que salían; con centrales que salían jugando, no la reventaban sino que bajaban la pelota y querían jugar; los volantes querían tener la pelota, se movían para disfrutarla y para generar caos. Fue ahí donde ellos entendieron que este técnico y su motivación no solo era imaginaria, sino real, porque se veía en la cancha. Luego mis jugadores lo que hicieron fue plasmarlo. Ese fue el gran cambio

 

Los verdaderos protagonistas de esta historia fueron ellos que lo hicieron en la cancha. Una cosa es hablarlo, pero otra cosa es desarrollarlo en la cancha, con jugadas que se observaban y que le dieron un cambio. La alegría que estos muchachos nos llevaron a todos los venezolanos fue el gran salto de calidad que tuvo nuestra selección.

 

Más allá de esa etapa en Estudiantes de Mérida, donde usted ha comentado que fue laboratorio donde empieza a crearse la Vinotinto ¿Cuánto lo ayudó el Preolímpico de Mar del Plata 96 y el Sudamericanos sub-20 del año 97? ¿Qué pudo recoger de esos procesos juveniles y del ciclo de José Omar Pastoriza? Todo proceso suma. No hay ningún proceso que no haya formado parte. Yo les digo los ladrillos que se fueron colocando. A veces dos o tres, otras veces se caía uno y se volvía a colocar otros dos, porque yo recuerdo la época de nosotros, en el año 1971, llegamos a disputar un partido que le ganamos a Argentina en Sudamericano juvenil ¡En el año 71! Pudimos empatar con Colombia y Perú. Luego perdemos con Brasil y no pudimos llegar a la segunda ronda por un gol. Evidentemente que siempre hubo talento, lo que pasa es que nunca hubo una consistencia en el mensaje, en el creer en el jugador.

 

Lo que hizo ese preolímpico en el 96 fue un tremendo salto de calidad para ese grupo de jugadores, después cuando vinieron las eliminatorias se volvió a caer el andamiaje, porque no hubo un sostenimiento permanente de un concepto llevado a la cancha. Se veía el salto como los fuegos artificiales, que de repente encandilan pero luego se apagan. No había una organización que defendiera que esos proyectos, porque necesitaban que de parte de la Federación se consolidaran y se les diera continuidad con juegos internacionales muchos más frecuentes, manejo de trabajo en el aspecto táctico y de entrenamiento.

 

Después seguir creciendo de una manera campeonato tras campeonato. Creo que todos ellos ayudaron, la suma de esa selección en el año 96 con los campeones de los Centroamericanos en Maracaibo, con Lino Alonso, después los que llegaron a segunda ronda en esa sub-20, que venían de un proceso en la sub-17. Esos grupos se juntaron. Ya los tenía el profesor Pastoriza, pero todavía no daban los resultados continuos, aunque empezaban a mostrar buena actitud, pero no llegaban las victorias, que es los que hace los procesos reales de transformación.

 

Fue con Richard Páez que se vio el salto exponencial, porque supe aprovechar ese grupo de jugadores. No los dejé perder, como se perdieron las anteriores. Porque esa es una generación que a lo mejor se hubiese perdido. Si seguían en ese condiciones no hubiese Arango, no hubiese habido los Urdaneta o Dudamel. Todos hubiesen desaparecido como habíamos desparecidos los anteriores en otras selecciones, que éramos muy buenos jugadores y de nivel mundialista, como uno le veía, pero que no llegábamos a dar los resultados.

 

¿Qué pasó? Que hubo una sinergia, apareció un técnico atrevido, que supo escoger a unos futbolistas que venían con esa experiencia de querer jugar, pero que no habían adaptado ese estilo de juego a la cancha. Cuando nos dimos cuenta apostamos por un mensaje que no se había atrevido nadie. Los laterales como subían nunca lo habíamos visto en otra selección anterior. Eso de jugar con tres número “10” no existe en la historia de la Vinotinto. A esa medida de apostar por el talento venezolano para mí fue el concepto primordial que rompió con la barrera de la Cenicienta, la dejó atrás y a partir de ahí fue reconocida como la Vinotinto.

 

 

¿No siente que a veces los medios y la afición son un poco injustos al desconocer ese pasado, esas selecciones de las décadas de los 60, 70, 80 y 90, donde incluso usted jugó? ¿No se les debería dar un poco más de visibilidad a esas épocas donde el resultado no llegaba, pero se iba poniendo esos ladrillos? Esa es la historia del mundo, Luis Vílchez. Esa es la historia del mundo, porque los oídos están para escuchar las historias de los ganadores, de los que se acostumbran a ganar seguido. De los que hemos perdido, como perdimos nosotros en la época de jugadores,  realmente pasamos de largo. Se acuerdan los que vivimos en la época. Lo vivimos con los periodistas de nuestra época, como evidentemente trataban de generar una opinión de tendencia hacia lo positivo, pero lamentablemente no podían mantenerse esas posiciones, porque a la gente no le gusta escuchar los cuentos con final no feliz.

 

Mientras que la historia de la Vinotinto, que fue el salto de calidad, todo el mundo se acuerda y todo el mundo lo recordará. Hasta que no lleguemos al mundial, que será el evento que hará olvidar está generación transformadora. En ese momento se acordarán y empezarán a estar detrás de la generación mundialista. Porque es así, lamentablemente esa es la forma como se ha diseñado la historia. Digo lamentablemente porque deja muchos vacíos y baches, que evidentemente a través de esos baches hemos dado saltos tremendos.

 

Mediante esas derrotas y esas humillaciones, que uno recibió en carne propia en una cancha de fútbol, se fortaleció el temperamento y el espíritu del hombre, que después cuando le tocó las responsabilidades asumió el reto de enfrentarlo con ese estilo de atrevimiento que presentamos. Es así, sencillamente tenemos que seguir creciendo y no descuidar esta generación que hoy más que nunca se acerca a ser la generación mundialista, pero que si no tiene un soporte en el mensaje del técnico o del lenguaje organizativo, ya que la Federación debe arropar esta selección, porque, si no, evidentemente, será muy difícil clasificar a un Mundial.

 

Jorge “Zurdo” Rojas comentó en Ruta Vinotinto que una de las claves de su ciclo fueron los módulos de trabajo, que permitieron tener clara la idea de juego, aprovechando que la mayoría jugaba en Venezuela. Incluso cuando le preguntaron por el rendimiento en la Copa América 2007 argumentó que muchos jugadores estaban fuera del país y no se pudieron hacer con esa frecuencia esos ciclos de trabajo. ¿Cuánto lo ayudaron esos módulos? Creo que el hecho de que en esa época, hablamos del año 2000, habían solamente dos o tres jugadores de esa selección que estaban afuera y en equipos que no tenían un gran renombre, pero estaban en el ámbito de la competencia internacional. Al contar con la mayoría de los jugadores de la casa fue ahí donde nosotros aprovechamos para hacer los módulos de inducción de los conceptos de juego y de la metodología de trabajo. Eso nos favoreció a todos desde el punto de vista del aprendizaje y desde la compresión del juego.

 

Hoy que está la tendencia de que los equipos, fundamentalmente en Sudamericana, empiecen a entender la compresión del juego.  Nosotros en esa época estábamos aplicando una metodología que iba directamente proporcional a la compresión del juego funcional, como yo lo hablo, colectivamente, individual y por líneas de mi equipo. Esos eran los trabajos modulares que hacíamos en esa época donde reuníamos a nuestros futbolistas a hacer jugadas simuladas de lo que íbamos a vivir después en el terreno de juego.

 

Evidentemente nos dio un salto de calidad al equipo. Mis jugadores comprendieron exactamente su posición y su función, de acuerdo a donde ellos se encontraban en la cancha. Así se diseñó un equipo que sabía a lo que jugaba. Cuando uno sabe a lo que juega, es como cuando uno aprende a manejar y lo habitúa. Llega un momento donde uno no tiene que mirar la palanca para hacer los cambios ni mirar a cada rato el retrovisor, como lo hacía uno empezando a manejar.

 

Todas esas ideas le dieron un comportamiento inconsciente-competente, como yo le llamo, y mis jugadores lo entendieron de esta manera que ellos jugaban sin necesidad de mirar al compañero, porque ya sabían dónde estaba parado. Eso generaba un fútbol con sobriedad, naturalidad y fluidez. Creo que tiene razón Jorge (“Zurdo” Rojas) que eso nos favoreció.

 

Después, cuando empezaron a salir y al no estar con esa frecuencia, le sumamos que empezamos la otra etapa, que era de transiciones. Transiciones por la edad, por lesiones, por jugadores que salían y no estaban jugando tan seguido y pierden condiciones. En esa Copa América de Venezuela ya estábamos haciendo el recambio generacional, que requería ya esa selección y tenía ya seis años jugando junta. En esa época venía el cambio para la siguiente etapa, que nosotros la comenzamos, pero al final la terminó de realizar fue Cesar Farías.

 

En ese momento de buen juego la Vinotinto se transformó en una marca que estaba en todas partes y tenía espacio en los medios. ¿Qué hubiese sido de esa selección si hubiesen existido las redes sociales, que magnifican y masifican todo? Uno no sabe para qué tendencia hubiese agarrado, pero con lo que se mostraba, con el estilo de juego, con la manera de que mis jugadores interpretaban la idea y la forma que lo desarrollaron en la cancha. Seguramente hubiese sido una explosión de acompañamiento y de apoyo para esos jugadores, que evidentemente hoy cuando uno recuerda esas jugadas magistrales, que hacían esos muchachos, uno se llena de satisfacción cuando los ve en un video por estas redes. Hubiese sido un salto de apoyo tremendo para esta selección y mi jugadores se la hubiesen creído más, porque sentirse acompañado, apoyado, con esa intencionalidad que el fanático le mostraba a cada uno de mis futbolista en cada momento; evidentemente, hubiese sido un salto más grandioso para ganarse un cupo a un Mundial.

 

En el Drink Team habló de su intención de contar con Stalin Rivas para la selección, pero que al final él no quiso ser parte desde el principio y luego cuando lo llamó le comentó que el bus había arrancado. No llegué a verlo por edad, pero siempre se habla que fue el jugador más talentoso. ¿Cómo hubiese sido esa Vinotinto de buen pie con Stalin Rivas? ¿La ha imaginado en algún momento? Lo había pensado cuando lo llamé, ya tenía ilusionado que él iba a formar parte de ese tridente y que había suficiente material como para varias, mezclar y configurar. A lo mejor hubiese colocado a uno de esos tres zurdos como uno de los mediocampistas de salida. Seguramente hubiese sido una maravilla con Stalin. Con la categoría que tenía y con lo que jugaba. Por lo anticipado que era para jugar, ya que era uno de los conceptos que más me gustaba de la visión futbolística de Stalin Rivas. Se anticipaba a la jugada. No había que decirle, lo que había que decirle a otros, sino que él ya lo tenía en su andamiaje y bagaje de jugar. Seguramente habría tenido mucho más espectacularidad, juego y resultados con Stalin Rivas.

Continuara….