Tengámosle paciencia a Deyna

 

“Nunca había visto una ciudad tan en guerra, sin guerra”, fue una de las frase que más impacto del escritor argentino Martín Caparros en una entrevista para la Fundación de la Cultura Urbana, en referencia a su seriado en el diario El País (España), llamado «Crónicas Sudacas», que incluyeron a: La Habana, Bogotá, Ciudad de México, Buenos Aires, Miami y Caracas. El texto de la capital de la República lo tituló: Caracas, la ciudad herida. Todo esto fue escrito antes del apagón nacional y la pandemia de la COVID-19. Un dolor que no cesa y nos lleva a incurrir en el inmediatismo, ya que en los últimos años los planes a largo plazo son una quimera.

 

“Ningún país se ha beneficiado de una guerra interminable”, escribió Sun Tzu y sus palabras siguen vigente luego de más de 200 años. Venezuela es un país con una crisis similar a la de un conflicto bélico, pero sin una batalla fuerte desde la Guerra Federal (1859-1863). Esto ha generado una migración alarmante. Antes de la hiperinflación y de que las burlas al “Me iría demasiado”, en referencia a un documental, que era una tarea universitaria, llamada “Caracas, ciudad de despedidas”, leí otra frase que me marcó en el libro «La economía del Caos», de Víctor Salmerón. La cita era de una entrevista a la socióloga Genny Zúñiga, quien explica que la emigración era un fenómeno natural en el ser humano, pero lo alarmante era el sentido de desapego al sentimiento nacional de los emigrantes venezolanos, por los (anti)valores que se promulgaban desde el poder y se replicaban en la sociedad, que los hacía rechazar su venezolanidad.

 

Esa frase volvió a retumbar en mi cabeza cinco años después, cuando los bajones de electricidad y la Internet de Intercable me permitieron escuchar al antropólogo Elmis Sierra en el podcast Detrás del Deporte. En esa entrevista explicaba que los jóvenes también han perdido ese sentimiento nacional por el desapego que genera la crisis y la imagen que tiene Venezuela, pero que el deporte tiende un puente entre la tierra de Bolívar y la sociedad. Los jóvenes sienten reflejados ese sentir patrio, ese orgullo, ese lindo momento de inflarse el pecho, cuando ven a un atleta venezolano triunfar. Lo cual en mi opinión puede ser un arma de doble filo, porque en la era digital, la paciencia casi no se cultiva. Se ha perdido el placer de disfrutar del viaje y no solo pensar en llegar al destino. Y eso desemboca en una presión sin justificación a los deportistas.

 

Una de esas “víctimas” ha sido Deyna Castellanos, a la cual le llovieron críticas sin fundamentos en sus primeros seis meses en Atlético Madrid. Como también defensas sin argumentos en contra del club, desde el desconocimiento de una rama del fútbol, que recibe poca atención por la prensa y que hay que hurgar bastante en los medios para conseguir contenido. Pero hay que ver el cuadro completo de una jugadora que es una promesa de top mundial. Insisto, una promesa de top mundial. No una realidad, eso lo dirá el tiempo, ya que tan solo tiene 21 añitos. Pero ya muchos atletas quisieran llevar esa etiqueta que tantas esperanzas y responsabilidades albergan en ella.

 

Luego de ganar el Sudamericano sub-17 de Paraguay 2013 empezó a llamar la atención. Colo Colo llamó a su puerta y esa una oferta tentadora, hace tan solo un año antes había ganado la Copa Libertadores femenina para romper el dominio brasileño. En Santiago de Chile se iba a encontrar una paisana en la figura de Yusmery “Miku” Ascanio. Pero decidió escoger el camino más largo al profesionalismo, pero el que mejores frutos le daría. En 2015 fue a Canadá a aprender inglés en la Universidad Manitoba, cuando apenas tenía 63 mil seguidores en Instagram, hoy ya supera el millón. Con ese conocimiento consiguió una beca 100 por ciento en la Universidad Estatal de Florida (FSU, en sus siglas en inglés) y estudio Comunicación Social. También tuvo un paso por la liga semiprofesional United Women’s Soccer (UWS), con el Santa Clarita Blue Heat.

 

A diferencia del fútbol masculino, el sistema universitario femenino aglutina una gran cantidad de talentos. En una disciplina que en pocos lados permite a las mujeres vivir exclusivamente de patear un balón, el estudio es imprescindible. Por esas canchas de la NCAA pasan la mayoría, por no decir todas, las jugadoras de la selección nacional de Estados Unidos, la gran potencia en esta rama. Pero también jugadoras de otras nacionalidades como es el caso de la inglesa Lucy Bronze, la mejor lateral derecha del planeta. Una decisión acertada, por parte de la aragüeña. En lo que respecta a su vida fuera de la cancha también brillo y realizó labores periodísticas en el Mundial de Francia 2019. Ya muchos periodistas, me incluyo, quisiéramos tener ese currículo en los medios a esa edad.

 

Si bien la poca difusión del deporte y el machismo en la sociedad hace que solo se hable de ella cuando marca un golazo, porque de resto sus noticias son sobre: sus tatuajes, fotos en la playa, sus parejas, politizarla o leer en sus entrevistas la frase que más la ha marcado de sus fans enamorados: “móntame cachos, pero no me dejes”. En su llegada a Madrid, ese flujo informativo se cortó. Todos esperaban que fuera de “9”, como se le recuerda de un puñado de partidos en la selección (no más de 20), aunque siempre ha dicho que le gusta jugar de “10”. La gente insistía en lo delantero centro, aunque en cuatro años en Estados Unidos siempre jugó más de “10” o, incluso, de “8”. Pero en una sociedad plástica importaba más la noticia superflua. Al ser bien parecida ha tomado el testigo –o el yugo– de los: George Best, David Beckham, Cristiano Ronaldo, Mia Hamm y Alex Morgan. Lo futbolístico muchas veces era un adorno para las masas.

 

Pocos repararon que llegaba de una liga universitaria a uno de los campeonatos más fuertes de Europa, con un equipo que venía de ser tricampeón y con una delantera contrastada en la élite. Que arribó en invierno sin hacer pretemporada con el equipo y hubo un cambio en el banquillo rápido, salió Pablo López y tomó el cargo Dani González. Amén de la pandemia y un positivo que la apartó de los cuartos de final de la Champions femenina. Pudo escoger un reto más fácil, pero escogió el más largo, que suele desembocar en el éxito. En varias entrevistas aclaró que estaba acostumbrada a que en todos sus equipos fuese titular y el habitual “Deyna, Deyna, Deyna”. En estos primeros meses de adaptación sumó una nueva experiencia, para curtirse más en el mundo del fútbol. La temporada en la Liga Iberdrola comenzó diferente y marcó el primer tanto de la campaña colchonera. Un desahogo.

 

El gol emocionó a muchos, pero hay que mantener la calma. Atlético Madrid sufre una plaga de lesiones y tendrá muy dura la lucha para tumbar a un Barcelona, que camina la liga y compite seriamente en Europa. Tengámosle paciencia a Deyna, solo tiene 21 añitos. Si nada raro pasa y sigue este camino, pronto cambiará la etiqueta de “promesa de top mundial” a solo “top mundial”. Pero todo a su tiempo y así con el resto de las jugadoras que hacen vida en España. Como es el caso de las que hacen vida en el Deportivo la Coruña, que se vio afectado en el mercado de fichajes y tendrá difícil repetir ese cuarto lugar sorpresivo del curso pasado, luego de ser revelación tras ser recién ascendidos.

 

En el equipo gallego se mantiene como titular indiscutible Gabriela García, que será una de las capitanas del Depor, pero hay que asumir con calma que ni Lourdes Moreno ni Michelle Romero juegan siempre desde el vamos. Hay que tener paciencia con Oriana Altuve que fichó por un Betis que tuvo una actuación sobresaliente en el mercado de fichajes, pero tampoco se le puede exigir a las andaluzas el tercer lugar de la tabla que da acceso a Champions, cuando los medios especializados en España hablan más de Levante o Real Madrid. Tampoco un pichichi en un torneo en el que están Jennifer Hermoso y Asisat Oshoala.

 

Ni tampoco desbordarnos de ilusiones con el UDG Tenerife, cuando la única en dinámica del primer equipo es Yerliane Moreno. Mientras que Wilmary Argüelles, Nayluisa Cáceres y Andrea Zeolla competirán en el filial, que hace vida en segunda división, donde también aterrizará Enyer Higuera, cuando pueda volar rumbo a España. Hubo mucho “hype” antes del inicio de la Liga Iberdrola, pero hay que tomárselo con soda. Saber que esto es lo normal, que es un camino largo, que por más que en nuestro día a día todo nos lleva al inmediatismo, nuestras heroínas van bien encaminadas. ¿Si rompen los pronósticos? Bienvenido será y será un bálsamo ante tanta crisis. Pero debemos normalizar tenerles paciencia a los atletas que ponen nuestra bandera en alto y le gritan a la sociedad que, con trabajo honesto y fuerte, la meritocracia existe y premia.