¿Y si Colombia no pasara…?

 

 

Ni tocar el cielo cuando ganan ni caer en las pailas del infierno cuando pierden. Para Colombia la próxima prueba de fuego ante Senegal es una prueba de amor. El entusiasmo generado por la contundente demostración frente a Polonia, significó la vuelta al romance con su afición. La continuidad del idilio está en juego este jueves por el pase a octavos.

 

En una competencia donde nadie puede anticipar presupuestos y el pulpo famoso tiró la toalla y con él los apostadores, todo puede pasar. Imponderables como los que vivió Colombia en su derrota ante Japón o las que pudo haber sufrido el gran Cristiano Ronaldo,  con su Portugal salvada por la campana ante la temperamental Irán.

 

Pase lo que pase, y esperamos lo mejor, con toda esa simpatía que despiertan los senegaleses, Colombia debe anticipar el futuro de este proceso en el que se apareció el argentino Pekerman para aplacar los demonios regionalistas y el temperamento dispar del abanico de razas de un país multiétnico. También de las roscas, por supuesto, en una selección donde debían estar los que hicieran méritos.

 

Este Mundial ha sido esplendoroso para comprobar que después de los Falcao, Bacca y los Sánchez, hay un relevo maravilloso, capaz de salir a pintarle la cara a cualquiera, con James  vigente para rato. Una Colombia con jerarquía que debe mantener su status, con humildad, creyendo en lo que juega y en lo que puede mejorar.

 

Una Colombia que debe estar lista para creer en su producto interno, ese que se aprecia en otros lares y que tiene una mano de técnicos colombianos, demostrando el oficio que en su país les cuesta, ante la perversidad de quienes son felices pegándole a la familia.

 

A Pekerman, una estatua después de Rusia 2018, pero los problemas de Colombia, de ahora en adelante, deberán resolverlos los colombianos. Hay con qué.

 Y a entender, colombianos, la perogrullada de que la pelota es redonda y cualquiera puede ganar.