Tres finales… Dos maneras de morir y Una de sobrevivir
En los últimos días hicimos seguimiento a la culminación de tres torneos. Se definieron en los últimos segundos del partido final aunque con bemoles diferentes que quisiera desgranar para encontrar las similitudes y apartar las diferencias. Vamos por orden cronológico según se fueron dando.
El torneo colombiano llevó a dos finalistas a partidos de ida y vuelta. Con la venia de los especialistas que coincidieron que se trataba de los mejores equipos del momento, Junior y Nacional saltaron al Metropolitano de Barranquilla para que los dueños de casa se llevaran la victoria por la vía del 1-0. Esa misma semana, el cuadro de Medellín había quedado fuera de la Libertadores tras dos derrotas ante Defensor Sporting.
Esta tercera caída consecutiva prendía las alarmas del equipo mas ganador de Colombia en su historia, particularmente, en este periplo que comanda el técnico Osorio, en el cual no han hecho mas que ganar y establecer nuevos récords . Esa Copa se ha vuelto obsesión para los verdes y su eliminación los cargaba negativamente en lo anímico. Fueron al partido de vuelta en casa y al minuto 93 empataban con los barranquilleros quienes ya celebraban el título de manera estruendosa. Un tiro de esquina y un parpadeo defensivo permitieron a los locales ganar el compromiso e ir a la definición desde los doce pasos. Allí fueron inmensamente superiores y de esa manera Atlético Nacional bordó su décimo cuarta estrella en el escudo y desató una euforia que, cual tsunami, desencadenó en 6 muertos en Barranquilla , disturbios y saqueos. Murieron, literalmente, el Junior y sus hinchas luego de ese fatídico minuto 93.
Lisboa se convirtió por un día en la capital de España. Cerca de 70.000 madrileños se dieron cita en el Estadio de La Luz para presenciar la definición de la Liga de Campeones. La mitad vestía de blanco y la otra le sumaba rayas rojas a un escenario monumental que crispaba la piel y agitaba las pulsaciones. Real y Atlético salieron a la cancha no para jugar una final, sino para pelearla. Con el fútbol como el gran ausente se trabaron en un duelo de empujones e interrupciones que los dos merecían perder. Un tiro de esquina y una mala salida de Casillas le dieron la ventaja inicial a los colchoneros y llevó el partido al terreno de lo predecible. Los guerreros de Simeone desarrollaron el papel que mejor han sabido hacer en los últimos meses, convirtieron el rectángulo verde en un tablero de ajedrez y con mas peones que otras piezas se aferraron del cronómetro del juez. Cristiano volvió a demostrar que en la chiquita desaparece y al minuto 93 la Plaza de Neptuno era una cascada de vino y halas. Euforia total. Mientras tanto, en ese fatídico minuto un tiro de esquina cobrado por elevación encontró una zaga sin aire y sin piernas para que, en un salto de vida o muerte, Ramos con la frente, pusiera el empate en el marcador y la soga en el cuello de sus rivales. El alargue demostró que quedaba un solo equipo en la cancha y el Atlético de Madrid, campeón hasta el minuto 93, seguía muriéndose de a poco en cada minuto restante. Murió treinta veces hasta que el pitazo final acabó con su agonía. Con el murieron los sueños colchoneros mientras que los merengues, aturdidos todavía, no sabían si celebrar o hincarse de rodillas a dar gracias.
En Venezuela también llegaron a la gran final los dos mejores equipos del año. Ambos con técnicos mediáticos pero con conceptos diferentes. De muy difícil pronóstico, pues nuestra balanza imaginaria arrojaba un gran equilibrio a la hora de colocar en ella posibles virtudes y defectos de los dos contendores. Quizás la racha endemoniada de los cuatro fantásticos del ataque llanero inclinaba un poco a su favor un posible pronóstico. El primero de la definición se jugó en Barinas y La Carolina se vistió con sus mejores galas. En la primera jugada del partido Zamora penetró con impunidad el área de los guayaneses inaugurando la pizarra. Un aturdido Mineros tuvo como abanderado a un ingenuo portero quien implorando el llamado “Fair Play” ( ¿con qué se come eso?… Diría Falcón) le obsequiaría el segundo a los dueños de casa, quienes no dudaron en recibir la ofrenda gustosamente. La grandeza y el pedigree de los visitantes se puso en manifiesto cuando, al despertar del letargo, consiguieron el descuento, merecieron el empate y le decomisaron el balón a los de la Furia. Un autogol y un cuarto gol que castigó la ambición de un técnico que no se mide en sus atrevimientos puso la final a punto de caramelo. Zamora 4 Mineros 1.
La vuelta fue en Puerto Ordaz. Mineros sacó su casta y se empecinó en borrar la imagen desangelada mostrada en Barinas una semana antes. El presupuesto era conseguir un 3-0 y la primera cuota la cancelaron casi al final del primer tiempo. Faltaban dos pero quedaba el segundo. Los llaneros manejaron la cancha y el reloj a su favor. Cazando uno de esos mortales contragolpes que los habían traído hasta esa instancia. Mineros vio la luz al final del túnel cuando faltando diez minutos y convirtieron un penalti. Fueron los momentos mas dramáticos en la historia reciente del fútbol venezolano. Entre expulsiones y con Acosta de portero, Mineros llegó al minuto 93 y les juro que un escalofrío recorrió mi cuerpo pues todo presagiaba una tercera muerte campeonil en la misma semana en tres países diferentes. Esta vez el milagro no existió. Sobrevivió Zamora ante la avalancha guayanesa. A veces al saber lo llaman suerte. Otros dicen que aparte de jugar bien hay que tener la suerte del Campeón. Lo único cierto es que aún perdiendo 2-0 Zamora tuvo todos los méritos para colgarse la estrella y rechazo todo aquel que pretenda colocarle algún asterisco a ese título gallardamente conseguido y peleado a sangre y fuego hasta el segundo final.
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