Una amarga y predecible despedida de la Vinotinto sub-17 femenino en el Sudamericano

Luis Vílchez @lvilchez8.- La selección sub-17 femenina, la categoría que más alegrías le ha dado al país, se despidió del Sudamericano de Uruguay con una goleada 6-0 ante Brasil. La cifras son ásperas, solo dos goles a favor y 11 en contra en cuatro partidos. La tendencia que se vio ante Argentina, Paraguay y Bolivia se agudizó ante la Canarinha. La falta de preparación (dígase módulos y amistosos internacionales) fue un plomo en el ala que no dejó que levantaran vuelo. A esa ecuación se le debe sumar la ausencia de torneos femeninos, más allá de par de campeonatos relámpagos. Un programa como Nace un Sueño que traerá muchos frutos, como en su momento hizo Sembrando Fútbol, pero que necesita tiempo. No pueden depender de milagros.
A los tres minutos la selección estaba un gol abajo por el tanto de Jhonson, que aprovechó su técnica y biotipo para ganar un pase largo y vacunar. Durante todo el torneo a Venezuela le filtraron como quisieron, con o sin Katherine Lobaton, quien fue baja por una luxación en su codo izquierdo. En un pestañeo Carol se la puso a Flavinha para aumentar la distancia. La contemplación y pasividad defensiva fue más notoria ante Brasil. Luego las amazónicas bajaron el pie del acelerador, pero se consiguieron con un penalti dudoso de María Meléndez sobre Jhonson, en un mano a mano, que Carol canjeó por gol. Para infundir más miedo, solo un minuto después estrellaron un balón en el travesaño.
En todo el transcurso del juego Génesis Hernández estuvo desconectada del resto de sus compañeras, un archipiélago que no recibió casi pelotas. El arco de Leilane parecía quedar en Canadá y no en Montevideo. Mientras que Dudinha pareció que estaba en los carnavales de Río de Janeiro y bailó samba hasta el hartazgo, la posible mejor jugadora del torneo junto con la colombiana Linda Caicedo. En uno de sus desbordes le puso un centro a la medida a Jhonson, que por su físico parecía de la categoría sub-20 o adulta, cabeceó cómoda.

Si la distancia no fue más fue por obra de María Meléndez, bastante exigida en un encuentro que se jugó prácticamente en el campo de Venezuela. La Vinotinto logró colgar un balón apenas al minuto 50, con un tiro libre de Alessia Navarro que no llegó a nada. Unos 11 minutos y en encuentro bastante planchado, Floriángel Apóstol forzó un error en salida y le dio trabajo a Leilane, que respondió de buena forma y su rebote no le pudo dar dirección de arco la delantera Hernández.
Brasil contestó de inmediato con un centro de Dudinha que mandó a guardar Rhaissa. Luego el juego tuvo justicia con la “11” que marcó un golazo con una buena acción individual. En los últimos compases del cotejo Venezuela pudo dialogar más con la pelota y pisar campo rival, pero de forma estéril. Con todo muy decantando y luego de ver al cuerpo técnico de Simone Jatobá y el banquillo amazónico fundirse en un abrazo hasta en seis ocasiones, ya que es su forma característica de celebrar los tantos.
En el presupuesto estaban la victoria ante Bolivia, excesivamente ajustada, y la caída ante Brasil, más castigada de lo que se esperaba. En un torneo corto todo pasó por Argentina y Paraguay. Más allá de los resultados la peor noticia fue que Venezuela no fue competitiva, esa exigencia emanada de Jorge Giménez, presidente de la FVF, a todas las categorías. Muchos apuntarán a las niñas y su talento, pero luego tendrán que recoger sus palabras cuando el tiempo les muestre que sí había material. Otros señalarán a Yllenys Pérez, su cuerpo técnico o hasta Pamela Conti como jefa técnica, pero no son hechiceras para hacer magia. Sus trabajos anteriores le daban un aval para sentarse en esos banquillos.
Pocos repararán en que solo hubo tres módulos, que no se traducen ni en un mes de trabajo. Que la mayoría solo tuvo ritmo en torneos relámpagos o sus estadales. La pandemia afectó a todos los países y si se echó por la borda el Sudamericano sub-17, donde el país es referencia, fue por lo discreto de la preparación. La lección es que esta actuación penosa no se debería repetir, al ser una falta de respeto al talento de las guerreras criollas, que tienen su cuota de responsabilidad porque son las que salen al campo, pero en este caso tienen más de víctimas que de victimarias. La mejor compensación que se les puede hacer es darle una preparación de nivel para el Sudamericano sub-20 de 2024, donde el elenco patrio no ha marcado diferencias históricas y solo ha clasificado a una cita ecuménica de esa categoría (Papúa Nueva Guinea 2016, luego de ser subcampeón en Brasil 2015).







