Sobrevivir

“En Venezuela las personas no se rinden y siguen construyendo bases sobre las que podremos levantar un país”. “Lo mejor de Venezuela en estos momentos es ver cómo las personas resisten ante la adversidad”. “En Venezuela hay demasiadas cosas malas para poder resaltar una sola, pero en la misma proporción hay demasiadas cosas buenas”. “Ser venezolana me ha hecho una guerrera que se adapta a cualquier situación”. “En Venezuela la gente se rehúsa a morir. Nunca se dan por vencidos y siempre buscan la manera de hacerle frente a la situación”. Estas frases son un compilado de citas de jóvenes nacidos entre 1991 y 2006 en una nota del medio web Cinco8 que se titular “El país según los jóvenes”. En la peor crisis que ha conocido Latinoamérica, el gentilicio se conjuga con el verbo sobrevivir.
En camino al cuarto año de hiperinflación (segunda más larga de la historia) y al posible octavo año de contracción del PIB (producto interno bruto). La migración muy cercana a los seis millones, en poco tiempo superará a la tragedia de Siria, pero con la diferencia de no haber ningún conflicto armado de por medio. Muchos caminan desde Barquisimeto hasta diferentes destinos: Chile, Perú, Ecuador o Colombia. Otros se arriesgan en balsas a Trinidad y Tobago. Recientemente el país quedó penúltimo en Latinoamérica en el Índice Global de Seguridad Alimentaria, que publicó la prestigiosa revista The Economist por el año 2020. Sin contar las crisis de servicios básicos como agua, gas doméstico o electricidad. Problemas de escasez de gasolina y un Internet con muchos inconvenientes. Súmele la pandemia que, por lo menos, nos acompañará lo que resta de año.
Esa es la realidad del país y el fútbol no escapa de ella. A veces se le exige con un rigurosidad draconiana al balompié criollo, que luego no se le piden a la nación. En la tierra de Bolívar todo es complicado. No se va ahondar en la búsqueda de responsables, que si bloqueos o las consecuencias de unas malas políticas económicas. Esos son temas que han separados familias y la pelota rueda para unir a las masas. Tampoco hay que pecar de cándidos y caer en el discurso que usará como chivo expiatorio a la pandemia de coronavirus como la causas de todos los males. En todo caso fue un catalizador que aceleró el deterioro anterior del balompié nacional y dejó desnuda a más de una estructura de los clubes y Federación/Asociaciones.
Mientras la situación económica esté en la UCI, la primera misión del fútbol venezolano es sobrevivir. No vale la pena regodearse en lamento. Los problemas están y ganan por goleadas. Es momento de soluciones. Tampoco es útil andar pegándole palos al #FutVe como si en otras latitudes no hubiese crisis. Santos llegó a la final de la Libertadores luego de una terrible administración de José Peres, que incluso tuvo el dudoso honor de ser pionero en enfrentarse a impeachment. El Barcelona de Lionel Messi vive la peor crisis económica en su más de 100 años. Pero es que hasta en China, donde por política de Estado estaban apostaron fuerte por el balompié hasta no hace mucho, han desaparecido 16 equipos entre sus tres divisiones profesionales, entre ellos Jiangsu FC, el último campeón.
Se entiende el anhelo de que el fútbol sea una válvula de escape ante tantos obstáculos que presenta la actualidad del venezolano y tan disímiles a un pasado artificial, solo posible por la renta petrolera. Como aquel libro de Moisés Naim y Ramón Piñango, que publicó el IESA: “El caso Venezuela : una ilusión de armonía”. Pero no se justifica pagar las frustraciones con esta disciplina tan maltratada. En el #FutVe se repiten muchos vicios del país, porque es parte de él. No de gratis se dice que el fútbol es un reflejo de las sociedades. ¿Si mejora el país va a mejorar el fútbol? No necesariamente, pero mientras las cuentas no se estabilicen como nación será muy difícil que el producto que ofrecen la Federación Venezolana de Fútbol, Liga Fuve y la AC2 viva una mejoría.
Ante tanta dificultad lo lógico sería preguntarse: ¿Cómo se juega fútbol en estas condiciones? Esto hay que agradecérselo a los directivos (criticados en estás columnas), entrenadores y jugadores (ambos protagonistas en el campo, pero que tampoco están inmunes a la crítica).Y es que la vida sigue, solo basta ver la historia detrás de la canción “Miss Sarajevo” de U2. Pero también cabe la pregunta: ¿Por qué ante tanta dificultad no se busca reducir el margen de error o realizar un control de daños con buenas decisiones (profesionalizando el personal en las oficinas, no gastar fortunas en extranjeros, no prometer sueldos que luego no se van a pagar, invertir en formación de entrenadores, apostar de corazón por la cantera y no por necesidad, crecer en infraestructuras, apoyar a la prensa, creer sinceramente en los departamentos de mercadeo, etc)? No sé, no encuentro justificación que ante tanto caos no se apueste siempre a la innovación y a la educación. Capaz soy ignorante o soy un ingenuo que le falta malicia para ver el cuadro completo.







